FICHA TÉCNICA



Título obra Las ladinas

Autoría Pablo Salinas

Dirección Ósca Ledesma

Elenco Jorge Acosta, Flor Quiroz, Maribel Montero

Escenografía Corzo Duarte

Música Alan Menken

Grupos y compañías Alumnos de la Escuela de Actuación de Miguel Córcega y de ÓscarLedesma

Espacios teatrales Teatro Roma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Una farsa de Pablo Salinas: Las ladinas” en El Día, 23 junio 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Una farsa de Pablo Salinas: Las Ladinas

Malkah Rabell

Volvió a funcionar el teatro Roma, que, aunque permaneció de pie, fue abandonado después de la tragedia del 19 de septiembre 85, por considerarlo ubicado en plena zona de desastre. Y este antiguo cine de barrio volvió a recuperar su actividad con una farsa del autor nacional Pablo Salinas.

Dramaturgo –que en el presente caso es comediógrafo– de la generación del boom teatral mexicano, aunque más joven que la mayoría, vuelve con una obra: Las ladinas, que ya se presentó en 1962, durante una muy corta temporada no profesional que no llamó la atención ni de la prensa ni de ambiente teatral alguno. Tal era el empeño en marginar a los autores nacionales realistas o costumbristas. Y en esta vuelta, en este resurgimiento, realizado modestamente, se diría hasta con cierto miedo de repente nos damos cuenta que este autor callado durante más de una década, es un excelente escritor de comedia y Las ladinas es graciosa, fresca, bien construida, que sin caer en exageraciones, sin recurrir a chistes gruesos o de mal gusto, nos hace reír todo el tiempo. Una comedia. Una comedia que bordea todo el tiempo la farsa, y que sin pretensiones de modernismos excesivos nos da una imagen costumbrista, situada en la década de los "locos" 20, de las costumbres de una pequeña ciudad de nuestra provincia, donde la gente se aburre y los habitantes, sobre todo las habitantes, han de recurrir al chismorreo y a la maledicencia que siempre algo tiene de verdad, porque nunca hay humo sin fuego. Y hasta podríamos llamar esta comedia: En la provincia nunca pasa nada.

¿Y en realidad nunca pasa nada? Pablo Salinas demuestra lo contrario. Y hasta suceden cosas rara vez vistas en la capital. He aquí a una dama de la "alta burguesía local, que para desaburrirse ensaya una obra de teatro en el silencio de sus ratos de soledad, cuando el marido está en el café con sus amigos, y la sirvienta se fue al cine para ver a Ramón Novarro. Y desde luego, la señora se enamora del actor y "autor" quien trata de inculcarle el arte teatral, pero a quien ni permite que le de un beso. Una mujer que vive un romance a través de sus ensayos teatrales. Ahí está el farmacéutico que anteriormente, antes de la revolución fue el jefe de policía del pueblo, y ahí están las dos chismosas locales, quienes después de haber arrastrado por los suelos el buen nombre de numerosas personas, terminan en ir en busca de los buenos mozos del ejército que acaba de llegar a la ciudad, para lo cual se visten extravagantemente. Y así de continuo hay inesperadas aventuras de lo más graciosas en un ambiente donde todavía se recuerda a los "Cristeros" y se suspira por los buenos viejos tiempos cuando la "buena sociedad" se creía aristocrática.

La puesta en escena de Óscar Ledesma es excelente, con un ritmo rápido, vivaz, y una muy acertada dirección de los jóvenes actores egresados todos –o casi todos– de la Escuela de actuación de Miguel Córcega, y alumnos del propio Oscar Ledesma a quien desde mucho tiempo hemos dejado de ver en las actividades teatrales. La escenografía de Corzo Duarte, nombre aún desconocido, resulta bastante modesta, pero tampoco se puede exigir mayor despliegue de lujos en una casa burguesa, más bien de clase media de provincia, que además se halla limitada por las carencias económicas de la compañía.

En cuanto a los actores que apenas empiezan su actividad profesional, todos han sido muy bien adaptados a las características de sus papeles, y resulta difícil mencionar en particular a algunos, cuando en realidad todos han realizado a sus personajes con toda corrección –y a veces hasta más allá de la simple corrección–. A todo ese conjunto de diez actores, lo distingue su disciplina y su naturalidad. Sobre todo a Jorge Acosta, como el actor pretendidamente enamorado de Ernestina; y también las dos chismosas del pueblo, Flor Quiroz y Maribel Montero que han dejado en la memoria del espectador una danza imitación del charleston tan de moda en aquella época. En realidad todo el grupo ha puesto al servicio de la obra y han dado vida a sus personajes con una gran alegría y un no menor entusiasmo, lo que no siempre logran actores profesionales.