FICHA TÉCNICA



Título obra La tiendita de los horrores

Autoría Howard Ashman

Dirección Manolo Sánchez Navarro

Elenco Enrique del Olmo,. Nando Estevane, Gerardo Moscoso, Manuel Landeta, Silvia Pasquel, Diana Navarro, Marisol Fuentes, Patricia Tanus.

Escenografía Leoncio Nápoles

Notas de escenografía González Oviedo / diseño y producción de la planta carnívora

Música Alan Menken

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las 100 funciones de La tienda de los horrores” en El Día, 18 junio 1986, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las 100 funciones de La tienda de los horrores

Malkah Rabell

Esta "fantasía musical" con letra de Howard Ashman y música de Alan Menken: La tienda de los horrores, es una de esas obras teatrales que nos dejan perplejos, preguntándonos ¿nos gusta o nos disgusta? ¿es una pieza original o infantil? ¿novedosa o ingenua? con su tema –en realidad pocas veces representado– de una planta carnívora que dedica su apetito a la carne y a la sangre humanas.Y no encontramos respuesta.

Por de pronto tiene una música muy vital, que hace vibrar al oyente y moverse en su asiento al ritmo de la orquesta "en vivo", la Banda Kerygma. En cuanto a los cantores, que son también los intérpretes, no todos tienen facilidades para cantar. Pero como cantan con el auxilio de los micrófonos, el volumen de sus voces se duplica o triplica, y toda la representación adquiere un ritmo alegre y lleno de entusiasmo, casi de euforia, que se debe a todo el mundo: actores, director, músicos, obra y también la buena voluntad del público.

Y cuando ya salidos del teatro, calmada la euforia, uno empieza a reflexionar con mayor serenidad, francamente se hace difícil pronunciar una opinión definitiva. Empecemos por el principio. Lo primero que nos llama la atención es la escenografía de Leonardo Nápoles, muy sugestiva y fiel a la imagen que tenemos de los barrios pobres de las grandes ciudades universales.Escenografía que presenta varias áreas escénicas. Lo que nada tiene de fácil de lograr en un foro tan reducido como lo es el del teatro Reforma. Y ese decorado nos introduce de inmediato en el seno de la obra. Aunque la adaptación coloca esa comedia musical en México. Y tales adaptaciones por lo general no dan buenos resultados, porque el temperamento de un dramaturgo, o de un comediógrafo, tiene sus raíces nacionales, que imponen a la puesta en escena sus propias savias. Mas, en el presente caso, esta "fantasía musical" es de tal modo cosmopolita, que ni siquiera sabemos si colocarla en Londres o en Nueva York, en la pobreza de Brooklyn o de algún centro obrero londinense. Y en medio de tanta fantasía muy poco accesible a la realidad, uno se olvida que se pretende mostrarnos: "un barrio del centro de la ciudad de México". Una pretensión que si quisiéramos analizarla sería completamente falsa.

Segundo punto: el trío de las jovencitas, Diana Navarro, Marisol Fuentes y Patricia Tanus, que representa como un coro griego reducido a su mínima expresión, como la voz de toda la acción, que cantan, bailan y actúan con desatado temperamento. En el personaje central femenino, Silvia Pasquel es la excelente actriz de siempre y si no tiene para el canto muchas posibilidades, nos convence de lo contrario. Manuel Landeta es un actor de lo más versátil y crea toda una gama de personajes diversos. Sobre todo da mucha vida y presencia física a Erik, el dentista sádico. Nando Etevane, es un actor joven, tal vez sin muchas tablas, en cambio cuenta con una hermosa voz, y es muy apropiado para el tímido Felix. Gerardo Moscoso, como el Sr. Muschnik, el propietario de la "tienda de horrores" es un estupendo comediante de carácter, y su danza con Nando Estevane, especie de tango cómico, es de lo más graciosa y divertida. Y en cuanto a la voz "de la planta carnívora", la de Enrique del Olmo (el Jesucristo Superestrella) a todo lo largo del espectáculo no vemos su cara, pero la fuerza de su voz –la cual, creo, no necesita micrófono– ha sucedido al público, ya sea con sus tonos dramáticos, ya sea con sus tonos líricos.

La obra no se contenta con ofrecernos un caso fantasioso. Trata de imponerle un mensaje: la planta carnívora se esconde en no pocos seres humanos; en algunos partidos políticos; o gobiernos; o jefes de Estado tiránicos; o teorías filosóficas, que fácilmente pueden ser transmitidas a través del mundo, tal como la planta carnívora, a la cual al cortarle las hojas y plantarlas en otros terrenos se reproducen con todas sus características originales.

El joven director Manolo Sánchez Navarro, probablemente se enfrenta por primera vez con una puesta en escena. Y si supo reproducir toda la alegría de una comedia musical y todo el entusiasmo de un conjunto bastante disciplinado, me parece que con ello ya basta para entregarle sus primeras palmas de un director que nace.