FICHA TÉCNICA



Título obra Norma

Autoría Felice Romani

Dirección José Solé

Elenco Winifred Faix Brown, Encarnación Vázquez, José Rosendo Flores, Ernesto Zander

Escenografía Departamento de Producción del INBA

Iluminación Antonio López Mancera

Música Vincenzo Bellini

Notas de Música Enrique Patrón de Rueda / Director Concertador; Orquesta y coro de lTeatro de Bellas Artes

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Norma hermosísima ópera de Bellini” en El Día, 2 junio 1986, p. 12




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Norma, hermosísima ópera de Bellini

Malkah Rabell

Una de las once óperas de Vincenzo Bellini, de ese compositor italiano fallecido a la temprana edad de 34 años –probablemente de un cáncer–, Norma, se presentó en el teatro de Bellas Artes, con un gran éxito de público, que sobre todo aplaudía furiosamente a la cantante huésped, Winifred Faix Brown (no sé si norteamericana o inglesa, ya que el programa de mano no lo menciona), y a la joven cantante mexicana, Encarnación Vázquez que ya ofrece todas las características y todos los dones de una futura diva.

En su corta vida, Bellini, que nació en Catana, hijo de un modesto organista siciliano, pasó sus últimos años en París, donde murió en 1835, sepultado –después de una grandiosa ceremonia en los "Inválidos" arreglada por Rossini– en el famoso cementerio de el Pere Lachaise, del cual lo exhumaron en 1876, para transportarlo a su ciudad natal para darle una sepultura definitiva. Mas, no fueron sus años en Francia que dieron a Bellini su idea de crear una ópera como Norma, que transcurre en la vieja Galia, ocupada por los romanos. Bellini la escribió en Milán, en el año 1831, para la célebre cantante la Pasta. En la época contemporánea, el mismo papel de la sacerdotisa druída, la llevó a la escena otra celebridad, la gran Callas. No sabemos si Winifred Faix Brown estuvo a la altura de su tan famosa antecedente. Pero entre el público de aquel domingo 24 del estreno, en su entusiasmo se oían voces que lanzaban gritos: ¡Divina, Divina! Cuando le tocó cantar a Encarnación Vázquez en papel de Adalgisa, otra joven sacerdotisa, que ha sabido conquistar el corazón del proconsul romano Pollione, quien, anteriormente estuvo enamorado de Norma, a la que abandonó con dos hijos suyos, el público renovó su entusiasmo, y sobre todo aplaudió los duos que las dos cantantes llevaron a cabo de una manera realmente "divina".

Bajo la dirección escénica de José Solé, la representación lírica se imponía por su disciplina artística, aunque la mayoría de los cantantes demostraban bastante pobreza dramática en su actuación, en la creación de sus papeles, sobre todo en lo que concierne a los personajes masculinos, como José Rosendo Flores en el papel de Oroveso, el archidruida galo, padre de Norma, y Ernesto Zander como Pollione, quien en cambio demostró una hermosa voz y un gran dominio de ella.

Tampoco la producción llegaba a mayores despliegues, especialmente la escenografía resultaba bastante pobre, debida al Departamento de producción del INBA. Tan solo la vestimenta del coro en el último acto era hermosa y parecía muy fiel a esa época de la Galia en el año 50 a.c. También molestaba un poco la prolongada oscuridad en el escenario, una semi luz, cuyo propósito no logro entender, por más que Antonio López Mancera, el responsable de la iluminación, es bien conocido por la excelencia de su manejo de esta área escénica.

En cambio, a parte de las dos divas, Winifred Faix Brown y Encarnación Vázquez, lo que más llamó la atención en ese espectáculo operístico, fue la dirección de la Orquesta y del Coro del Teatro de Bellas Artes, realizada por el Director Concertador, Enrique Patrón de Rueda. Principalmente las melodiosas oberturas de la ópera entusiasmaban al público, así como la ejecución de las melodías de Bellini, que fue considerado en su época como el más maravilloso inventor de melodías. Como tal ejerció una profunda influencia sobre el genio de Chopin. Y es tal vez debido a esa su melodiosidad que las óperas de Bellini se consideran inmortales hasta hoy en día, y forman una preciosa antología de bello-canto, que abunda en modelos de melodías puras y delicadas. Los coros del primero y último acto, el quinto, encantaban tanto por las voces femeninas como por las masculinas. Y el público a la salida, al abandonar el teatro, se hallaba emocionado. Lo que me pasaba igualmente a mí, que sentía una emoción pocas veces equiparada en otras óperas.