FICHA TÉCNICA



Título obra Ágata

Autoría Marguerite Duras

Notas de autoría Esther Selingson / traducción

Dirección Lorena Maza

Elenco Dora Cordero, Antonio Serrano,

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Ágata, de Marguerite Duras” en El Día, 7 mayo 1986, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Ágata de Marguerite Duras

Malkah Rabell

Se considera a Marguerite Duras como a una de las más importantes cuentistas de la generación de la post-guerra, de la novelística que nació a la sombra de Jean-Paul Sartre en cuya revista Temps Modernes publicó sus primeros relatos "existencialistas" antes de confirmar su propia personalidad con: Un barrage contra le Pacifique basado en sus recuerdos de infancia y publicado en 1950. En el área del teatro se le conoce poco, aunque en el cine tuvo mucho éxito. En México es por primera vez que una muy joven directora, Lorena Maza –que ya ha puesto en escena anteriormente tres obras cortas de Beckett, lo que prueba ya su gusto por la literatura abstracta–, lleva una de las obras de Marguerite Duras al escenario: Ágata. Se ha dicho de la Duras que no pretende ser ni filósofa ni moralista. En Ágata seguramente no es moralista, y lleva ante el público el caso de una hermana enamorada de su hermano que le corresponde con no menor pasión. Y ambos cargan con su "pecado" con la mayor naturalidad. No deja de ser difícil de imprimir en un escenario desnudo el dolor que su pasado amor vive en el recuerdo de esos dos seres y que no tiene otra fuerza que las palabras.

En su libro La novela francesa desde la guerra, Maurice Nadeau dijo de la Duras que su dialéctica es: "de la presencia y de la ausencia, del silencio y de la palabra, de la vida y de la muerte, que se deja percibir a través de los relatos admirablemente llevados..." Para mí, creo que la mayor belleza en la obra literaria de Marguerite Duras, tan conocida en su país como fuera de Francia por Moderato Cantabile, es el lenguaje. Pero en el escenario, un lenguaje por más bello que sea, si carece de acción, de drama, llega a caer en la monotonía, se hace pesado. Ágata es una obra de dos personajes. Ni siquiera es un monólogo, sino un diálogo Y nada más difícil que mantener el interés del público ante dos protagonistas que no son intérpretes de especial altura o profundidad. En el montaje de Lorena Maza, que actualmente se ofrece en el teatro Casa de la Paz, los dos actores, Dora Cordero como Ágata, y Antonio Serrano como el hermano, son muy jóvenes e ignoro si ésta es su primera aparición en público. No se puede negarles talento. Pero, "talento" se me hace una palabra muy pobre para lo que exigiría la conquista del auditorio durante dos horas de palabras.

"Lenguaje", he aquí el misterio de este texto dramático que la traductora, Esther Seligson, considera en su introducción al programa de mano como "tan frágil y vulnerable dramáticamente hablando". Un texto dramático que carece de drama, pero que contiene la intensidad y la belleza lingüística que la traductora ha sabido transmitir con una especie de transparencia anímica. Esther Seligson entre la actitud escénica de esos dos personajes al escribir en el programa de mano; "Paralizados por la lucha entre dos impulsos mutuamente excluyentes –el dolor que provoca el deseo presente y el recuerdo que revive la realización de ese deseo– Él y Ella se adosan a las paredes como si quisieran contener el tiempo que ha transcurrido, delimitar el espacio vacío de esa finca de verano llena de presencia de su amor incestuoso".

Esa falta de acción, esa ausencia del desgarramiento interior, que solamente se basa en palabras y que encontramos en tantas obras francesas, sobre todo en le nouveau roman, han sido las mayores responsables de que los lectores de Francia y de toda Europa, se hayan enamorado con tanta intensidad de una novela como Cien años de soledad, y más aún fue la máxima razón, la determinante de que se apasionaran por la literatura latinoamericana que ofrecía más drama, más acción y dolor activo.

Tal vez Ágata, que describe a través del lenguaje las imágenes, no dejaría de interesar a un lector. Y aún más, puede llegar a crear el guión para el cinema, para la pantalla. Puede crear el lenguaje vivo de la cámara. En cambio, en el escenario deja de interesar. Tal vez a los muy jóvenes, a los espectadores universitarios –tanto de la UNAM como de la UAM, que son las dos casas de estudios responsables de la representación– les puede apasionar la novedad del estilo.Apasionamiento en el cual intervendrá no poco el esnobismo que pretende entender y gozar de lo que para muchos se hace pesado.