FICHA TÉCNICA



Título obra La tiendita de los horrores

Autoría Howard Ashman

Dirección Manolo Sánchez Navarro

Elenco Enrique del Olmo,Nando Estevane, Gerardo Moscoso, Manuel Landeta, Silvia Pasquel, Diana Navarro, Mariso l Fuentes, Patricia Tanus.

Escenografía Leoncio Nápoles

Notas de escenografía González Oviedo / diseño y producción de la planta carnívora

Música Alan Menken

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La tienda de los horrores, fantasía musical” en El Día, 9 abril 1986, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La tienda de los horrores, fantasía musical

Malkah Rabell

Más que una comedia musical, La tienda de los horrores es casi una ópera, una ópera rock con música de Alan Menken, no sé si inglés o norteamericano, como tampoco sé la nacionalidad del autor de la letra, Howard Ashman. Como esta fantasía musical, tal como la anuncian, es adaptada –sin necesidad alguna– a México por los años 60, el ambiente y el tono de la obra se antojan a veces ingleses y otras veces norteamericanos. Su argumento, aunque bastante desagradable, no deja de ser original, poco habitual en semejante género teatral. En cambio la obra está muy bien puesta, con un excelente reparto y con una música en vivo.

¿Por qué a la vez desagradable y original? El tema de una planta carnívora que se nutre de carne y sangre humanas que la hacen crecer y adquirir cada vez mayor fuerza y poder, nada tiene de atrayente. Mas, el autor trató de darle a semejante hecho una característica simbólica, a la vez política y filosófica, lo que desnuda esta fantasiosa aventura de sus rasgos infantiles y hasta de su carácter de cuento policial. Una fantasía con un substrato trágico, unos horrores que van más allá de una tienda, de una florería en un barrio paupérrimo en una ciudad anónima, para señalar toda la realidad que puede existir en las ambiciones de la humanidad y que pueden destrozar el mundo; en la capacidad del hombre, hasta cuando es bueno, de dejarse convencer por ansias de riqueza y fama para tomar los peores caminos.

La obra como producto musical, necesitaba cantantes más que actores. Pero la dirección encontró intérpretes que aunaban ambas posibilidades. Enrique del Olmo en la "voz de la planta" dio toda su potencia al canto, escondido físicamente detrás de la máscara del carnívoro fenómeno. Otro actor, a quien veo en el escenario por vez primera, dueño de una hermosa voz, pero que supo darle a su personaje la nota exacta, fue Nando Estevane en el papel del bondadoso Félix, inducido por la monstruosa planta a los peores crímenes, y quien termina él mismo triturado por ella. En el personaje del dueño de la florería Gerardo Moscoso logró darle a la actuación tanta importancia como al canto; en tanto Manuel Landeta fue estupendo en cada una de sus múltiples intervenciones, sobre todo le dio todo el temperamento y la viscómica a su papel de Erik, el dentista que goza sádicamente de su profesión, Lo que se nos antoja un desahogo del autor contra todos los odontólogos. En cuanto a Silvia Pasquel, la excelente actriz de siempre, dio al personaje de Gladys la dulzura a veces dramática y otras veces cómica, con sus matices de masoquista de repente rebelde, y otras veces dispuesta al sacrificio. Como todo el elenco, también ella cantaba con micrófono, aunque éste se hallaba invisible. El espectáculo también contaba con la presencia de tres jóvenes actrices que cantaban y bailaban y representaban como una especie de coro que narraba los acontecimientos. Se trataba de Diana Navarro, Marisol Fuentes y Patricia Tanus.

Es la primera vez que asisto a una puesta en escena de Manolo Sánchez Navarro, y no sé si ésta es su primera labor en tal campo. Pero el joven director ya muestra una gran habilidad en el manejo de los actores, en la imposición del ritmo y en la disciplina de todos los elementos escénicos, sobre todo plásticos. No es nada fácil manejar una escenografía tan compleja como la realizada por Leoncio Nápoles en un escenario tan reducido como el del teatro Reforma. Tampoco es fácil manejar a un monstruo del tamaño de la planta carnívora que diseñó y produjo González Oviedo.El director manejó todos esos elementos escénicos con agilidad y ritmo. Nunca se impuso al público un sentimienfb de malestar por la estrechez espacial. La tienda de los horrores en el centro del escenario, y en torno de ella algunos elementos de la gran ciudad cruel y pobre, creaba el ambiente, la atmósfera de misterio y de miedo, y sobre todo de crueldad, con su monstruosa planta que dominaba todo. No, Manolo Sánchez Navarro ya no es una promesa. Es una realidad. ¡Un joven director que se impone!