FICHA TÉCNICA



Título obra La señorita Julia

Autoría August Strindberg

Dirección Xavier Rojas

Elenco Eric del Castillo, Maricruz Olivier, Gloria García

Escenografía Julio Prieto

Notas de escenografía Carlos Pardomo / realización

Vestuario Armando Valdés Peza

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. La señorita Julia”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 30 octubre 1966, pp. 4 y 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

La señorita Julia

Mara Reyes

Teatro Granero. Autor, August Strindberg. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía, Julio Prieto. Realización, Arq. Carlos Pardomo. Vestuario, Armando Valdés Peza. Reparto: Eric del Castillo, Maricruz Olivier y Gloria García.

A poco tiempo de El ensueño, se presenta en escena otra obra de Strindberg, en esta ocasión, una de sus obras naturalistas más conocidas: La señorita Julia, que fue interpretada hace años por Emma Teresa Armendáriz. Quizá con mayor obviedad que en otras de sus producciones, Strindberg contrasta en esta obra dos mundos: el de la aristocracia caduca y el dela burguesía. El propio Strindberg al hablar de su teatro, confesaba: “En calidad de caracteres contemporáneos que viven en una época transitoria, más inquieta y más histérica que la precedente, por lo menos, he presentado mis figuras más inestables, desdobladas, que ofrecen una amalgama de lo viejo con lo nuevo”. La señorita Julia es una de las obras en las que esta intención del autor se patentiza de manera absoluta. Y es en este sentido, en el que la interpretación de Maricruz Olivier me pareció débil. A su Julia, le falta esa raigambre aristocrática que hace de ella un exponente de su clase social y que es el generador de su conflicto psicológico: Maricruz perfila a la mujer, desnuda su interior, pero olvida el contexto social, por lo que algunos de los parlamentos suenan postizos en sus labios.

Es también en este sentido, en el que la dirección de Xavier Rojas se tambalea, pues al desdeñar –o quizá sólo descuidar– uno de los prismas fundamentales de la obra de Strindberg, ésta pierde su carácter de denuncia de una sociedad en putrefacción, para quedar reducida únicamente al debate sicológico de caracteres; desvinculándose así, dela problemática total planteada por el autor.

Esa “desproyección” del personaje de Maricruz Olivier no ocurre, sin embargo, en Eric del Castillo, quien hace una interpretación en la que concurre la dinámica sicológica, con la social. Su personaje demuestra en cada acto, con cada palabra, su posición en la sociedad. Las constantes transacciones por la que atraviesa el personaje, al querer desprenderse de su condición servil y tratar de aferrarse “a la primera rama” de un árbol que no le pertenece y por el que quisiera subir, fueron realizadas por Eric del Castillo con sinceridad, desenvolviendo a lo largo de la obra una lógica de conducta que culmina [p. 5] en el momento en que el personaje se enfrenta de nuevo a su realidad de servidor de un mundo que él quería conquistar.

Siendo difícil dar un ambiente escenográfico en el teatro circulo, el vestuario debe ser la colaboración visual más estrecha que tenga el director, y en este caso, el vestuario de Armando Valdés Peza, al ser modernizado, hace perder la perspectiva del espectador, de tal suerte que en lugar de resultar un colaborador, fue, un escollo difícil de evadir, ya que desvirtuaba la obra y la situaba en un solo plano.