FICHA TÉCNICA



Título obra Aventura otoñal

Autoría Marcel Mithois

Notas de autoría Antonio Haro Oliva / traducción y adaptación

Dirección Guillermo Murray

Elenco Nadia Haro Oliva, Rafael Perrin, Guillermo Murray, Arturo Lorca, Maricruz Nájera y Alejandro Murray,

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Aventura otoñal en el teatro Arlequín” en El Día, 7 abril 1986, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Aventura otoñal en el teatro Arlequín

Malkah Rabell

Típica comedia de los "bulevares" parisinos, Aventura Otoñal del comediográfo francés Marcel Mithois no posee ningún rasgo especialmente brillante. En realidad nada deja en la memoria y ya, antes de salir del teatro Arlequín hemos olvidado su contenido. Mas, la obra tiene la ventaja de ofrecer a Nadia Haro Oliva un papel como escrito para ella, para sus necesidades artísticas actuales. Un papel de mujer madura, muy bien conservada, llena de vitalidad, con una sexualidad dormida por una vida excesivamente pacífica, que despierta de repente por el choque de una aventura amorosa con un joven de veinticinco años, Patrick, a quien acaba de conocer. El ejemplo de su hijo que le presenta a su prometida tan madura como su madre, pero sin los encantos de ésta, le hacen abrir los ojos y darse cuenta del ridículo en el cual puede caer. Desde luego todo termina en el mejor de los mundos. Verónica, la madre y amante aburguesada, despierta de su enajenamiento y vuelve a los brazos de su envejecido amor con quien ya tiene relaciones desde 15 años, Gerardd, quien no puede ofrecerle la alegría de vivir, la llama apasionada ni la embriaguez de los veinte años, pero en cambio le ofrece la seguridad de lo ya conocido: un corazón fiel y una posición social apropiada.

En el papel de Verónica, la mujer que ha perdido su juventud pero no sus encantos, Nadia Oliva encontró a un personaje a su medida, como pocas veces puede encontrarlo una intérprete. Fue seductora y a la vez lógica, con la lucidez necesaria para ponerle fin a su "aventura otoñal", y hasta dotada de un sentido del humor –muy a la francesa– para entregar a su juvenil amante, Patrick, a una modelo veinteañera, Vanesa. La protagonista daba la impresión que se empeñaba en seducir no sólo a Patrick, sino a todo el auditorio. Y lo lograba. La escena en la cual aparece haciendo ejercicios de gimnasia ataviada de una malla negra, en tanto de las razones de su conducta a uno de los personajes del reparto nos convence de que no sólo tiene hermosas piernas, sino que alguna vez fue bailarina. En cuanto a su aporte como intérprete, nos hace comprender que no en vano encabeza una companía desde hace treinta años.

Entre el elenco de siete personas, quien más llamó la atención fue Rafael Perrin en el papel de Patrick, con su físico de joven sinvergüenza, un pillo simpático medio sentimental y medio farsante. Nunca tuve la oportunidad de verlo en otros personajes, pero el de Patrick le va como un guante, y da la impresión que a fin de año será candidato a un premio de revelación.

En cuanto a Guillermo Murray, ha sido durante años el clásico galán de la televisión mexicana, y de tanto en tanto también aparecía en le escenario teatral. Captó muy bien el papel del calmado Gerard y supo darle vida. Como director de escena es ésta la primera vez que lo veo en acción y la puesta de la obra sin llegar a grandes alturas ni originalidades, dió orden y disciplina a todo el conjunto.

Los demás actores del reparto: Arturo Lorca, Maricruz Nájera y Alejandro Murray, han sido correctos sin mayores aportes, ya que tampoco los papeles se pretaban a ello. Pero es necesario señalar a Maricurz Nájera por su esfuerzo de crear un personaje humorístico, sin caer en lo caricaturesco. Alejandro Murray es otro de los casos de hijo de actores que sigue los pasos de su padre: Guillermo Murray.

En resumen, una comedia simpática, que no aporta mucho al teatro de México, pero hace pasar el rato muy agradablemente, con risas y sobre todo sonrisas, sin oír chistes a doble sentido, ni morcillas gruesas, como lo encontramos habitualmente en los teatros vaudevilescos en nuestro país. Y tenemos que volver a felicitar a la pareja Nadia y Antonio Haro Oliva –este último también traductor y adaptador de la obra–, por su paciencia y amor al teatro para resistir durante tantos años a la cabecera de un teatro permanente.