FICHA TÉCNICA



Título obra La lucha se hace

Autoría Héctor Bonilla

Dirección Héctor Bonilla

Elenco Héctor Bonilla

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La lucha se hace” en El Día, 3 marzo 1986, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La lucha se hace

Malkah Rabell

¿Comedia, farsa o juego popular? Es difícil aplicarle una categoría o un género teatral a esta Alegoría> que Héctor Bonilla escribió, dirigió e interpretó como actor, y que actualmente se presenta en el teatro Jorge Negrete. El autor la llama: obra vulgar a esta La lucha se hace, lo que me parece un simple deseo masoquista de auto denigrarse. En realidad la idea no deja de ser graciosa. No llega a mayores profundidades políticas o filosóficas en su enfrentamiento a las formaciones partidarias del país. Lo que sería realmente exigir demasiado a un actor en extremo amado por el público, pero que nunca fue, ni pretendió ser, un líder o un teórico de algún movimiento polémico combativo. La ocurrencia de presentar en un ring de lucha libre a la mayoría de los partidos políticos mexicanos bajo máscaras alegóricas, peleando entre sí, ofrece muchas posibilidades de crítica. y sobre todo muchas oportunidades de provocar grandes carcajadas. La risa no exige que le reciten El capital para estallar. Vivimos tiempos difíciles y la risa es el mejor elemento para calmar las angustias.

En un ambiente que trata de imitar la Arena México –lo que ya hizo con mucha exactitud José Estrada en Pelearán 10 rounds de Vicente Leñero–, aparece entre el público un vendedor de cacahuates, Francis. Tiene los pantalones rotos, pero se dirige a sus compradores y a todo el auditorio, en inglés. El español se le hace un idioma insuficientemente elevado. También aparecen entre el público dos familias, una la popular, y otra la aristocrática. En uno y otro bando, se encuentran los clásicos representantes de toda familia: hombre, mujer y niño. Y cada uno de ellos toma parte, según sus intereses clasistas. en la lucha que se lleva a cabo en el ring entre todos los partidos: entre PRI-mogénito y Pan-acea; entre Parm-enide y el "Pepe ese" o el "Pez Sumido" (¿PSUM?). Para hacer más clara la pertenencia de cada representante político, sus trajes llevan colores determinados: el tricolor de la bandera nacional para el PRI; el azul para el PAN, color celestial; el amarillo con el rojo para el PSUM. Ya no recuerdo si es el representante del PSUM o el del PEPE ESE quien se pasa todo el tiempo leyendo algún libro profundo.Hay también un "Gallo Sublime", pero aquí mis conocimientos no llegan a tanto en la materia, y el único gallo que conozco es el Gallo ilustrado. No siempre se logra seguir los lineamientos caricaturescos de los "combatientes", pero las críticas son muy graciosas y a menudo bastante conocidas y hasta a veces, como dice en el programa de mano Héctor Bonilla: "Es además una obra vulgar porque emplea el lenguaje del vulgo, del pueblo de este país, que reducido a ser acotación al margen de maestro proceso nistórico, especula sobre el destino de sus gobernantes y hace chistes políticos". Esto ya es algo más que masoquismo, es más bien ironía amarga.

Lo novedoso de este juego popular es que imitan en serio la lucha libre, los catorce actores que toman parte en el "juego", saltan, brincan, se retuercen, luchan, pegan y reciben golpes con ímpetu, con temperamento de auténticos luchadores. Es espectáculo doble: verbal y corporal, no llega al realismo de una representación como la lucha libre de Máscara contra cabellera. Tampoco hace falta, porque en el presente caso el espectador se preocupa y se halla más pendiente de la parte verbal. Algunos de los intérpretes son excelentes actores, corno José Alonso en su papel del PRI, aunque sólo lo reconocemos por la voz, el rostro casi no se ve; o Luis Torner como el PAN, o Roberto Sos como el "Pepe ese"; o Claudio Baez en el árbitro Sam, nombre que explica su posición política, como asimismo lo hace su acento inglés. El final cuando el niño, él hijo de la pareja popular, sube al ring y queda solo, enfocado por una luz, nos parece otra alegoría, la del niño que se prepara para la lucha del porvenir. Lo que da un toque positivo a toda la representación. Pero no estoy segura si tal fue la intención del director-autor, Héctor Bonilla.