FICHA TÉCNICA



Título obra La gatomaquia

Autoría Félix Lope de Vega y Carpio

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Jacqueline Andere, Raúl Dantés, Sergio Jiménez, Rosa María Moreno

Notas de elenco Gilberto García, Rubén Islas, Clemente Sanabria, Alicia Urreta, Carlos Luyando y Homero Valle / músicos

Escenografía Octavio Ocampo / diseño de la producción

Música Alicia Urreta

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Eventos Ciclo de Búsqueda, organizado por Héctor Azar

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. La gatomaquia”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 14 agosto 1966, pp. 4 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

imagen facsimilar

imagen facsimilar 2

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

La gatomaquia

Mara Reyes

Teatro Jiménez Rueda. Autor, Lope de Vega, Dirección, José Luis Ibáñez. Diseño de la producción, Octavio Ocampo. Música, Alicia Urreta, Reparto: Jacqueline Andere, Raúl Dantés, Sergio Jiménez y Rosa María Moreno. Músicos: Gilberto García, Rubén Islas, Clemente Sanabria, Alicia Urreta, Carlos Luyando y Homero Valle.

Prosigue el Ciclo de la Búsqueda en el Teatro Jiménez Rueda, organizado por Héctor Azar, ahora con la representación de La gatomaquia de Lope de Vega, un poema burlesco en el que critica la guerra y los arrebatos vengadores, que si fue publicado cuando Lope tenía setenta y dos años de edad, revela no obstante, una vitalidad y un ardor juvenil que se solidariza con la puesta en escena de José Luis Ibáñez. Y aunque parezca que estoy invirtiendo los términos, eso es precisamente lo que quiero decir: que en esta representación no es el director quien se solidariza con la obra, sino la obra la que se apresta a servir al director.

¿Por qué se ha llamado a este ciclo “de la búsqueda”? ¿Quién hace la búsqueda? No son nuestros autores, puesto que sólo una obra de autora mexicana se ha llevado a escena en este ciclo y fue una reposición, o sea una búsqueda de ayer, aunque de un ayer próximo, pero que ya formaba parte del pasado. Esla búsqueda de los directores de escena, por hallar nuevos y más acordes medios de expresar sus inquietudes y su visión del mundo. Y para esa búsqueda, hay que hallar obras que la permitan, así sean del siglo de oro español, teatrales o no teatrales.

La poesía en Voz Alta, no es nueva en México, el mismo José Luis Ibáñez participó en aquellas temporadas llevadas a cabo por Juan José Arreola, Octavio Paz, Héctor Mendoza y Juan Soriano.

Si Lope no imaginó jamás que fuera representado su poema burlesco, en siete silvas (combinación métrica en que ordinariamente alternan con los versos endecasílabos los heptasílabos), lo más seguro es que si hoy reviviera y fuera al Teatro Jiménez Rueda, su alegría sería mayúscula y si acaso, le añadiría dos o tres alusiones irónicas a las modernas guerras o a alguna corriente estilística de nuestra época.

Una característica de las representaciones que hace Ibáñez de las obras clásicas, es la de “renglonear” los versos, subrayando la métrica, lo que no me parece censurable.

La obra está escenificada con un gran despliegue de recursos imaginativos, tratando de establecer eslabones entre la verdad escénica y la verdad poética.

José Luis Ibáñez pues, echó mano de todos los recursos posibles, desde el hacer que los personajes sean en ocasiones actores –en su acepción de activos– y en ocasiones narradores, o bien, hacer que parezcan como simples objetos. De la misma manera que a ciertos objetos les dio vida gatuna, como por ejemplo: a la gata Micilda, que en el poema no tiene más trascendencia que la de un objeto que pretende emplearse como arma, Ibáñez no dudó en hacerla aparecer como un simple costal. De tal suerte que usa a los personajes como en álgebra se usan las letras: unos como variables dependientes, en función de los otros personajes; otros, como valores constantes y otros como variables independientes, que actúan de acuerdo a convenciones arbitrarias. ¿Hay algo más convencional y sin embargo más verosímil que las matemáticas?

Tanto Jacqueline Andere, como Raúl Dantés, Sergio Jiménez y Rosa María Moreno (anunciados así, en orden alfabético, lo que ya me parece una acertada intención de liquidar los absurdos vedetismos) comparecen ante el [p. 6] público con toda su libertad de seres humanos en acción, afrontando una realidad no ficticia, pues para mí, el teatro no es ficticio, puesto que el Hombre se mueve en él y el hombre no es una entidad ficticia. Suben, bajan, corren, se detienen, hablan, vociferan, se callan; pero siempre con el movimiento y el tono justos, exactos para producir una comunicación con el espectador. La música de Alicia Urreta, como otro personaje, va y viene por la escena, ocupando casi un lugar en el espacio. En suma que José Luis Ibáñez y su equipo de colaboradores nos dio una representación hecha con arte.