FICHA TÉCNICA



Título obra Landrú / Halibut

Autoría Alfonso Reyes

Notas de autoría Juan José Gurrola / paráfrasis

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Juan José Gurrola, Carlos Matute (pianista), Sergio Bustamante

Escenografía Humberto Espíndola

Música Juan José Gurrola

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Gurrola y Landrú envejecieron” en El Día, 25 noviembre 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Gurrola y Landrú envejecieron

Malkah Rabell

Nunca tuve la oportunidad de presenciar aquella primera presentación de Landru, que en 1964 puso en escena Juan José Gurrola con un texto de Alfonso Reyes y música de Rafael Elizondo. No puedo hacer comparaciones. Pero puedo muy bien comprender que la vanguardia teatral de hace dos décadas ya no provoca el mismo impacto hoy. Los años no pasan en vano, y el enfoque del espectador cambia. En aquel 64, todo era búsqueda de audacias. La novedad estaba a la orden del día en todas las expresiones del arte y de la literatura. Se iba al teatro y a las exposiciones plásticas más en busca de rarezas que de calidad. En veinte años la experimentación artística en el terreno teatral ha pasado ya por todas las fases de las audacias, sin faltar las eróticas. Ya nada nos espanta ni nada nos sorprende. Presentarnos hoy a un Landrú que mataba a sus esposas no tanto por afán de dinero, como por necesidades sexuales; no para enriquecerse, sino porque el asesinato le provocaba un goce que en la vida amorosa normal no lograba encontrar, ya no es novedad alguna. Es un hecho psicológicamente conocido, y en numerosos casos empleado en literatura, teatro y cinematografía, sobre todo en el género detectivesco. En su tiempo la representación era especialmente novedosa. Hoy, al enfocar su adaptación de Alfonso Reyes desde semejante punto de vista, Gurrola ya no hace gala de una especial audacia. En cambio se me hace aún hoy original transformar a Landrú en personaje de opereta.

Pues bien, la opereta –toda clase de operetas, hasta la más vanguardista– nos interesa en especial por la música. Según reproduce el programa de mano una opiniones de la famosa crítica de artes plásticas latinoamericana, Marta Trava, ésta afirma después de asistir a una representación de Landrú en la Casa del Lago en 1964: "Todos salimos eufóricos de Landrú y de la música de Rafael Elizondo... Nos internamos en el bosque de Chapultepec canturreando los estribillos que oscilaban entre Chaplin y L' opera de quat' sous: 'Deja amiga que te diga –de cuarenta paáára arriba –no te mojes la barriga -deja, deja quééé te diga". Mas, sucede en la presente reposición que el director de escena y adaptador, Juan José Gurrola, ya no emplea la música de Rafael Elizondo sino la suya propia y del pianista Carlos Matute. La que está muy lejos de ponernos eufóricos, o provocarnos deseos de canturrear, ya que al salir ya nos hemos olvidado de ella.

Algunas escenas del montaje siguen siendo interesantes, sugestivas y hasta bellas, realizadas con la reconocida capacidad del manejo escénico de Juan José Gurrola. Permanece muy atractiva la escena de "amor" entre la muerta, la esposa asesinada, y su asesino Landrú, aunque no es un hecho muy agradable. En el papel del famoso asesino de mujeres, Sergio Bustamante esta vez no se halla a la altura de sus otras interpretaciones que le han dado la merecida fama de excelente actor. Algo le falla y lo hace poco simpático (tal vez porque el papel mismo es antipático). En cambio el anterior intérprete, Carlos Jordán dejó un recuerdo de genialidad en el mismo personaje. El conjunto de figuras femeninas baila y canta con gracia y hasta, a veces, con entusiasmo, aunque es difícil demostrar entusiasmo cuando en la sala se encuentran veinte espectadores (lamentable efecto de la época). La escenografía de Humberto Espíndola no es muy brillante, en cambio es muy hermoso el vestuario femenino de los locos años veinte, debido a una cooperación colectiva.

En cuanto a la otra representación del mismo espectáculo, Halibut, paráfrasis de J. J. Gurrola sobre un canto épico igualmente de don Alfonso Reyes, más bien parece una parodia de las ridiculeces de los intelectualoides –tal vez críticos– que para cualquier explicación usan un lenguaje grandilocuente, extrambótico y vacío. Igual idioma usan los políticos a quien nadie entiende. Tampoco se entendía muy bien la dicción de Gurrola quien interpretaba la figura central. Total, este Halibut no divierte, aunque tal, según parece, es su única finalidad.

Creo que hubiéramos preferido asistir tan sólo al espectáculo de Landrú, que pese a la disminución de entusiasmo que puede hoy provocar en el auditorio, tiene aún suficientes virtudes artísticas como para permanecer en el escenario mexicano como una representación clásica, representativa de una época.