FICHA TÉCNICA



Título obra ...De película

Autoría Blanca Peña

Dirección Julio Castillo

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Notas En ese año, el Teatro el Galeón era el Centro de Experimentacion Teatral-INBA

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. ...De película; Espectáculo de Julio Castillo” en El Día, 13 noviembre 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

...De película: espectáculo de Julio Castillo

Malkah Rabell

Tres horas y media es mucho tiempo para la duración de un espectáculo; y muy poco para reflejar una época y una generación. Y tal es el doble dilema de la realización de Julio Castillo: ...De película. Extenso en el tiempo inmediato, y reducido en el tiempo objetivo. Espectáculo experimental representado en el teatro Galeón, el cual se ha transformado en el Centro de Experimentación Teatral del INBA, es, o debe ser, según lo explica el programa de mano: "Lejos de la mera improvisación, el teatro experimental es aquel que se aproxima sistemáticamente a la condición científica del arte, y por ello requiere de una organización sólida, compleja y estable".La "mera improvisación" que rechaza este párrafo del programa, pues me parece que resulta tanto la fuerza como la debilidad de la realización de Julio Castillo en De película.

Creo que el director de escena no se basó en ningún guión preconcebido, sino que el espectáculo iba formándose, naciendo y creciendo, paso a paso, a medida que iban avanzando los ensayos. Y los mismos textos de los diálogos y parlamentos, los escribió Blanca Peña según los imponía la improvisación ajena. Lo que es tarea harto difícil para el autor, que ha de someterse a la imaginación de otros, en lugar de la suya. Y en este espectáculo que nacía y crecía de la nada, basado tan sólo en algunas ideas que el realizador llevaba en lo más profundo de sí mismo, se impuso una multitud de bellas imágenes, de escenas originales a veces mudas y otras veces habladas, de momentos sensitivos. o como algunos pretendían: "tiernos". Pero también con un número no menor de exageraciones y de creaciones repetitivas. Por ejemplo: una sola escena en un excusado puede ser graciosa y divertida, sobre todo si presenta todos los elementos realistas de una época; este mismo marco escenográfico multiplicado por diez, o más, se hace sumamente desagradable y a menudo vulgar. La primera escena del homosexual y de su madre hacía reír (a mí más bien me hacía llorar) mas, al cabo de unas repeticiones de la misma escena el asunto resultaba aburrido; algunos tipos populares se hacían simpáticos; pero otros caían en la caricatura. Y así podríamos citar una larga cadena de creaciones escénicas.

Lo que resultaba sumamente original es la idea misma de ese viejo cine de barrio pobre, donde durante años va el mismo público, y que ocupa el escenario de una manera tan realista que el espectador (el verdadero y no el actor), al entrar en el teatro Galeón no sabía muy bien dónde sentarse, ni lograba distinguir entre la sala verídica y la ficticia. Y en este viejo cinema Julio Castillo aunó púlico y espectáculo cinematográfico. A tal punto que a menudo no lográbamos distinguir entre lo uno y lo otro. Cuando entre ese público heterogéneo, se entremezclaban los personajes de la pantalla, empezábamos a revivir épocas distantes, generaciones diversas. Aquí estaba el soldado nazi quien cavaba una tumba como sobre el fondo de una bruma, lo que creaba una atmósfera extraña entre figuras del auditorio y figuras de la historia contemporánea, que bajaban de la invisible pantalla para pasearse entre los pasillos de la sala cinematográfica. He aquí que transcurrían los años y en la sala penetraban en montón los rebeldes sin causa, con sus chamarras negras, sus cadenas, y sus navajas abiertas. Y en una mezcolanza caótica parecían surgir del seno de los anteriores los hippies con sus flores de amor. Y en su torno la violencia parecía desatarse entre todas las generaciones y entre las diversas épocas. A veces no sabíamos quién era quién y quién mataba a quién. Y en este violento entrecruzarse de vidas del público del viejo cine, y de los personajes ficticios más verdaderos que los sentados en sus eternas butacas, surgía y a veces se imponía un mundo cambiante, con sus diversas imágenes y sus distintas muecas.

Entre errores y aciertos, entre tuces y sombras, entre escenas cómicas y otras dramáticas y hasta melodramáticas, entre tipos populares de nuestros, propios ambientes nacionales, y de tipos que parecían surgir de la historia universal, excelentemente dirigidos y excelentemente interpretados ya por el elenco estable, ya por actores invitados de este CET, Julio Castillo nos dio un espectáculo que a veces nos conmovía, otras veces rechazaba, pero nunca dejaba indiferente.