FICHA TÉCNICA



Título obra La Familia Real

Autoría George S. Kaufman y Edna Ferher

Notas de autoría J. M. Fernándes Unsaín / traducción

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco María Teresa Rivas, Jacqueline Andere, Enrique Álvarez Félix, Armando Calvo, Aarón Hernán, Leticia Calderón

Escenografía David Antón

Música José Antonio Alcaraz

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La Familia Real” en El Día, 4 noviembre 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La Familia Real: un brillante reparto

Malkah Rabell

La obra según parece se basa en la historia de la familia Barrymore, esa "Familia Real" de actores de teatro y de cine, que bajo la pluma y con el agregado de la fantasía de dos autores –indudablemente norteamericanos–, George S. Kaufman y Edna Ferher, adquieren el apellido de Cavendish y no pocos rasgos ajenos a su estirpe. Anthony Cavendish el más famoso de todos ellos; Fanny Cavendish, la madre ya físicamente en decadencia, condenada por la medicina, pero aún llena de bríos y de esperanzas de reiniciar una carrera que ella nunca consideró terminada; y por fin July Cavendish, la hermana que en el escenario y en plan femenino es tan famosa como en la pantalla lo es su extravagante hermano Anthony. Desde luego, podemos suponer de que se trata de John Barrymore y de su hermana Ethel. En cuanto a su madre, mis conocimientos de la familia Barrymore no llegan tan lejos. Como tampoco puedo afirmar hasta dónde alcanza la veracidad de sus caracteres. Sin enjuiciar sus hechos, de los cuales carece la obra. Es quizá la máxima falla de esa Familia Real donde no sucede nada, y sólo hemos de enjuiciar a sus miembros por sus rasgos de carácter, presentados bastante superficialmente: aman y odian la carrera de sus padres, como casi todos los hijos de actores; aceptan tal carrera a regañadientes, para luego entregarle todo su amor, su entusiasmo y a decir verdad toda su vida. Su comedia, Kaufman y Ferher la concentran en la constante vacilación entre el sueño de una supuesta felicidad de la cual –siempre supuestamente– gozan los hombres ajenos al teatro –desde el zapatero hasta el millonario–, y este sentimiento extraño de amor por el teatro, que no sé muy bien si puede llamarse vocación, o simplemente pasión en la cual interviene no poca vanidad y egolatría. Único rasgo psicológico del cual dudo, es esa insistencia de los padres de mantener a sus descendientes en las filas de la profesión.

La representación se distinguió sobre todo por la brillantez de su reparto, y dentro de éste por el espléndido trío: la madre, María Teresa Rivas; la hija, Jacqueline Andere; y el hijo Enrique Álvarez Félix. Los tres han tratado de subrayar la falta de naturalidad en las actitudes de todo auténtico comediante, su eterno hacer teatro "fuera del teatro". A veces la dirección de José Luis Ibáñez llevaba el tono de la comedia al plano de la farsa, que recalcaba Enrique Álvarez Félix a lo John Barrymore a quien los historiadores cinematográficos consideraron como creador de un estilo especial de "dandy" refinado e intelectual. María Teresa Rivas resultaba mucho más contenida, como una gran actriz dramática, más sensata que sus hijos. Y por fin, en el papel protagónico, Jaqueline Andere como la gran diva, que de repente desea rehacer su vida en el plan normal de un amor sensato, pero que en el último momento da marcha atrás y vuelve a su verdadero destino, el de vivir en el escenario todas las felicidades y todos los dramas; en el papel de July Cavendish, la intérprete creó un carácter fiel a sí misma, el de una gran actriz que nunca deja de serlo. Y aunque el personaje no sea muy profundo, "la" Andere le dio una agilidad, el sentido del humor y a veces una pizca de dramaticidad que ha mantenido el interés y la diversión del auditorio.

Del amplio reparto, sobre todo se han destacado: Armando Calvo, excelente en el simpático personaje del productor, amigo de la familia y su eterno protector; Aarón Hernán, hizo todo lo que pudo, con su disciplinada entrega de siempre, en un papel de poco lucimiento, el de un actor de segunda fila, Ronald Dean, que no se sabe muy bien qué hace todo el tiempo en la casa de los Cavendish; y llamó especialmente la atención la joven actriz Leticia Calderón, como la hija Cristina, la tercera generación_de la "Familia Real".

Del director José Luis Ibáñez, ya poco se puede agregar a lo ya dicho. Los gobernantes son grandes cuando saben rodearse de buenos colaboradores. Ibáñez, que ya ha logrado darle a la obra un ritmo trepidante, una agilidad constante y una disciplina que nunca decaía, ha sabido elegir a sus colaboradores en todos los planos: música de fondo, debida a José Antonio Alcaraz; una escenografía, sin grandes búsquedas, pero brillante, de David Antón; y una excelente traducción, hecho bastante raro, de J. M. Fernández Unsaín.