FICHA TÉCNICA



Título obra Todo se vale

Dirección Rafael Banquells

Elenco Alfonso Iturralde, Juan Antonio Edwards, Laura Hevia, Manolita Saval, Rafael Banquells

Música Cole Potter

Espacios teatrales Teatro Aldama

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Reestreno de Todo se vale” en El Día, 28 octubre 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Reestreno de Todo se vale

Malkah Rabell

En el mismo teatro inagurado el año pasado, el Aldama, se ha vuelto a reponer la comedia musical: Todo se vale, debida a cuatro autores norteamericanos, cuyos nombre no recuerdo ni vale la pena recordar, a la que salvaba la música de Cole Porter, pero esta vez con un nuevo reparto. Es decir que está bastante "ingenua" (para emplear una expresión bien educada) comedia perdía uno de sus pocos valores: la actuación de Julio Alemán, que en la anterior versión interpretaba el papel protagónico.

A decir verdad, la idea de presentar en el escenario la vida en un barco lujoso de pasajeros, es un tema divertido tanto para las novelas, como para el cinema, por el grupo numeroso de gente heterogénea que se puede manejar. Ambiente que emplean con frecuencia las novelas policiales o el cine mismo género. En el teatro aparece con mucho menor frecuencia. Precisamente por la carestía de un despliegue colectivo, y por la dificultad de manejarlo, así como por la escenografía y la producción. Todo se vale sucede en un trasatlántico que sale de Nueva York llevando a bordo, como en un hotel de lujo, a la lady inglesa, a la actriz-vedette, al sacerdote que no es tal, al aventurero simpático y al ganster. Como en cualquier comedia cercana a la farsa, todo el mundo se encuentra, se desencuentra, se enamora, se desenamora, y hasta varias parejas se casan a bordo.

Como en cualquier comedia musical, lo principal es la música, y la de Cole Porter, con su melodiosidad, que se pega al oído, con su ritmo, su medio tono que nos hace descansar del "rock", es encantadora, y nos inclina a perdonar bastantes defectos de la dirección debida a Rafael Banquels. Lo triste de estas comedias líricas actuales es que todo su música y todo su canto resultan grabados, y no sabemos quién canta y quién mueve los labios simplemente. Los micrófonos instalados en la sala y puestos a todo volumen se tragan al actor. Aunque en el presente caso, se puede decir que los actores cantan en "vivo", con micrófonos escondidos en la ropa o en el cabello, lo que es infinitamente más agradable que escuchar los play-backs, que por lo general dan la impresión de que el intérprete cantó con un eco.

La coreografía que abarca tanto a bailarines profesionales como a los actores del reparto, adolece de falta de disciplina y a menudo hasta se antoja caótica. Ignoro el nombre del coreógrafo, por que la noche del reestreno el espectáculo carecía de programa de mano.

Mas, si en la anterior versión, lo mejor del espectáculo resultaba Julio Alemán en el papel de Bill, un aventurero que viaja de contrabando escondiéndose bajo distintos disfraces y diversos acentos, no puede decirse lo mismo del nuevo intérprete, Alfonso Iturralde a quien nunca oí mencionar con anterioridad, aunque el rostro me parece conocido. Es joven y simpático, baila y canta, no es mal actor, imita diversos acentos y diversos personajes, pero tiene la mala suerte de que despierta deseos de hacer comparaciones.

Juan Antonio Edwards es demasiado joven en el papel del Lord inglés de antiguo abolengo que llegó a Nueva York en busca de una novia virgen –lo que casi se hace imposible–, y las cree encontrar en las filas de las activistas del Ejército de Salvación. ¡Lógico!.

En el papel de la joven salvacionista, una actriz muy agradable, Doris, canta muy bien, aunque no domina mucho el baile. Laura Hevia, en el papel de la vedette, igualmente desconocida para mí, es, creo, la mejor intérprete del conjunto. Actriz ya conocida desde muchos años, es desde luego Manolita Saval, que como la lady inglesa, madre del novio, no es muy convincente. Pero mucho menos convincente es Rafael Banquells, quien, tal como lo designan los anuncios, actúa, dirige y presenta a la compañía, y en el papel del viejo ganster disfrazado de pastor anglicano, no tiene "ángel" ni comicidad espontánea y natural. Dotes que le faltan también como director, y la representación tiene un cierto carácter de desorden.