FICHA TÉCNICA



Título obra Suya, afectuosamente

Notas de autoría Susana Alexander / selección de textos

Dirección Susana Alexander

Elenco Susana Alexander

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Suya, afectuosamente” en El Día, 16 octubre 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Suya afectuosamente con Susana Alexander

Malkah Rabell

El propio título: Suya afectuosamente, ya nos sugiere una representación epistolar, y efectivamente se basa en fragmentos de cartas de mujeres célebres, o que por lo menos hablan de hombres famosos. Susana Alexander ya ofreció varios espectáculos de la misma índole: de una sola persona. Pero en el presente caso el espectáculo le debe todo; no sólo la protagonización de las diversas figuras, sino dirección y selección de textos. Para mejor analizar la función podríamos dividirla en dos planos: la labor de la intérprete en primer término, y a continuación el contenido y el significado de los textos.

Afirmar que "la" Alexander es una gran actriz no es ninguna novedad. Pero en el presente caso ha logrado alcanzar especial altura. Sobre todo si pensamos que no tuvo dirección en la cual apoyarse. Aunque la intérprete estudió dirección en Inglaterra y no es una improvisada. Pero el ojo ajeno ve mejor que uno mismo en el trabajo personal. En realidad no encuentro fallas en esta creación de personajes tan diferentes unos de otros. Todo en ella actuaba, desde los ojos hasta los pies, su cara y todo el cuerpo se transformaba de acuerdo al temperamento y la psicología de la protagonizada de turno. Y desde luego lo más cambiante fue la voz, el tono, la dicción, y a veces el acento, como cuando leía la carta de la norteamericana Edith O'Shaughnessy. Para la irlandesa, esposa del primer embajador en México, Madame Calderón de la Barca, eligió el tono ligero y alegre de una mujer joven, ajena al hambre y a la miseria. Para la condesa Paula Kolonitz, que llegó a México como parte del séquito de los emperadores Carlota y Maximiliano, le impuso un tono más grave, y hasta más duro, de acuerdo con el significado de sus cartas. Y así fue eligiendo diferenciaciones para cada personaje. Mantuvo fascinado al auditorio, que al finalizar la representación estuvo aplaudiendo más de diez minutos, y hubo de pedirle la calma la misma intérprete.

Lo difícil es ponerse de acuerdo –hasta consigo misma– sobre el significado y el valor de los razonamientos de algunas de estas cartas. Desde luego no tenemos nada que reprochar a la hermosa carta que Sor Juana Inés de la Cruz escribe a la "supuesta Sor" Filotea de la Cruz; misiva apasionada por la defensa que hace de sus escritos mundanos. Tampoco nada tenemos que reprochar a la Corregidora, Josefa Ortiz de Domínguez que se dirige a don Félix María Calleja, para protestar por su encierro. En cuanto a las cartas de Frances Erskine de Calderón, a pesar de sus críticas, a veces hasta burlas no sólo a las personas que la rodeaban, sino a todo el pueblo mexicano, al cual miraba desde una perspectiva bastante alejada, no podemos dejarde sentir cierta simpatía, cierto calor humano para una nación tan ajena a todo lo que una aristócrata conoce de la vida. Hasta en su adiós se siente una añoranza, y su anécdota –que narra con mucho sentido del humor– acerca de su capricho por vestirse de china poblana para un baile de disfraces, lo que encontró una desesperada resistencia de parte de la buena sociedad mexicana, no deja de ser graciosa.

Para revisar las ideas expresadas en sus cartas por la condesa Paula Kolonitz, me haría falta el texto original. Mas, sólo he de confiar en mi memoria, y ésta no siempre es muy fiel. Si no me equivoco lo que más reprocha a los mexicanos, es su espíritu autodestructivo, que se autodenigra. La intérprete lo que más trata de subrayar en el escenario, es sobre todo la falta de honradez de los gobernantes mexicanos, que no es de fecha reciente, si no un hecho histórico. Creo que la misma observación la hace también la Sra. de Calderón. Estas observaciones de dos extranjeras fueron lo que más interesó al auditorio. Y se me hace que Susana Alexander necesitó no poco valor para leer cartas tan duras desde el foro. En cuanto a las demás críticas acerca de la falta de limpieza del pueblo, estas damas aristócratas seguramente en sus respectivos países tuvieron muy pocas ocasiones de andar paseando por los barrios proletarios. Damas que llegan por un tiempo reducido al país y no conocen el trágico pasado de un pueblo dominado y esclavizado, tampoco pueden entender las consecuencias. En cuanto a la carta de Carmen Romero Rubio de Díaz, esposa del General Porfirio Díaz, que escribe a su padrino Don Sebastián Lerdo de Tejada, y le menciona que toda la gente que de soltera la despreciaba e ignoraba, bastó su casamiento con el general para arrastrarse a sus pies. Lo que no es un hecho especial para México. La gente es bastante despreciable e interesada en el mundo entero.

De todos modos me hubiese gustado alguna carta más positiva y con mayor comprensión para este México nuestro.