FICHA TÉCNICA



Título obra Trece a la mesa

Autoría Mark Sauvajon

Dirección Manolo García

Elenco Talina Fernández, Sergio Ramos, Miguel Suárez, Begoña Palacios

Espacios teatrales Teleteatro 2

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Trece a la mesa” en El Día, 25 septiembre 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Trece a la mesa

Malkah Rabell

El título Trece a la mesa predispone al misterio, a la sugestión de encontrarse con una comedia detectivesca, policial. Más, nada hay de esto. El pobre espectador se enfrenta con una obra perfectamente estúpida, sin gracia alguna, y para colmo aburrida. Historia de un matrimonio de buena posición económica, en París, que para la cena de Año Nuevo cuenta con trece comensales a la mesa. Hecho que deja a la dueña de la casa –muy supersticiosa–, espantada y decidida a agregarse o suprimirle a alguno de los invitados. Y toda la representación va girando en torno de este muy divertido problema. Hasta que de repente se presenta en la casa una estrambótica mujer vestida de "comisario del pueblo" (abrigo de cuero negro, botas negras, y una especie de cachucha igualmente negra). ¿Quién será esta misteriosa y extravagante persona que habla con extraño acento? Se presenta ante la dueña de la casa como una escritora italiana en busca de noticias sobre países latinoamericanos y como supo que el dueño de casa ha pasado parte de su vida visitando el Continente Americano, quiere obtener de éste algunos datos interesantes para su próximo libro.

Magdalena, la esposa, entusiamada por este inesperado personaje que puede ser el catorceavo comensal, desde luego la invita, y es aceptada sin vacilar. Pero cuando Dolores –la misteriosa recién llegada– se encuentra frente a frente con el dueño de la casa, resulta que este fue su antiguo amante en un país trastornado por la revolución y cuyo nombre no se encuentra en el mapa, donde ha sido considerado como un héroe, pero del cual huyó llevándose el tesoro nacional. Desde entonces Dolores lo persigue dispuesta a matarlo, ya sea con un tiro de pistola o con una bomba que "inocentemente" entrega a Magdalena con moño de regalo... Y todo termina en el mejor de los mundos. Magdalena se queda con su marido de quien de repente se siente enamorada al conocer su pasado de aventurero; Dolores asqueada por tanta mediocridad burguesa, vuelve a su país, y por fin los comensales llegan a catorce.

El público no es tan ingenuo como alguna gente de teatro supone, y la sala del Teleteatro No. 2 estaba medio vacía, en tanto la sala vecina, la No. 1, donde se ofrecía: Mame, desbordaba de espectadores que ante la taquilla hacían una inmensa "cola". Aunque Mame no es una obra de maravilla. Pero tiene la ventaja de contar con Silvia Pinal en el papel protagónico. En tanto: Trece a la mesa presenta un reparto muy poco atractivo. Sergio Ramos, como el ex revolucionario a quien se disputan dos mujeres jóvenes y bonitas, realmente está muy poco en tipo. Ya se le ha rechazado su interpretación de un dentista galán en Flor de cacto. Pero en el presente papel está mucho peor. Hasta parece mal actor, lo que no es el caso. Tampoco los demás actores brillan por sus actuaciones. Talina Fernández, como la esposa tontita y superticiosa, además de infiel, es muy poco comediante, ni siquiera es bonita o elegante, como su fama pretende. Por su elegancia, más bien llama la atención Julieta Bracho en el papel de Dolores. Cuando se pone su vestido de fiesta es de una elegancia discreta y de buen gusto. Tanto Miguel Suárez o Begoña Palacios, ambos como dos de los invitados, son los actores ya conocidos por su profesionalismo, pero no traen novedad alguna a sus personajes.

En cuanto a la dirección, de Manolo García, es correcta, pero con muy poco lucimiento. El texto no da para más. La comedia pertenece a un comediógrafo francés de los "bulevares": Mark Sauvajon cuyo nombre se me hace familiar, pero no logro ubicarlo. Los actores de comedias comerciales son más bien conocidos por sus comedias y no por su personalidad. Son muy numerosos y resulta difícil recordar su producción, igual como es complejo recordar a los autores de Broadway.

Lo que no puede uno dejar de preguntarse es, como la clase media que forma nuestro público habitual, puede gastar $ 1,200 en localidades, llevando además a toda la familia consigo. Sobre todo cuando el espectáculo no es de primera calidad y ni siquiera divierte.