FICHA TÉCNICA



Título obra Mame

Autoría Jerome Lawrence y Robert Lee

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Silvia Pinal, María Rivas, Gustavo Rojo

Escenografía David Antón

Coreografía Martin Allen

Música Jerry Herman

Espacios teatrales Televiteatro I

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las cien representaciones de Mame” en El Día, 26 agosto 1985, p. 23




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las cien representaciones de Mame

Malkah Rabell

Ya no recuerdo los tiempos en que haya visto un triunfo semejante: un público de pie, aplaudiendo sin descanso no sólo el final de la representación, sino cada escena por más insignificante, en la noche de las 100 funciones de Mame, cuando la sala de Televiteatro I se hallaba repleta hasta los topes, por un auditorio formado por periodistas y gente de teatro.

Y surge la pregunta: ¿realmente esta comedia musical norteamericana de Jerome Lawrence y Robert Lee merece tanto éxito? ¿tanto entusiasmo? ¿qué tiene de sublime, o de maravilloso, o de inteligente? El argumento es sin duda mediocre, con su tía Mame que se encarga de un niño, su sobrino huérfano, y lo educa a "Su" manera. Pero más que la pobreza de la trama, es la intención de los autores, indudablemente clasista, que llama la atención. Comediógrafos que tratan de imponer los derechos de las clases superpudientes a vivir locamente su vida, despreciando a los pobres diablos que han de trabajar, y hasta burlándose de las clases medias que no "entienden" la belleza de la existencia. Historia de una protagonista multimillonaria, Mame, que posee la "inmensa virtud" de saber vivir alegremente, con las "ventanas abiertas", emborrachándose a diario, haciendo fiestas noche tras noche, y rodeándose de gente frívola y extrambótica. Creo que cuando se dispone de una gran fortuna para tirarla por las "ventanas abiertas", todo el mundo puede ser tan inteligente como Mame, hasta el mayor de los imbéciles. En cambio, la protagonista cuando pierde sus millones durante la depresión de 1929, no sirve para nada, inútil para defenderse. Probablemente los señores Jerome Lawrence y Robert Lee nunca en su vida han sufrido de hambre, ni de la necesidad de un médico sin disponer de los medios económicos para llamarlo. Se pretende que una comedia, en especial las musicales, carecen de cualquier pretensión social. Lo que es perfectamente falso.

Mas, esta estúpida comedia, tiene la ventaja de contar con una música de Jerry Herman, muy alegre, fácil de captar y a menudo hasta pegajosos al oído. Además cuenta con una estupenda puesta en escena de José Luis Ibáñez, de acuerdo con los gustos de un auditorio muy especial, que se deja seducir por lo lujoso de la escenografía brillante y movida debida a David Antón, aunque nada original; por un vestuario muy llamativo y muy elegante, sobre todo en lo referente a la primera figura que se cambia de ropa por lo menos unas dos docenas de veces.

Y el centro del éxito es precisamente la protagonista, la primera actriz, Silvia Pinal, en el papel de Mame, sobre la cual descansa toda la obra, y que tiene en este personaje la oportunidad de cantar (no se si en vivo o en play back, y ya me cansé de buscar las fuentes del canto de las modernas comedias musicales), de bailar, de vestirse y cambiar una y otra, y otra vez de vestuario, tanto en las nueve escenas del primer acto como en las seis escenas del segundo, y de actuar sobre todo en plan de comedia. Sin duda Silvia Pinal es una actriz muy dotada en los más diversos planos, ya cómico, ya dramático. Es una actriz que tal vez pudo ser la Sarah Bernhard de México, pero prefirió ser su Mistinguette. Ni modo, cada uno marcha por las rutas que le señala su temperamento. Con la Mistinguette hasta tiene la semejanza de poseer unas hermosas piernas, que nos muestra en todo su esplendor en una canción: Juventud que canta y baila con todo el conjunto bailable. Y ya que de conjunto se trata, no se puede olvidar que los bailables se deben al brillante coreógrafo Martin Allen, cuyos bailarines, sobre todo los masculinos, son probablemente lo mejor de la representación, pese a cierta tendencia a lo repetitivo sobre todo en los finales de los números dancísticos. En cuanto al reparto de actores, no es especialmente de gran calidad, y se distinguen María Rivas y Gustavo Rojo.