FICHA TÉCNICA



Título obra El péndulo

Autoría Aldo Nicolai

Dirección Enrique Reyes

Elenco Sonia Furió, Abraham Stavans

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El péndulo: comedia simpática” en El Día, 5 agosto 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El péndulo: comedia simpática

Malkah Rabell

Los comediógrafos italianos no suelen ser representados con mucha frecuencia en los teatros de México. En los últimos años un sólo nombre italiano se hizo famoso entre nosotros: el de Darío Fo. En la mayoría de los casos, las comedias que suben a nuestros escenarios son de origen inglés o norteamericano, cuando no son españolas o francesas, sobre todo en los teatros comerciales. El nombre de Aldo Nicolai, cuya obra El péndulo se presenta actualmente en el Teatro Helénico, me da la impresión de serme familiar, pero no logro ubicarlo. En cuanto a El péndulo, se trata de una comedia algo melancólica, pero de ninguna manera dramática y no muy diferente de las creadas por autores sajones. Es la historia contada por los dos únicos protagonistas, una mujer y un hombre, un matrimonio, que va retrocediendo en el pasado para narrar, cada uno por su lado, sus años de vida marital, su vida en común que no siempre fue un jardín de delicias, y a veces hasta caía en el drama, o en el melodrama. Desde luego, cada uno de esa pareja tiene la tendencia (bastante común) de echar la culpa de sus fracasos, de sus malentendidos, al otro cónyugue. Mas, pese a los años que pasan irreversibles, la pareja mantiene su unión. Y se niega al divorcio. Ya tienen un hijo adulto, a su vez casado y padre de familia. Pero los padres siguen alejados uno del otro, tal como sucede en la mayoría de los matrimonios cuando ha pasado la bella juventud y las ilusiones han desaparecido. Ya no tienen nada que decirse.Ya todo ha sido dicho. Y sólo queda el hastío, un cierto odio, y no poco de rencor. Cada uno de ellos ha tenido su aventura amorosa fuera de los lazos conyugales. Cada uno de ellos ha buscado en otros brazos y en otros lazos un poco de felicidad, al ser que le diera una nueva juventud e interés por la vida. Y sólo encontraron el vacío y el desengaño. Y volvieron a su soledad matrimonial. La esposa tuvo su consuelo en su pasión por el hijo y por el nieto, con los tradicionales celos de la madre contra una mujer que le "robó" a su bienamado vástago. En tanto el hombre permanecía alejado de ese apasionado triángulo, cada vez más solo, rechazado e incomprendido.

Una comedia simpática, algo melancólica, que no trae nada nuevo al reducido mundo de dos personas unidas por el acta de casamiento, pero desunido por su propia vaciedad. El tema del matrimonio con sus amarguras y algunas alegrías, ya ha sido tan usado en el teatro, que difícil se hace remozarlo. El estilo tampoco es muy novedoso. Pero la típica ternura de los italianos le da un soplo de bondad humana que rara vez se encuentra en las comedias sajonas. Y ni siquiera en las francesas o españolas. Hay una bondad que atrae al público más reacio, y nunca lo hace reír a carcajadas, sino sonreír. Los parlamentos y los diálogos son ágiles; el ritmo rápido, y la obra, aunque no llegue a entusiasmar, gusta.

El director, Enrique Reyes, interviene más como escenógrafo que como metteur-en-scene. Quizá los muñecos pintados que suben y bajan así como otros elementos escénicos, que reemplazan ciertos personajes de carne y hueso, o a ciertas "cosas" como el automóvil, sean lo más gracioso de la comedia con sus escenas entre cada uno de los protagonistas con un muñeco de papel que ya reemplaza a una amiga de la dueña de casa, ya figura como el amante de la esposa, o como el nuevo amor del esposo. En cierto modo la escenografía es mas importante en este Péndulo que la dirección.Pero lo mejor de la representación es indudablemente la pareja de actores: Sonia Furió y Abraham Stavans, que nunca antes han colaborado, y no obstante se han acoplado uno al otro de una manera perfecta, con toda la disciplina y capacidad histriónica. Sonia Furió fue una mujer ya joven ya madura que de acto en acto, y de escena a escena cambiaba de físico sin necesidad de maquillaje o de pelucas. Y lo mismo puede decirse de Abraham Stavans, quien, a pesar de enfrentarse con un personaje novedoso para su temperamento artístico, ha sido excelente tanto en las escenas cómicas como en las dramáticas.

Una pareja de actores que han dado lo mejor de sí mismos en esta sencilla y tierna comedia.