FICHA TÉCNICA



Título obra Las lágrimas de Eros

Dirección José Enrique Gorlero

Elenco Sonia Paramos, Carmen Torres, David Beuchot

Grupos y compañías Grupo Teatral Ítaca

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Nace un joven director: Enrique Gorlero” en El Día, 24 julio 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Nace un joven director: Enrique Gorlero

Malkah Rabell

Para José Enrique Gorlero, el lunes 15 del presente mes fue su primera aparición ante el público en el Foro Shakespeare, como director de escena, con la obra Las lágrimas de Eros.Texto que tiene cierto valor imaginativo como dice, pero ninguno como creación oral dramática, como drama o pieza (como suele llamarse al drama contemporáneo poco apegado a las tradiciones del género), Gorlero recurrió a la figura del célebre innovador del teatro moderno, al creador del teatro de la crueldad, Antonin Artaud, más poeta que actor, lo que fue su primera pasión; más teórico que dramaturgo, quien murió en París durante la ocupación alemana, encerrada en un sanatorio para enfermos mentales. Sin que nunca pudiera demostrarse si Artaud realmente sufría de locura, y como lo dice la introducción a su primer volumen de obras completas: "Artaud ha vivido su vida como un drama, a tal punto que puede uno preguntarse si lo que se llamó su locura no fuera en primer término una consecuencia de su dramatización de la vida". La obra –si puede llamársela así– Lágrimas de Eros, recoge los últimos momentos del moribundo, o como dice el programa de mano: "Espectáculo para espacio mínimo, sobre momentos furtivos de Antonín Artaud, recordados en París, un minuto antes de su muerte".

Tampoco contó José Enrique Gorlero con intérpretes experimentados, y las tres figuras, dos de mujeres y una de hombre, Sonia Páramos, Carmen Torres y en el papel central David Beuchot, que reflejaban el drama en diversos papeles, hacían gala de una pésima dicción, más bien se dedicaban a la técnica corporal en lugar de preocuparse de la palabra. No obstante algunas escenas no dejaban de tener expresividad, sobre todo las de actor masculino en los momentos de electrochoques a los cuales ha sido sometido el enfermo, y cuando lo domina la demencia.

Pues bien, si un director joven en su primera puesta en escena no cuenta con un texto de valor dramático, ni tampoco con actores, y ni siquiera con una escenografía, resulta muy natural que la representación no de el ancho y fracase.

José Enrique Gorlero no es de las personalidades artísticas que se dejan llevar por la vanidad, ni cree que un director puede montar un espectáculo rellenando con su propia personas todas las necesidades y todos los huecos. En el teatro es menester trabajar con un equipo, o por lo menos con tres fuerzas: dramaturgo-director-actor. Sólo algunos genios pueden permitirse el lujo de considerarse a sí mismo como la personalidad única ya sea en el teatro, ya sea en el cinematógrafo, donde en las dos últimas décadas se ha visto tanto cineastas o teatristas empeñados en imponer el one-man espectáculo. Y es sobre todo en la rama de la dirección donde el responsable trata de imponer la creación única. Si José Enrique recurrió a todas estas variedades creativas, fue porque pertenece a un movimiento artístico, el Grupo Teatral Ítaca que tiene la regla de enseñar a sus miembros todas las artes y todos los misterios de la profesión teatral y hasta de ciertas otras profesiones que nada tienen en común con la dirección ni con la interpretación.

Hace poco que Gorlero inició su vida de hombre de teatro, de teatrista, y ha dedicado a su "oficio" toda su pasión, hasta ha sacrificado su vida familiar en aras del teatro, que un poco antes, o un poco después tendrá su recompensa. Y este joven hombre de teatro podrá, dentro de poco (el tiempo corre sin que el ser humano pueda detenerlo), ofrecer un material mucho más adaptado a sus conocimientos. Mas, para ello necesita contar con un texto especialmente valioso, un texto con fuerza dramática. Un texto que pueda servir ya en un espacio mínimo como en un espacio amplio. Ya sin hablar que todo teatro necesita de actores competentes, es decir que tendrá que contar con un equipo en quienes apoyarse contar con ese famoso equipo que los nuevos teatros rechazan en aras de la grandeza de un hombre solo: el director.