FICHA TÉCNICA



Título obra ¿Huele a gas?

Autoría Tomás Urtusástegui

Dirección Iñaqui Carrión Zabaraín

Grupos y compañías Alumnos de preparatoria del Colegio de la Ciudad de México

Espacios teatrales Auditorio del Colegio de la Ciudad de México

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. ¿Huele a gas?, de Tomás Urtusástegui” en El Día, 17 junio 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

¿Huele a gas?, de Tomás Urtusástegui

Malkah Rabell

La obra del multipremiado autor mexicano Tomás Urtusástegui: ¿Huele a gas? (que también obtuvo una mención en el Concurso de Teatro Salvador Novo) se considera farsa, y así lo anuncia el grupo estudiantil que la estuvo representando en el auditorio de su propia escuela, el Colegio de la Ciudad de México. Según nos señala Alan Reynolds Thompson en su "escalera de la comedia", que va de la farsa a la alta comedia, y que es considerado como el mejor análisis en este aspecto, los elementos que en este género de obras ha de predominar, son los siguientes, yendo desde los más importantes hasta el de menor valor: 6o: Comedia de ideas o sátira; 5o: Incongruencia de los personajes; 4o: Ingenio verbal; 3o: Estratagema del argumento; 2o: Infortunio físico; lo: Obscenidad. Desde luego, no son los elementos tradicionales que definen el valor de una obra, sino la capacidad de un autor para emplearlos, para hacer uso de ellos. Pero, ya que Tomás Urtusástegui trató en el presente caso de divertir al público, tratemos de seguir su camino al analizar su farsa y preguntemos si realmente lo es.

Como "farsa cómica" lo anuncia el grupo Farándula. Y yo me pregunto: ¿Una farsa puede dejar de ser cómica? Desde luego, si se tratara de subrayar un contrasentido, como decir: "una farsa trágica" o una "farsa dramática" entonces sería necesario recalcar semejante contradicción, igual si dijéramos "Tragicomedia". Bueno, no es nada grave llamar la obra del Dr. Urtusástegui "farsa cómica".

Ahora, revisemos los valores teatrales en el campo de la comedia; de ¿Huele a gas?, según la escalera de valores de Alan Reynolds Thompson. ¿Comedia de ideas o sátira? A decir verdad no está tan alejada de semejante área como podría suponerse. ¿No es acaso una sátira contra la burguesía advenediza? ¿Burla contra los nuevos ricos en nuestro país y hasta de los "viejos ricos", que consideran a todo lo mexicano –voces, lenguaje, teatro, cinema, ópera y hasta modas– con desprecio, como insignificante, de baja calidad y subdesarrollado? Esa breve comedia en un acto nos presenta una noche de fiesta en casa de un joven matrimonio capitalino, que sirve de pretexto al dramaturgo para poner en boca de sus protagonistas las opiniones de unas damas snobs y poco inteligentes, y de sus maridos no menos pretenciosos.

Segundo punto: Incongruencia de los personajes. En este punto nada tenemos que decir. Son siete personajes de clase media, perfectamente congruentes con su clase social, con su educación y con su economía.

Tercer punto: Ingenio verbal. Desde luego, la sátira lo tiene y toda la obra, o casi toda, se sostiene sobre la verborrea de los personajes. Aunque éstos no siempre son ingeniosos.

Cuarto punto: Estratagema del argumento. Casi podríamos decir que la obra no tiene argumento y el estratagema se basa en una situación, que a su vez da lugar a escenas chuscas muy de farsa.

Quinto punto: Infortunio físico. Por fortuna, nadie de los siete personajes lo tiene; no encontramos esas desagradables pelucas y trajes de payaso, con narices rojas y caras embadurnadas como en las "comedias de los cómicos" en el cine mudo. Aquí los siete personajes son físicamente normales, y hasta el sirviente es de un físico agradable a la vista.

Sexto punto: Obscenidad. Aquí nos preguntamos si no hay cierta obscenidad al tratar de una desgracia anatómica que –según me parece– sólo Antonin Artaud ha sido capaz de llevar a escena. Quizá el autor ha insistido en un elemento de bastante mal gusto, porque siendo médico de profesión el Dr. Urtusástegui tiene la costumbre de ver hombres y mujeres desnudas y conocer su máxima intimidad sin avergonzarse por ello.

En fin, después de desmenuzar la obra, que más nos parece una sátira en lugar de una farsa, llegamos a su puesta en escena, debida a un joven director Iñaqui Carrión Zabaraín, quien ha sabido manejar a sus protagonistas con una gran disciplina, transformando a sus actores de alumnos de la preparatoria en personas adultas y responsables. Una correcta puesta en escena que a veces es menos madura en ciertos conjuntos profesionales.