FICHA TÉCNICA



Título obra Educando a Rita

Autoría Willy Russel

Dirección Carlos Téllez

Elenco Ana Martin, Gonzalo Vega

Escenografía Cristiana Martínez

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Educando a Rita” en El Día, 15 julio 1985, p. 23




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Educando a Rita

Malkah Rabell

En una oportunidad, Héctor Bonilla me dijo: "No griten victoria. El auge del teatro en México se debe a la televisión. El público de la clase media –que es nuestro público– va al teatro cuando éste ofrece espectáculo con actores conocidos sobre todo por las telenovelas" (cito de memoria). Y nada es más cierto. En la actualidad la representación que tiene un inmenso éxito de taquilla y de auditorio es: Educando a Rita, en el escenario circular de el Polyforum Siqueiros, sobre todo porque los dos únicos actores del reparto, Ana Martin y Gonzalo Vega, son muy populares por su participación televisiva. En particular la primera que en los últimos años se ha vuelto la primera dama de la pantalla chica.

Lo que no impide que Educando a Rita, del inglés Willy Russel, sea una comedia muy graciosa y a veces hasta chispeante, aunque se encuentren personas "bienintencionadas" que la consideren boba. Lo que se me hace injusto. La obra me parece bastante influenciada por el Pigmalión de Bernard Shaw, conocido entre nosotros por su adaptación a la comedia musical Mi bella dama. También aquí tenemos el caso de la muchacha popular transformada en dama por la intervención de un profesor universitario especializado en literatura y en lenguaje. El idioma con sus poco aristocráticas deformaciones y a veces groserías no excesivamente altisonantes y más bien ingenuas, que emplea Rita, no llegan al caló que hizo famoso Shaw en su Pigmalión. Rita no es una chica de la calle como mi "Bella Dama". Es más bien una proletaria que trabaja en un salón de belleza y decide transformarse en una intelectual. Cambiar de vida y cambiar de personalidad. Para lo cual se inscribe en una Universidad abierta, que ya también tenemos en México. La nueva educación de Rita, a los 26 años le parece superflua a su marido –con los clásicos celos ante la mujer que se escapa ante el poder masculino– y termina por separarlos. En tanto que Rita va a pasos agigantados transformándose en una nueva personalidad que sorprende a su maestro por su frescura y por su inteligencia, muy distinta de los alumnos habituales.

Educando a Rita no es un estreno en México. La obra ya había sido puesta en escena hace unos cinco años por Germán Castillo, con Manuel Ojeda en el papel del maestro y con una muy joven actriz (cuyo nombre escapa a mi memoria) en el personaje de Rita. Y para quienes hemos visto aquel montaje en el pequeño teatro Eón con su muy singular escenografía que rodeaba todo el escenario con vidrios, como una ventana, la nueva dirección de Carlos Téllez nos permite una curiosidad comparativa. A decir verdad ambas puestas en escenas me han gustado. Aunque la representación actual resulta un poco más "comercial", más extravertida y dirigida a un público más amplio y acostumbrado a la televisión. Ana Martin, es una excelente actriz, la televisión aún no la echó a perder... del todo. Pero tiene escenas en que cae en exageraciones. Como las últimas, cuando trata de imponer su nueva individualidad de "intelectual". Desde luego esas actitudes prentensiones y falsas, hacen reir a carcajadas, pero no dejan de ser más histriónicas que humanas.También su primer escena es de excesiva vulgaridad, con su ropa de colores chillantes y su moño en la cabeza. Un ser humano tan íntimamente preocupado por su propia superación no puede ser, o no debe ser, tan llamativo. En cambio, en todo el resto de su interpretación ha demostrado una dicción perfecta, muy clara, con una voz llena de matices y un rostro muy expresivo.

Además de una comicidad que lograba los efectos buscados. En cuanto a Gonzalo Vega, me gustó muchísimo en toda la primera parte, sobre todo en el primer acto cuando trata de crear un carácter, y lo logra. El carácter de un hombre ya no muy joven. que se siente fracasado como poeta y busca refugio en la bebida. Pero también él en las últimas escenas cae en el melodrama. No creo que un inglés sea capaz de volverse tan sentimental. No es un latino.

La dirección de Carlos Téllez ha logrado mover la acción en un escenario circular, sin perder nada de los parlamentos. Ni siquiera nada de los diálogos, cuando uno de los protagonistas nos da la espalda. Lo que no es nada fácil. El ritmo resulta muy agil. También la escenografía de Cristiana Martínez de Velasco, así como el movimiento de las luces, ayuda a sostener el interés de un público entusiasmado.