FICHA TÉCNICA



Título obra Querido León Felipe

Notas de autoría León Felipe / autor de los poemas y prosa; Gerardo Maldonado / adaptación teatral

Dirección Gerardo Maldonado

Elenco Ofelia Guilmáin, Pablo Arturo Torres, Armando Daniels, Roberto Tsuda; músicos: Araceli Hernández, Virginia Montiel, Carlos Pascual

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Querido León Felipe con Ofelia Guimáin” en El Día, 12 junio 1985, p. 23




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Querido León Felipe con Ofelia Guilmáin

Malkah Rabell

Comentar un espectáculo de poesía, reseñar un recital poético, sin el texto a la mano, es excesivamente difícil. En su ausencia he de recurrir a mi propia memoria, a las palabras que –caóticamente– han quedado grabadas en ella. La idea general, en esta representación que ofrece Ofelia Guilmain en el teatro Helénico para homenajear al genial poeta León Felipe, en los cien años de su nacimiento, el que murió en 1968, es buscar a través de versos y poemas, a través de un entretejer de un canto con otro, el hilo que guiaba el pensamiento y la vida de ese poeta, de ese Querido León Felipe, de ese bardo místico y revolucionario a la vez.

En el libreto de Gerardo Maldonado, quien también es el director de este recital escenificado por tres jóvenes actores, Pablo Arturo Torres, Armando Daniels y Roberto Tsuda, así como por tres jóvenes músicos: Araceli Hernández, Virginia Montiel y Carlos Pascual, encabezado todo el grupo por la voz profunda de Ofelia Guilmain, el texto nos hace más sentir que pensar. El pensamiento, después de aflorar, se escapa rápidamente, para oprimir el corazón y anidar en los ojos, en el llanto que lenamente fluye, sin que seamos capaces de explicar por qué. En algunos fragmentos surge un sentido del humor, como en la charla entre los actores acerca de las aves en la política y en la religión. Algunos otros poemas nos son conocidos y sin embargo huyen de nuestra memoria, y sólo nos dejan un terrible lamento, un desgarramiento mudo, que nos sacude y nos deja destrozados. Y cuando termina el recital, después de una hora y cuarto, el público, tras de despedir a los actores con entusiastas aplausos, queda senta en la sala, otra vez inmovilizado, esperando una segunda parte, hambriento de más palabras, de más poesía y de más voces que nos la reciten, o que la canten. Convencido de que no todo recién empieza, sólo se inicia y que falta aún mucho para terminar.

Es difícil recuperar el hilo del pensamiento místico del bardo, quien en algún poema suyo dijo: "Nadie fue ayer/ni va hoy/ni irá mañana/hacia Dios/por este mismo camino/que yo voy./Para cada hombre guarda/un rayo nuevo de sol/y un camino virgen/Dios..." este camino nuevo los intérpretes de Querido León Felipe lo señalan al hablar del infierno y la blasfemia, que radican en gran parte de la poesía de León Felipe, que a veces dan al poeta una voz de revolucionario, o por lo menos de rebelde que se alza contra el gran conserje Pedro, que tres veces renegó de Cristo. Más, por encima de las palabras, la dirección de Gerardo Maldonado proyecta una cruz luminosa sobre el fondo oscuro de la escenografía. Cruz que impone a la figura de León Felipe un sentir religioso por encima de todas las rebeldías.

Hay también en ese coro de voces claras encabezadas por el contralto de Ofelia Guilmáin, un poema donde el poeta pide perdón. Tal vez sea el poema titulado Perdón de su último libro ¡Oh, este viejo y roto violín! que dice: "Soy ya tan viejo,/y se ha muerto tanta gente a la que yo he ofendido/y ya no puedo encontrarla/para pedirle perdón./Ya no puedo hacer otra cosa/que arrodillarme ante el primer mendigo/y besarle la mano./Yo no he sido bueno.../quisiera haber sido mejor./Estoy hecho de un barro/que no está bien cocido todavía./¡Tenía que pedir perdón a tanta gente!. ../Pero todos han muerto./¿A quien le pido perdón ya?/¿A ese mendigo?/¿No hay nadie más en España,/en el mundo,/ a quien yo deba perdirle perdón?"

Y otra estrofa, aún hermosa continúa: "Voy perdiendo la meoria/y olvidando todas las palabras.../Ya no recuerdo bien.../ Voy olvidando... olvidando... olvidando.../pero quiero que la última palabra, pegadiza y terca/que recuerde al morir/sea esta: PERDÓN."

Que palabra tan maravillosa para cerrar un recital, y para cerrar una vida.