FICHA TÉCNICA



Título obra A la diestra de Dios padre

Autoría Tomás Carrasquilla

Notas de autoría Enrique Buenaventura / adaptación teatral

Dirección Víctor Eberg

Elenco Ramón Aranza, Tere Moll, Antonio Barrios, Enrique Camacho, Miguel de Santiago, Alma del Rocío, Guillermo Castro, Víctor Eberg

Escenografía Víctor Eberg

Grupos y compañías Grupo Teatro Latinoamericano, A. C., Egresados del Instituto Cinematográfico ANDA

Espacios teatrales Teatro Jorge Negrete

Eventos Debut del Grupo de Teatro Latinoamericano

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. A la diestra de Dios Padre”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 17 julio 1966, pp. 5 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

A la diestra de dios padre

Mara Reyes

Teatro Jorge Negrete. Autor, Tomás Carrasquilla. Adapt. Enique Buenaventura. Dirección y escenografía, Victor Eberg. Repartos: Grupo Teatro Latinamericano, A.C.-ANDA.

Quiero ante todo hacer patente mi felicitación a la Asociación Nacional de Actores, por haber devuelto al Jorge Negrete su carácter de TEATRO pues era lamentable que se hubiera convertido en una carpa –en su sentido peyorativo. La Casa de los Actores debe ser por antonomasia la Casa del Teatro.

El estreno de la obra A la diestra de Dios Padre, de Tomás Carrasquilla es importante por varias razones, la primera, porque se trata de la inauguración de un grupo cuya rúbrica de "Teatro Latinoamericano, A. C.", es la manifestación tácita de sus propósitos y finalidades: escenificar obras de autores latinoamericanos. Y esto es sumamente importante porque es la primera vez que una compañía profesional se interesa en abrir un mercado a los autores americanos. Es penoso que cuando hay razones de unión tan poderosas, como la de compartir un continente y una misma lengua, vivamos tan alejados del resto de los países latinoamericanos. Europa vive en su mundo de tradiciones ancestrales y poco se interesa por conocer nuestra literatura, nuestro teatro, en suma, nuestro arte. Y esto es comprensible, aunque no justificado, como lo es que un padre siga viendo en su hijo a un bebé, aun cuando éste haya cumplido ya la mayoría de edad. Pero que nosotros, los países que estamos creciendo juntos, nos aislemos y no conozcamos siquiera los intentos –o los resultados de esos intentos– de nuestros condiscípulos primero, y de nuestros colegas, después, en la construcción de un arte propio, es imperdonable.

Se habían hecho temporadas de teatro latinoamericano, siempre subvencionadas o por la Universidad, o por el Instituto Nacional de Bellas Artes, pero esta es la primera vez que surge un grupo profesional, nuevo, con estas miras, lo cual viene a ser como la primera piedra de una nueva etapa de conocimiento mutuo, que nos ayude a integrar experiencias y que dé a los autores latinoamericanos un estímulo para su creación, ya que nada hay más deprimente que el aislamiento, ni nada más destructor que la indiferencia.

El segundo motivo de regocijo, es la aparición de una [p. 6] nueva generación de actores, ya que el elenco que integra este nuevo grupo, se inaugura, también, dentro del teatro profesional. Casi todos son egresados o alumnos todavía, del Instituto Cinematográfico de la ANDA.

En cuanto a la obra, se trata de una muy decorosa puesta en escena de una mojiganga de Tomás Carrasquilla, quien está considerado como uno de los novelistas de sano realismo más notables no sólo de Colombia, sino –dentro del género costumbrista– de Iberoamérica. La obra, se desarrolla en un clima rural, con intromisiones de personajes de índole divina, los cuales son tratados por el autor con un fino humorismo.

Y si el trazo de los personajes un tanto ingenuo, se debe principalmente a que los habitantes de tales aldeas campesinas, son simples en sus rasgos y otorgarles una mayor complejidad, sería desvirtuarlos.

El autor trata de demostrar con esta sátira, que no es con la “caridad” como se resuelven los problemas de una sociedad “subdesarrollada”. Que la caridad sólo acarrea la holgazanería y la especulación. Como se ve claramente, esta obra es fruto elocuente no sólo de la vida política y social de Colombia, sino de muchos de nuestros países.

En cuanto a la puesta en escena, Víctor Eberg –en su calidad de director y escenógrafo– consigue crear una atmósfera propicia al desenvolvimiento de la anécdota. Supo dar al personaje de Peralta, la picardía y la ingenuidad que éste requería, y a los personajes divinos, la gracia con que el autor los dibujó. Supo también dar agilidad a las escenas y color local –sin folklorismos– a las acciones. La adaptación, de Enrique Buenaventura se limitó a suavizar ciertos giros del lenguaje que hubieran resultado incomprensibles y si algunos de estos giros quedan en la obra, la mímica o la intención con que son dichos, los aclaran.

El reparto es extenso y sería difícil explayarme en apreciaciones sobre cada uno de los actores, baste decir que sobresalen: Ramón Aranza –que desempeña el papel de Peralta con toda eficacia–, Tere Moll –en el de la Peraltona–,Antonio Barrios, Enrique Camacho, Miguel de Santiago, Alma del Rocío, Guillermo Castro y el propio Víctor Ebergque interpreta a San Pedro.