FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Pelearán a diez rounds!

Autoría Vicente Leñero

Dirección José Estrada

Elenco Carlos Ancira, José Alonso, Rebeca, José Cuevas (Pipino)

Escenografía José Estrada

Espacios teatrales Teatro Wilberto Cantón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. ¡Pelearán a diez rounds!” en El Día, 10 junio 1985, p. 23




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

¡Pelearán diez rounds! de Vicente Leñero

Malkah Rabell

Esta vez Vicente Leñero eligió un tema excesivamente conocido, ya que ha sido representado centenares de veces en la pantalla cinematográfica, aunque rara vez adaptado al escenario: el del boxeador frente a los problemas que su oficio le crea tanto en su vida diaria como ensu vida conyugal. Y si bien los amantes de este violento deporte lo gozan mucha en las película, donde el protagonista puede estar doblado por un auténtico boxeador, no pasa lo mismo en el teatro donde el protagonista ha de hacer por lo menos una de las partes en el match.

En esta oportunidad, en la obra en que se presenta y actúa Carlos Ancira en el teatro Wilberto Cantón, el boxeador "aficionado" (en la vida teatral, pero campeón en la obra de Leñero) es el excelente actor José Alonso, a quien queda infinitamente más ese papel del boxeador fornido, que el del estudiante asesino y neurótico de Crimen y Castigo, Raskolnikoff. Mas, si en el cine los aficionados al box gozan la representación de su deporte favorito realizado por dos profesionales, no sienten el mismo placer ante un actor que más sabe de actuación que de auténticos "rounds". Más, es un espectador como yo, perfectamente ignorante de los secretos de juego de los puños, se me antojaba mucho más "profesional" –o por lo menos mucho más interesante– José Alonso que "imitaba" los golpes dados y recibidos, que el verdadero boxeador, "Pipino" Cuevas.El primero "actuaba" a su personaje, en tanto el segundo se contentaba en dar golpes. Lo que a mí me aburría de lo lindo.

Para la presente obra, Vicente Leñero recurrió a la técnica que ya había usado en La visita del ángel. En esta última pieza, la protagonista, la abuela, se pasa todo un acto pelando papas, arvejas y zanahorias, mientras el anciano marido lee tranquilamente un periódico y de tanto en tanto comenta alguna noticia. Casi no hay parlamentos.

Tampoco los hay en ¡Pelearán diez rounds! Aquí el único en hacer comentarios es el cronista de la T.V. mientras en el ring continua la pelea. Golpes ¿bien dados? o ¿mal dados? No tengo la menor idea. Nunca he asistido a ningún match. Toda mi vida he sido enemiga de la violencia. ¿Y qué es un match de box si no un juego de violencia y crueldad? Es hasta peor que una corrida de toros, la cual por lo menos tiene cierta belleza plástica en esa lucha del hombre contra una bestia; el hombre armado y la bestia sólo nunca le hizo daño alguno. Y si no es suficiente con una partida de box en el primer acto, en el segundo vuelve a repetirse toda la acción y todos los parlamentos del primero. Los mismos parlamentos de Bobby Terán, el protagonista, con su esposa y con su mánager. Lo único que cambia es el final. En el primer acto la esposa se suicida, y en el segundo la esposa mata a su conyuge. ¿Esta mujer, resucita, qué significa? ¿Se trata de una pesadilla durante el estado de inconsciencia en que lo pusieron los puños del contrincante?

La obra no convence. Pero los tres actores que forman el núcleo central, los tres personajes protagónicos del reparto: José Alonso como Bobby Terán, Rebeca como su esposa; y Carlos Ancira en el papel del mánager; son excelentes. Mas, el que es realmente estupendo es José Alonso, que se entregó a un duro entrenamiento para imitar golpes dados y recibidos. Lo que no deja de ser peligroso. El profesional "Pipino" Cuevas, puede en un momento dado perder el control y arremeter contra el actor. Esperemos que nunca suceda tal cosa.

En cuanto a la dirección de José Estrada, trató y logró reproducir un estupendo ambiente de Arena México con su ruido de multitudes, con sus paredes cubiertas de anuncios de refrescos y cervezas, con su ring en el centro de la escena, rodeado por el público sentado en el escenario de tres lados, en tanto que el cuarto costado lo representa el público en la sala. Toda la escenografía real de una sala de box, escenografía que igualmente se debe a José Estrada. Hasta los programas reproducían el formato y el colorido de un programa de box.

Pero todo es realismo no pudo despertar el interés de un público de teatro, aunque la noche del estreno, la sala del teatro Wilberto Cantón estaba repleta. El auditorio, de un teatro necesita, y busca, consciente o inconscientemente, el dramatismo y la psicología de una acción teatral. Aquí, en este ¡Pelearán diez rounds! se comprendía poco, y se emocionaba aún menos.