FICHA TÉCNICA



Título obra La pareja dispareja

Autoría Neil Simon

Dirección Manolo García

Elenco Julio Alemán, Joaquín Cordero

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas

Productores Manolo Sánchez Navarro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las cien representaciones de La pareja dispareja” en El Día, 3 junio 1985, p. 25




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las cien representaciones de La pareja dispareja

Malkah Rabell

Famoso por su fertilidad en la dramaturgia de su país, los Estados Unidos, Neil Simon lo es igualmente por la inteligencia de sus comedias, llevadas en su mayoría a la pantalla. Una de las más gustadas fue Departamento de Soltero, sobre todo en su forma fílmica. Se suele considerar que las películas mejoran infinitamente los malos textos literarios o teatrales. Tal vez sea este el caso de La pareja dispareja, que como película fue un gran éxito. Representada actualmente en el teatro Manolo Fábregas, llega a las 100 representaciones y me parece ni muy divertida ni muy inteligente.

Se trata en este caso, de esas obras que cuando carecen de muy buena interpretación en los personajes protagónicos, se van a pique, y caen por su propio peso. Por fortuna para el público y para el joven productor, Manolo Sánchez Navarro, La pareja dispareja tiene dos excelentes actores en la interpretación de la "pareja", Julio Alemán como Félix, y Joaquín Cordero como Óscar, dos amigos, que conjuntamente con un grupo de "cuates" se reúne una vez por semana en la casa del recientemente divorciado Óscar, para jugar a la baraja. Cuando se alza el telón del primer acto, esos amigos ya están en plena efervescencia en torno de la mesa de juego. Pero uno de los principales jugadores, Félix Undurraga, falta. Los jugadores deciden llamar a su casa, y reciben como respuesta que Félix desde algunos días ha desaparecido tanto de su casa como de su trabajo. Y también se enteran de que la esposa de Félix ha pedido el divorcio. Semejante situación se presta para que el círculo de jugadores empiece a pensar lo peor, y hasta llegue a sospechar dé que Félix se haya suicidado.

Mas, de repente aparece Félix, y después de largas discusiones el supuesto suicida, deseoso de hacerle creer a su cónyugue que tal fue su suerte, pide a sus amigos que no revelen su presencia a su esposa. Con este acto completamente infantil, que usan a menudo los niños para "castigar" a sus padres por cualquier regaño, Félix demuestra su carácter inmaduro. Pero, Óscar, amigo fiel, le ofrece a Félix un nuevo hogar en su propio departamento de hombre divorciado. En el segundo acto, ya encontramos a instalado en la casa de su amigo. Casa transformada como por magia en una auténtica cajita de juguete. Toda limpia, ordenada, mona, donde todos los ceniceros están limpios y vacíos y del piso desapareció cualquier huella de pasos. Una casa digna de un solterón maniático.Como lo pueden deducir, este departamento, donde cada uno de los jugadores trata de refugiarse para huir del orden que los atormenta en sus propios hogares, ha adquirido todos los defectos de una casa familiar, sin ninguna de sus virtudes. En el transcurso de los tres actos en los cuales está dividida la comedia, suceden algunas aventuras de faldas y algunos pleitos de un matrimonio tradicional, donde empieza a crecer un odio mutuo.

La comedia de Neil Simon carece de acción, pero en cambio le sobra verborrea, lo que termina por cansar hasta el espectador de mejor voluntad. Lo que no impide que para las cien funciones de este espectáculo la sala del Manolo Fábregas estuviera repleta tanto de público de la taquilla, como de invitados. Un auditorio que se divertía, lo que no lograba que me sucediera a mí, que me aburría solemnemente, pese a una dirección de Manolo García de un ritmo ágil, que movía a todo su conjunto interpretativo con mucho dinamismo.

Sobre todo fue excelente la actuación de la pareja protagónica, con un Julio Alemán que recordaba a Buster Keaton, y como éste tenía la cara larga y triste. Julio Alemán no sólo es un magnífico actor, sino que tiene muchísima simpatía, tiene "ángel" tanto en sus partes cómicas como en las dramáticas, o simplemente melancólicas. En cuánto a Joaquín Cordero, igualmente excelente actor en diversos géneros, encontró el tono justo tanto en lo cómico como en lo dramático.

El resto del reparto, todos fueron muy correctos, corno lo fue igualmente la escenografía, que en su puesta original se debió a Julio Prieto, fallecido desde una docena de años, y que para el presente espectáculo fue interpretada por David Antón.

Adaptada a México, por fortuna para todo el espectáculo, la adaptación no se mostraba demasiado fiel al marco geográfico de un asunto que psicológico y socialmente pertenecía a los Estados Unidos.