FICHA TÉCNICA



Título obra Los muertos

Autoría Max Aub

Dirección Manuel Bauche

Elenco Silvia Mejía, Juana P. Zárraga, Manuel Bauche

Grupos y compañías Grupo Teatral Independiente

Espacios teatrales Teatro Teresa

Eventos 2a. Muestra Internacional de Teatro Amateur

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Max Aub en la 2a. Muestra Nacional de Teatro Amateur” en El Día, 29 mayo 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Max Aub en la 2a. Muestra Nacional de Teatro Amateur

Malkah Rabell

Hace ya mucho que Max Aub, el novelista, el dramaturgo, poeta, ensayista y catedrático de la UNAM, no aparece ni en nuestro teatro, ni en nuestra pantalla nacional; él, cuyos textos han servido tantas veces de guión a películas mexicanas. Este escritor, cuyo destino fue ser cosmopolita, ya que nacido en París, en 1903, de madre francesa y de padre alemán, pero español por su educación y formación cultural, había elegido a México como su segunda patria, después de la llegada de Franco al poder en España; México, donde había llegado en 1942, fue el país donde había escrito casi toda su obra. La 2a Muestra Nacional de Teatro Amateur que se lleva a cabo actualmente en el teatro Teresa, lo volvió a recordar en la adaptación libre de su obra Los muertos realizada para el Grupo Teatral Independiente por su director Manuel Bauche. Y francamente, la he gozado como si fuera una representación a nivel profesional.

Los muertos es una obra adaptada a México, aunque Matilde, su personaje protagónico, conserva mucho de española. Un personaje que nos recuerda a Rosita la soltera y a Yerma, y hasta un poco a La casa de Bernarda Alba. Pero también nos recuerda a unas protagonistas como Señoritas a disgusto, nuestras compatriotas. Porque en todos los países del mundo, sobre todo en la provincia y en las aldeas, existen señoritas solteras que han tenido miedo de vivir su vida por el qué dirán los vecinos y las damas decentes de la buena sociedad. Pero posiblemente en ninguna parte son tan encerradas en su "decencia", en su puritanismo de origen inquisitorial, como en España. En México, las solteras no temen –hace ya mucho– tener hijos, aunque los presenten después como sus hermanitos. Y hasta semejante costumbre va pasando de moda. Matilde no deja de ser inteligente y hasta juez severo de sus propias debilidades. Ha tenido la cobardía de rechazar al hombre a quien amó eróticamente. Y más tarde tampoco encontró la valentia de casarse con el novio "decente", por la falta de medios económicos de ésta para colocarse a la altura de la propia Matilde. Situación, que al iniciarse el único acto de Los muertos ya dura cuarenta años. ¡Un noviazgo de 40 años, y nunca se han tuteado! ¡Tal vez nunca se han besado! Matilde, como su envejecido y tímido pretendiente oficial, preclaro, están muertos en vida. ¡Nunca han vivido, nunca han gozado de libertad y alegría! Para Max Aub, la primordial materia vital para una vida femenina parece ser el engendrar hijos. Pero el director y adaptador, Manuel Bauche, ha sabido ensanchar el horizonte dramático y a veces hasta ha cambiado la expresión del original como "procrear", por la más bella y profunda de "vivir".

Puesta en escena con una escenografía muy modesta, crea no obstante el ambiente adecuado. Una atmósfera que una cierta lentitud de gestos y lenguaje subraya. Atmósfera de una vida donde las horas se arrastran lenta, lentamente. Donde la monotonía se instala en la acción y en el pensamiento. Un ambiente donde el único interés consiste en transmitirse unos a otros los pequeños sucesos diarios, las insignificantes noticias de la vida ajena. Un ambiente donde todos parecen muertos.

En el papel protagónico de Matilde, la mujer que por miedo a la absurda opinión pública, ha matado en sí misma su propio temperamento, su inteligencia y todas sus pasiones, Silvia Mejía maneja muy bien su voz, los matices vocales, y a veces la técnica corporal. A su vez en el papel de la vieja sirvienta, Acacia, que hace ya parte de la vida de su ama, Juana P. Zárraga, le dio mucha naturalidad a su personaje, tanto física como moralmente, con sus expresiones del rostro y del lenguaje, que Acacia corta sin terminar las frases, como si no encontrara en su mente las palabras adecuadas. Pero quien dio a la representación una calidad de profesionalismo fue Manuel Bauche, el director, quien en la presente oportunidad hizo el papel del novio envejecido, preclaro.Y pese a que, según su propia declaración, no ama ser al mismo tiempo director e intérprete, ya que la actuación le impide dedicar todos sus cuidados a la dirección, ambas tareas, tanto la directiva como la interpretativa, han tenido en el espectáculo una perfecta calidad.