FICHA TÉCNICA



Título obra Los vagos

Notas de Título I Vitelloni / título en el idioma original

Notas de autoría Federico Fellini y Ennio Flaiano / autores del guión cinematográfico homónimo

Dirección Ricardo Ramírez Carnero

Grupos y compañías Alumnos de la Escuela de Actuación del INBA

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón.Los vagos con estudiantes dramáticos: ¡excelente! ” en El Día, 27 mayo 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los vagos con estudiantes dramáticos: ¡excelente!

Malkah Rabell

He asistido a docenas de representaciones debidas a estudiantes de Escuelas Dramáticas, ya del INBA, ya de la ANDA, o de otras escuelas privadas, y fuera de alguno que otro espectáculo logrado –como Lagartija, obra soviética puesta en escena estupendamente por un director y maestro de la misma nacionalidad–, en la mayoría de los casos no me han despertado entusiasmo alguno. Mejor dicho me han aburridó desesperadamente por su falta de experiencia y su abundancia de tics, de imitaciones de elementos televisivos y de malas dicciones. Por lo mismo muy pocos deseos tenía yo de asistir a la función ofrecida a la prensa en el teatro Orientación. Espectáculo basado en I Vitelloni, o Los vagos, la primera película que en su triunfal carrera cinematográfica realizó Fellini más o menos por los años 1953, y que actualmente, puesta en escena por alumnos de la Escuela de Actuación del INBA, se presenta en el teatro Orientación, en la Unidad del Bosque, bajo la dirección de Ricardo Ramírez Carnero.

Y cual no fue mi sorpresa, y mi alegría, al encontrarme con un conjunto de "auténticos actores", de quienes ignoro a qué año de sus estudios pertenecen, ya que no lo menciona el programa. Un conjunto increíble y novedoso homogéneo. Lo que hace difícil señalar a ciertos intérpretes más destacados que otros. Ya que todos parecen dominar su oficio de comediantes. La inmensa mayoría de los 17 intérpretes ya son actores (cor poquísimas excepciones), que no harían mal papel en cualquier empresa profesional ya en papeles mayores o menores. El guión mismo de Fellini y E. Flaiano, ofrece a cada uno de esos jóvenes intérpretes la posibilidad de dar relieve a sus personajes. Quizá alguno que otro, en un momento dado, baja de tono y cae en alguna falla, ¡pecado menor! que no se nota dentro de un conjunto perfectamente disciplinado, con vocalizaciones matizadas, con voces claras y dicción no menos clara. Jóvenes estudiantes que se mueven por el espacio escénico y por las áreas agregadas con perfecta libertad y naturalidad. Si a ello agregamos que casi todos ellos son bien parecidos, y hacen gala de presencia escénica, puede el lector deducir que se trata de un conjunto en plena madurez, en pleno dominio del aprendizaje escolar. Una representación que mereció de un auditorio formado por colegas, maestros y alumnos, un público tan profesional con los actores mismos, recibió con una estusiasta ovación el final de la obra.

Desde luego, de esa profesionalidad interpretativa no puede dejar de ser responsable en gran parte por lo menos, el director de escena, Ricardo Ramírez Carnero, quien dividió la escenografía en dos áreas. Una en la superficie del escenario este último prolongado por unas tablas agregadas hasta por lo menos la tercera fila de la sala. La superficie se comunicaba con la parte subterránea por medio de unas trampas, o puertas enclavadas en el suelo, que se levantaban y dejaban asomar la parte superior del cuerpo de algunos actores, que desaparecían dejando caer la puerta cuando la escena se terminaba. Unas trampas que no eran posiblemente muy realistas, pero no dejaban, en cambio de ser sugestivas.

Fellini que desde aquella primera película, I Vitelline, cuando aún ignoraba lo que el destino le deparaba, ya nos demostró que amaba buscar razones colectivas en hechos individuales, nos presentó un grupúsculo de jóvenes ligados por su atracción por la vagancia. Los vagos del pueblo que ni estudian, ni trabajan, ni forman familias nuevas, en un medio donde la familia es sagrada. Lo que hace que algunos de esos vagos reciban no pocos violentos castigos de sus progenitores, castigos que para nada sirven. El vago sigue siendo vago, y el orador se nos antoja Fellini mismo, quien nos relata un caso particular dentro de esa colectividad de haraganes. La historia de una joven pareja a quienes los padres obligaron a reunirse en matrimonio cuando la joven iba a ser madre en un ambiente y en una época –1951– cuando la maternidad de una soltera aún estaba muy mal vista. Fausto, el novio, recibió bofetadas no sólo de su propio padre, sino también de su propia novia, Sandra, que no tardó en transformarse en su esposa. Los "Vitellini" siguieron su camino de vagos, y sólo uno de ellos, amigo de Fausto, pero más sensible a las injusticias y menos atraído por la vaciedad de una vida humana, logró cambiar de ambiente, logró irse y reiniciar su vida, una vida productiva en otros ámbitos. ¿Este personaje sería Fellini mismo?.

No es posible citar nombres particulares que se distinguieron en especial, porque todo el conjunto es excelente, y el espectáculo merece ser visto.