FICHA TÉCNICA



Título obra La razón de Elvira

Autoría Víctor Hugo Rascón Banda

Dirección Pedro Augusto Chuck

Elenco Silvia Elizabeth Martínez, José Alberto Muñoz, Raúl Antonio Muñoz

Grupos y compañías Compañía de Teatro del Colegio de Bachilleres Plantel 6

Espacios teatrales Sala TESSA

Eventos 2a. Muestra Internacional de Teatro Amateur

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Se inauguró la 2a. Muestra Nacional de Teatro Amateur” en El Día, 22 mayo 1985, p. 23




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Se inauguró la 2a Muestra Nacional de Teatro Amateur

Malkah Rabell

El sábado 18 de mayo se inauguró en la sala TESSA la 2a. Muestra Nacional de Teatro Amateur. No volvió a renacer ese desatado entusiasmo que el año pasado acompañó y fue la característica de la primera Muestra Internacional de la misma organización. Lo que no deja de extrañar y demuestra cuan poco válidos son los primeros síntomas de cualquier nacimiento físico o moral. En cambio lo que sí mereció el entusiasmo del público fue la representación de una estupenda obra: La razón de Elvira del joven dramaturgo mexicano Víctor Hugo Rascón Banda, puesta en escena por la Compañía de Teatro del Colegio de Bachilleres, Plantel 6. Drama que nos convence cada vez más que Víctor Hugo Rascón Banda con cada nueva obra crece como dramaturgo.

Según parece La razón de Elvira se basa en un hecho verídico, que el autor como abogado de profesión, encaró desde un doble punto de vista. Primero, como creador, nos presentó el drama –o mejor dicho la tragedia de esta Medea mexicana–, en tanto la segunda parte presenta la injusticia de las leyes, sobre todo cuando son aplicadas al pobre, al desválido, al carente de defensa. ¿Cuál es la razón que Elvira, muchacha de pueblo, víctima de la más profunda miseria y de la más desgarradora soledad, tiene que matar a sus cuatro hijos y después tratar de suicidarse? Y en el escenario van desfilando las desgracias de esa joven que nace y sueña y empieza a dar sus primeros pasos en la vida, como todo el mundo, como todas las jóvenes que se quieren casar y tener hijos y ser felices. Y a quienes la vida de la más implacable miseria y de injusticia, logran trastornar y transformar en asesina y fracasada suicida. Es cierto, como dice la abogada de oficio: "Mujeres como Elvira, en las mismas condiciones hay miles en México, y no obstante nadie mata a sus hijos". Eso sólo prueba que debemos cambiar la sociedad en la que vivimos para que nunca más sucedan semejantes hechos. Cambiarla por una sociedad más justa y humana, donde las Elviras serán seres respetados y no simples objetos que cualquiera puede violar e imponerle una maternidad no deseada y hambrienta; las Elviras no tendrán razones para matar a las criaturas de su propia sangre y entrañas. ¿La razón de Elvira? Pues la existencia en un mundo, en una sociedad cruel y despiadada.

Desde el punto de vista dramático, la obra se mantiene de una extraordinaria unidad hasta el momento cuando Elvira se pone la soga al cuello. Después de esta escena, la obra decae. Tal vez porque el autor se dejó llevar por su sentido de hombre de Leyes y de crítico social, y da la palabra a la abogada y a los defensores de una sociedad podrida. Yo hubiese preferido que tuerámos nosotros, los espectadores, los verdaderos jueces de las razones de Elvira, y el dramaturgo dejara caer el telón ante la interrogante que sugiere el título: ¿cuáles son las razones de Elvira para matar y suicidarse? ¿Hay que castigarla o ayudarla a recuperar su razón de vivir? Desde el punto de vista dramático la obra –hasta la escena del suicidio fracasado– es de tal desgarradora fuerza, que permanecemos inmóviles, con el corazón deshecho y un deseo mudo de llorar y hasta de gritar.

Víctor Hugo Rascón Banda da numerosas razones para considerar a la protagonista como una trastornada mental. Pero estas razones no las considera como tales la ley, que la condena a 25 años de cárcel, y que después, al revisar el proceso le agregó otros cinco, es decir treinta años de encierro. ¡Toda una vida destrozada, sin una sola sonrisa en el horizonte!

En cuanto a la puesta en escena debida a Pedro Augusto Chuk, el director la maneja con elementos muy modestos, y hasta pobres, con una escenografía a todas luces construida por los propios intérpretes, pero a la cual no le ha faltado sugestión. Mas, este teatro "pobre", como diría Grotowski, poesía algo más que efectos escénicos. Con un doloroso realismo –que nos recordaba la adaptación a la escena de Los hijos de Sánchez debida a Vicente Leñero– mantuvo en suspenso al público. Y hasta los intérpretes, todos a nivel amateur, pese a su falta de experiencia, y hasta por su excesiva naturalidad que más bien subrayaba la falta de oficio, con el transcurso de lanbadán se adaptaban cada vez más a sus personajes.

Alguno que otro de los jóvenes actores ya dejaba asomar cierta capacidad interpretativa, como Silva Elizabeth Martínez en el papel de Elvira, José Alberto Muñoz como Felipe, padre de tres de los hijos de Elvira, y sobre todo el narrador, al cual V.H. Rascón manejó muy al estilo brechtiano, al cual Raúl Antonio Muñoz –si no me equivoco de nombre por falta de programa– respondió con temperamento de actor.