FICHA TÉCNICA



Título obra Despertar de primavera

Autoría Frank Wedekind

Dirección Lila Sixtos

Espacios teatrales Teatro anexo a la Facultad de Arquitectura

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Despertar de primavera en el teatro de la UNAM” en El Día, 15 mayo 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Despertar de primavera en el teatro de la UNAM

Malkah Rabell

La joven directora universitaria, que según parece cumple apenas los veintidós años, Lilia Sixtos, eligió para llevar a la escena del teatro anexo a la Facultad de Arquitectura, con sus alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras, la conocida obra del autor y escritor expresionista alemán, Frank Wedekind: Despertar de primavera (o como traducen otros el título original: Frühlings Erwachen, El Despertar de la primavera). Obra en la cual, el dramaturgo nacido en 1864 en Hanover, y fallecido en Munich en 1918, trata de desplegar ante el espectador el cuadro de una adolescencia que despierta a la vida sexual de la cual ignora todo, tal como la época y el ambiente de su país lo exigían. Hoy, este drama nos resulta desesperadamente ingenuo, con sus jovencitos y jovencitas que a los 14 años todavía creen en las cigüeñas, en tanto los niños de nuestro propio tiempo, a los cinco años ya saben que el hermanito que ha de llegar está en el "vientre de mamá". Niños contemporáneos que las mamás de la "nueva onda" educan en el conocimiento de todos los misterios biológicos del sexo casi desde el nacimiento, o por lo menos desde que aprenden a usar el idioma y la mamá les lee los libros especializados en la materia.

Frank Wedeking en su tiempo encabezaba el movimiento expresionista de su país. Movimiento que se alejó el naturalismo a la Zola, para crear un neorealismo, y para el cual una revolución sexual era absolutamente necesaria, aunque Freud, cuando se presentaba Despertar de Primavera, en 1891, aún era desconocido. El dramaturgo tal vez exageró la nota para subrayar con tinta roja el maleficio y las desgracias que la educación de severidad puritana y absurda ignorancia del sexo pueden provocar en la vida de una adolescencia que apenas despierta al amor primaveral. Lamentablemente, esta obra, y este tema que tal vez hubieran podido ser hermosos si contaran con mayor ternura y mayor poesía, caían a menudo en la farsa gruesa. Lo que no era del todo culpa de la directora de escena, sino del autor, quien por lo general cuando trataba de ser cómico caía en la grosería. Tal como sucede en la escena de los educadores, que carecen de toda comprensión por los problemas de sus discípulos, y de toda solidaridad por los jóvenes. Tampoco es culpa de la directora, si la obra se antoja terriblemente fragmentada, lo que hace perder al drama su unidad y su fuerza dramática. También ello se debe a la creación del autor, que ha formado su obra a base de breves cuadros, cortados constantemente por efectismos escénicos, como la danza de las cigüeñas o la danza de las sombras negras en torno de un protagonista. Entre lo trágico y lo grotesco oscila toda la obra de Wedekind.

También la escenografía carece de unidad. Además es pobre y empobrece la actuación y todo el espectáculo. Aunque algunos elementos elevan el tono general, como las cruces sembradas por el escenario que sugieren un camposanto.

En cuanto a los jóvenes intérpretes, carecían de dicción, y la mayoría de sus parlamentos se perdían. Pero sobre todo se notaba mucho la ausencia de matices vocales para transmitir sus emociones. Y aunque se trate de disculparlos bajo el punto de vista de que su interpretación se hallaba a "nivel estudiantil", muy difícil es perdonar la falta de virtudes para mantener el interés constante del auditorio.

Ante las creaciones de Frank Wedekind, la opinión de estudiosos es muy controvertida. Para unos es el gran jefe del movimiento expresionista. Para otros es, como lo dice Silvio D'Amico, un escritor "...a menudo falso, artificial, y siempre forzado, con tonos exasperados...".

Pero hasta sus mayores enemigos se ven obligados a comprender y admitir que, como dice el mismo Silvio D'Amico, sus creaciones son un "documento, y no desdeñable, de una época, de un estilo, de un clima espiritual asfixiante, y anuncia gran parte del arte que más tarde se inspirará en las teorías de Freud".