FICHA TÉCNICA



Elenco Laura Alvear

Grupos y compañías Ballet Teatro del Espacio

Notas de grupos y compañías Gladiola Orozco y Michel Descombey / Directores

Notas Presentaciones de las coreografías Adentro, afuera... adentro, Dueto de amor, La muerte del cisne y Conquista

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Vuelve Temporada del Ballet Teatro del Espacio” en El Día, 8 mayo 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Temporada del Ballet Teatro del Espacio

Malkah Rabell

Hace apenas unos veinte o treinta años, los conjuntos dancísticos en México eran escasos y de poca técnica. Actualmente son numerosos en nuestra capital, y un grupo como el Ballet Teatro del Espacio, bajo la dirección conjunta de Gladiola Orozco y Michel Descombey puede competir en calidad artística con no pocas compañías originarias de países de antigua tradición en esta área.

Tal como su nombre lo indica: Ballet Teatro del Espacio no se contenta con la belleza abstracta de su arte, y trata de sugerir ideas, temas y vivencias teatrales. A veces de una comicidad satírica, y otras veces de un lenguaje trágico. A la primera categoría pertenece: Adentro, afuera... adentro. Tal vez el título no es muy logrado. Más, su danza, de multiples intenciones críticas, sí lo es. Episodio que nos hace sonreír ante esas grandes bolsas de plástico donde nacen los "niños" del nuevo siglo. Lo subtitulan: "Nacimiento-Edad del Plástico", y aunque esos recién nacidos, apenas si pueden caminar y recurren a gestos y movimientos torpes, como lo hacen los muñecos movidos por algún aparato, esos "niños", y sobre todo esas "niñas", están muy bien desarrolladitos y, segun entendí, muy pronto recurren a la vida sexual. Otro episodio pertenece igualmente al sexo, bailando por la pareja Cherylyn Lavagnino y Javier Salazar. Como no soy crítica de danza, ignoró el complejo y hermético lenguaje de los especialistas en la materia, y sólo puedo transmitir mis propias sensaciones y emociones, sobre todo en lo teatral que es mi campo. Ambos bailarines me parecen estupendos, poseen temperamento, una técnica impecable y una admirable disciplina.

Otro elemento que me llamó mucho la atención fue la música que acompañaba la danza llamada: Dueto de amor creada en 1977 con la coreografía de Michel Descombey. Aunar la música de Wolfgang Amadeus Mozart con cantos de ballenas, no deja de ser un rasgo de lo más original: pero, más allá de la orginalidad, la música con sus sonidos submarinos, misteriosos y lejanos, como dolorosos, que cruzaban los ritmos mozartianos, llegaba muy a lo hondo del espectador. También aquí la pareja de bailarines, Solange Lebourge y Ricardo Ortiz dominaba su arte con una gran pasión, con una especie de íntima ternura.

Pero el bailarin que más me apasionó fue Lino Parea, un bailarin extraordinario, que en la danza La muerte del cisne desplegó las más diversas técnicas y los más dolorosos sentimientos. Y lo demostró no sólo en esa Muerte del cisne, donde fue la única estrella, sino en todas las danzas selectivas: como el orador mudo en medio de una multitud de locos, en Adentro, afuera... adentro; y como el indio colgado por los pies en la horca de los eternos y múltiples conquistadores en Conquista.

El ballet Conquista, con el cual se cerraba el programa, ya lo he visto y me faltan palabras para describir otra vez la emoción que enia anterior representación me embargó. Sólo puedo volver a repetir las mismas expresiones que en aquella ocasión publiqué:

En el lenguaje silencioso de los movimientos corporales, con música de Francois Bayle, el ballet La conquista parecía dramatizar sobre todo la figura de la Malintzin, que llega a ser la madre de un nuevo pueblo, el actual pueblo mexicano, que mezcla las dos sangres: la del Conquistador español y la del sometido pueblo indio. Figura trágica la de esa mujer, la Malinche, que se vio azotada por los infortunios desde la infancia, víctima de sus propios consanguíneos y .del pueblo extraño a cual trató de entregar su vida, su alma, su amor, y tal vez también su odio. Es una figura tan trágica como Medea; y la bailarina Laura Alvear ha sometido cada uno de sus movimientos no sólo a la danza sino a la protagonización teatral de ese personaje. Las escenas de violación y de desprecio a su víctima a la cual escupen en la cara tanto su propia gente, como los enemigos, es de un tremendo impacto. La escena cuando la cubren del manto azul de la virgen guadalupana sugiere –quizá– que en esta mujer se refugiaron dos figuras: la santa y la madre del pueblo mexicano. Pero, más allá del problema racial indio-español, se diseña el problema universal.Es la humanidad entera que ha recurrido a los mismos crímenes, a la misma brutalidad, en Asia, África, Europa o América. Las mujeres de las más diversas nacionalidades, de las más distintas razas, han dado a luz hijos de sangre mezclada, a nuevos pueblos. ¡Un ballet de belleza desgarradora y de profunda inteligencia, con una técnica moderna, contemporánea, y con una disciplina intachable!