FICHA TÉCNICA



Título obra Amor a cuatro tiempos

Dirección Eduardo López Rojas

Elenco Margarita Sanz, Xavier Ximénez, Miguel Ángel Rodríguez (piano)

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Amor a cuatro tiempos: recital de canto” en El Día, 3 mayo 1985, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Amor a cuatro tiempos: recital de canto

Malkah Rabell

En esta época nuestra cuando tantos inventos increíbles, casi dignos de brujería, trastornan todos nuestros conocimientos de la vida diaria, y extra diaria, también la música ha creado sus rutas interpretativas, absolutamente nuevas, con sus play-backs, sus pistas y sus micrófonos, que nos imponen tantos "engaños" que ya definitivamente no sabemos quien canta y quien recurre a "trucos" para imponer un arte vocal que sólo existe en el disco, en el play-back, en una voz que emite todos los sonidos entre bambalinas, en tanto el actor o el cantante, actúa, baila y canta, este último artificialmente. Y aún no hemos llegado a la conclusión si este estado de mover los labios en tanto una máquina canta, es una bendición para el actor-cantante que así conserva la voz y su capacidad de trabajo muchos años más que anteriormente, o si es un "truco" que engaña nuestra buena fe, y nos hace desconfiar de todo cantante, de todo bailarín que canta en tanto ejecuta movimientos dancísticos en una comedia musical y de todo actor que en el mismo género actúa y ha de cantar de tanto en tanto.

Después de haber asistido a toda clase de espectáculos cómicos o dramáticos, donde la dirección recurría al sencillo engaño del play-back, ya no creemos en ninguna verdad en el área del arte musical. Casi, casi tenemos temor de que los divos de la ópera vayan a apelar de ellos para sus textos. Así que en el recital que ofreció para la prensa la pareja Margarita Sanz y Xavier Ximénez, con el acompañamiento al piano del excelente músico Miguel Ángel Rodríguez; recital en el cual recurrieron a toda clase de música, desde la operística hasta la bailable, desde la clásica hasta la popular; al escuchar a Margarita Sanz tomar notas de diva, sin que le quedara en zaga su "partenaire" Xavier Ximénez, resultaba muy comprensible que no confiáramos en la autenticidad de su arte. Y me pasé todo el espectáculo observando con mucho cuidado cada uno de los movimientos del rostro y del cuerpo de los cantantes para descubrir los "trucos". Pero nada logré desenmascarar. Los dos intérpretes parecían dominar el arte del engaño a la perfección. Tanto sus bocas, como los movimientos de las gargantas y del pecho parecían responder a los esfuerzos vocales. Y en lugar de preocuparme por su canto, me mantenía alerta por descubrir el misterio de tanta fidelidad a una máquina. Ni siquiera usaban micrófono que en numerosos espectáculos emplean los protagonistas para demostrar que cantan en "vivo", cuando hasta el micrófono es un "truco", un juguete en manos del artista.

Y cual no fue mi sorpresa cuando al terminar el espectáculo, salí de la sala y me enteré por boca de quienes conocían este Amor a cuatro tiempos desde los ensayos, de que se trataba de un auténtico recital de una verdadera representación musical, donde los intérpretes no pronunciaron una sola palabra, y donde todos los elementos eran auténticos; las voces, el piano, la música. Y también supe de que Margarita Sanz, hija de una cantante que vive en Guadalajara, la cual, aunque no profesional, tenía mucho renombre en la bella ciudad tapatía, donde una vez al año participaba en una temporada musical, en la cual, la pequeña, luego adolescente Margarita Sanz siempre tomaba parte en los coros o en pequeños papeles musicales. Así que el canto no es precisamente una novedad en la carrera teatral de la joven actriz.

Mas, para quienes vistan los teatros con cierta frecuencia, sobre todo los teatros universitarios, el nombre de Margarita Sanz se halla ligado al drama y a menudo a la comedia. La conocemos como una estupenda actriz, aunque a veces resulta sobreactuada y necesita de la mano firme de un director de altura para impedirle perder el justo medio necesario. Y como tal, como intérprete de textos teatrales la fui a ver en el Foro Shakespeare, donde de repente me encontré con una diva. Y creo que fue como dos divos que conquistaron, Margarita y Xavier, a un denso público.

Posiblemente en un teatro de mayores extensiones, necesitarían ambos de los micrófonos. Mas, no eran necearios en el presente caso. La pareja cantó desde Johan Sebastian Bach y Claudio Monteverdi, hasta Scarlatti y Mozart; desde Enrique Granados hasta música popular de España y México.

Aunque faltara la palabra, los dos intérpretes representaron pequeñas escenas mudas cómicas y a veces serias bajo la dirección de Eduardo López Rojas, así como bailaron toda clase de danzas, clásicas y populares. Y sobre todo emplearon su vestuario -que cada uno de ellos parecía llevar encima, quitándoselo poco a poco–, para constantes cambios de personajes. Según parece la representación empleó más de un año para ensayos, para crear un espectáculo perfecto desde todos los puntos de vista. Y al finalizar este Amor a cuatro tiempos, sus intérpretes, su director y su pianista recibieron un aplauso de tal magnitud que podríamos llamarlo: ¡Ovación!