FICHA TÉCNICA



Título obra Nueve para Hamlet

Notas de autoría William Shakespeare / autor de Hamlet; Mariluz S. Surió / adaptación

Dirección Mariluz S. Surió

Elenco Jorge Mateos, Luis Miranda, Raúl Quijada, Álvaro Carcaño, J. L. Moreno López, Leandro Martínez, María Stain, Daniel Villarán, Alberto Rojas, Tina Curiel, José Mena

Escenografía Máximo Tizoc Zárate

Notas de Música Mario Silva / asesoría musical

Espacios teatrales Teatro Xola

Notas Marilú S. Surió puede ser Mariluz S. Surió. Daniel Villagrán puede ser Daniel Villarán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Nueve para Hamlet”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 26 junio 1966, pp. 4 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Nueve para Hamlet

Mara Reyes

Teatro Xola. Autor, W. Shakespeare. Adaptación y dirección, S. Surió. Escenografía, Máximo Tizoc Zárate. Asesor musical, Mario Silva. Reparto: Jorge Mateos, Luis Miranda, Raúl Quijada, Álvaro Carcaño, J. L. Moreno López, Leandro Martínez, María Stain, Daniel Villarán, Alberto Rojas, Tena Curiel y José Mena.

Muy interesante ha resultado la adaptación realizada por S. Surió del Hamlet, de Shakespeare, que acaba de estrenarse en el Teatro Xola; adaptación a la que se ha titulado Nueve para Hamlet (probablemente porque son nueve actores frente a Hamlet). Dos características principales se advierten en dicha adaptación: la primera, el desdoblamiento del personaje en dos entidades físicas y la segunda, la presentación de los personajes, en forma de beatniks o “rebeldes sin causa” (tanto por su atavío como por sus armas: navaja por ejemplo, en vez de puñal o espada).

Con estas modificaciones, la adaptadora y directora, Mariluz S. Surió (a quien en noviembre pasado vimos un logradísimo montaje de Las moscas, de Sartre), planta la obra en nuestro siglo, como un drama del hombre moderno que se debate en conflictos interiores, dando tumbos entre la razón y la demencia, entre la certidumbre y la duda, entre la pasividad y la agresión, entre la salud y la enfermedad psíquicas.

La señora Surió, rescató de la obra original todo lo que es vigente, todo lo que es esencial y desechó lo puramente decorativo, lo episódico; hizo a un lado los pueriles respetos, respetando lo intrínseco del drama; desgajó lo museográfico y proclamó los valores filosóficos y psíquicos al público de hoy. Derrumbó el monumento para crear la figura viva de un hombre.

El desarrollo de la acción se lleva al cabo con eficacia y buen gusto. Y cuando al final de la obra, aparecen de nuevo los personajes vivos, la directora parece señalar que el drama puede volver a repetirse, que estamos en él y que no debemos verlo como algo pasado y concluido.

Hamlet, presentado como alguien que se busca desesperadamente a sí mismo, fue interpretado por dos excelentes actores: Jorge Mateos y Luis Miranda. Dos facetas de la misma personalidad; dos personalidades de una misma psique. Dos fuerzas, dos polos. Jorge Mateos –Hamlet Rojo– representa, por decirlo así, la razón, la certidumbre, la acción; es su Hamlet, quien se enfrenta a su sino, quien consuma la venganza; el Hamlet de Luis Miranda –el Negro– es el que se desvía, el que se pierde en los laberintos que le traza el sino y la razón. El Hamlet visto por Mariluz S. Surió, es la Humanidad partida en dos debatiéndose; dos sociedades, debatiéndose; dos mundos opuestos que forman parte de un mismo mundo, debatiéndose.

A Jorge Mateos ya lo habíamos visto en muy variados papeles desde hace años, especialmente en los espectáculos del IMSS, pero nunca había tenido una oportunidad verdadera, de expresarse plenamente. En esta ocasión, se muestra como un actor só1ido; nada en él es superficial. Las palabras y los gestos ocurren como consecuencia de una acción interior. Nada en su actuación es superfluo o vano, con su sola presencia crea una atmósfera y su proceder proviene de una lógica interna. De ahí que en algunas ocasiones, la sombra de Mateos, pese demasiado sobre Luis Miranda. Lo que no [p. 4] quiere decir que este actor no cumpla eficazmente con su cometido. Su trabajo revela una fina sensibilidad y muchos de los buenos momentos de la obra se deben precisamente a Luis Miranda, sólo que el trabajo de Mateos está construido sobre una cimentación de mayor consistencia.

Raúl Quijada y Álvaro Carcaño sobresalen. El primero, por su sobriedad, el segundo por su versatilidad y sus dotes como mimo. María Stain y Alberto Rojas desempeñan certeramente sus respectivos papeles, con salvedad de ciertos detalles técnicos que necesitan perfeccionar: a la primera, no se le escuchan muchos de sus parlamentos; al segundo, le falta claridad en la dicción.

Correctos, J. L. Moreno López, Leandro Martínez y Daniel Villarán. Tena Curiel demasiado aficionada todavía y el último de los nueve actores –además de los dos Hamlets– es José Mena, que desempeña un papel episódico.

Cooperan al éxito de la representación, por una parte, la severa escenografía de Máximo Tizoc Zárate (complementada con proyecciones para los cambios de lugar) y la selección de la música, realizada por Mario Silva.