FICHA TÉCNICA



Título obra Asamblea del blasfemo

Notas de autoría León Felipe / autor del poema Kyrie y otros textos; José Caballero / adaptación teatral

Dirección José Caballero

Elenco Angelina Peláez, Alonso Echánove, Luisa Huerta

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un espectáculo desgarrador:Asamblea del blasfemo” en El Día, 29 abril 1985, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un espectáculo desgarrador: Asamblea del blasfemo

Malkah Rabell

El desgarrador texto construido, formado por el muy joven director universitario, José Caballero con versos y prosa del genial poeta español León Felipe Camino y Galicia, conocido simplemente como León Felipe, cosa rara, se vuelve aún más desgarrador en las voces de los tres intérpretes: Angelina Peláez, Alonso Echánove y Luisa Huerta. Textos reunidos como homenaje a León Felipe en el centenario de su nacimiento, y representados bajo el título –quizá irónico– de Asamblea del blasfemo, en un teatro que lleva un nombre simbólico: Casa de la Paz.

Y León Felipe llama blasfemo a quien vaga por la Tierra; a quien ha de vivir sobre este viejo tinglado que se llama mundo, y quien sabe que "De aquí no se va nadie –Ni el místico, ni el suicida. .." Y sobre este viejo tinglado ya lleno de agujeros hemos de hacer mil y mil veces todavía– el mismo viejo truco bufo trágico –sin elogios– ni aplausos..." Y si el poeta dice que de aquí no se va nadie, es porque todos nos quedamos, ya hechos gusanos, ya hechos flor.

En el escenario tres actores distribuyen sus elementos de trabajo: altos cirios, una cruz, un espejo, un mantel. .. Y en esta desnudez todo se transforma en voces de catedral. Y el blasfemo se vuelve santo. Y este ambiente, esta atmósfera, se tornan terribles, desgarradoramente religiosos, místicos. "Y nadie sabe cuántas veces hemos saltado –para llegar aquí, ni cuántas saltaremos todavía– para llegar a Dios que está sentado al final de la carrera... –esperándonos –Llorarnos y corremos –caemos y giramos vamos de tumbo en tumba –dando brincos y vueltas entre pañales y sudarios". Palabras que Alonso Echánove canta al estilo flamenco. El blasfemo de León Felipe el alguien que ante una asamble invisible busca a Dios. Trata de llegar a Dios. Y no es necesario entenderlo. Son de estas poesías místicas que llegan al corazón del hombre, como llegar a Dios: ciegamente.

¿Acaso es necesario saber por qué Angelina Peláez lee un largo, largo poema de León Felipe: Kyrie, y por qué José Caballero lo introdujo en la invisible Asamblea del blasfemo? Nos basta escuchar la voz profunda y armoniosa, transida de llanto, de Angelina Peláez que llega hasta nuestros corazones y los destroza. Poema que tal vez no explica nada, y no obstante nos duele. ¡Ay como duele esa ausencia que describe él y canta la recitadora! "Qué lastima que yo no tenga patria -Qué lástima que no tenga comarca -Debí nacer en la entraña de la estepa castellana -y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada..."

No, no es posible transmitir todo ese poema-prosa-memoria que transmite la vida del bardo, su honda ternura y su amarga añoranza por todo lo que ya no tiene, y que tal vez ya nunca volverá a tener: "patria, patria chica, tierra provinciana..." Y ese hombre tan rodeado de aplausos, deja escapar su voz solitaria de exiliado, solo frente a tanta gente, porque "Después ya no he vuelto a echar el ancla". ¡No! Yo que creía que sólo las voces de esos tres intérpretes hacían tan desgarradoras las palabras del bardo, me equivoqué. Heme aquí sola frente al poema, y sigo llorando.

¡No!, no es posible explicar, ni dar a entender con palabras lógicas y frías, con palabras razonadas, toda la angustia y el dolor que fluye de estas largas estrofas: "Que voy a cantar si soy un paria que apenas tiene una capa y hay una casa en la que estoy de posada y donde tengo prestadas una mesa de pino y una silla de paja". Podríamos dar explicaciones de cada verso. Mas, ¿para qué? Las palabras de León Felipe son tan claras como el agua de un manantial. Y el director de escena encontró para transmitirlas a tres actores que supieron darles vida, alma y este dolor silencioso y apasionado, esta comprensión del dolor ajeno que fue un rasgo característico en la creación del poeta español.

El espectáculo sólo dura una hora. Más, se encrusta en nuestra memoria como un largo grito de amor y sufrimiento. Un grito de inteligencia, de pasión, de protesta y de religiosidad. Con un blasfemo que cree "en el sol, en el diluvio y en el estiércol". Y el poeta declara: "Creo que el agua se hace vino y sangre el vino. Sangre de Dios y sangre de mi cuerpo". Pero León Felipe sabe también y lo denuncia que:". . .¡Ay del que se armó tan sólo para defender su granero y no se armó para defender el pan de todos primero. Ay, del que dice todavía nos proponemos conservar lo nuestro".

León Felipe que llegó a nuestro país, a nuestra tierra, en 1940, y la eligió como su segunda patria después de la guerra civil en su España natal, nunca volvió a encontrar una casa solariega y blasonada. Ni el retrato de mi abuelo que ganará una batalla... Ni nada en realidad que fuera suyo, de él, profundamente de él, desde la infancia hasta la muerte. Pero, encontró algo muy grande y hondo, algo que encuentra poca gente: el amor de un pueblo; el camino de una juventud; la piedad filial de una infinidad de admiradores, en un país nuevo, en un continente lejano: México.