FICHA TÉCNICA



Título obra Sabadito alegre

Autoría Alfonso Paso

Dirección Roberto Chávez

Elenco Nadia Haro Oliva, Armando Calvo, Sonia Piña, Edna Gabriela Manolo Mundo

Escenografía Corzo Duarte

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Productores José Ramón Argüelles

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Sabadito alegre otra vez Alfonso Paso” en El Día, 24 abril 1985, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Sabadito alegre, otra vez Alfonso Paso

Malkah Rabell

El comediógrafo español, Alfonso Paso, es indudablemente un autor muy hábil y hasta inteligente en algunas de sus obras, cuando se esfuerza en mostrarse didáctico con un público muy cerrado en sus ideas, sobre todo en el campo sexual, en un país donde la mujer "no da un beso de amor a cualquiera". Por lo menos en los tiempos anteriores al nuevo régimen, en la época de Franco. Pero cuando Alfonso Paso cae en la mediocridad comercial, lo hace con ganas. Este es el caso de Sabadito alegre, comedia presentada en el teatro Arlequín actualmente, pero no por la pareja Haro-Oliva –aunque Nadia Haro Oliva es la figura central de este alegre sábado– sino por el productor José Ramón Argüelles.

También en el presente caso, el autor saca a relucir sus "audacias sexuales", con la prostituta simpática y mucho más humana que la dama burguesa; con una jovencita muy estúpida, enamorada del hombre maduro. Este, muy inteligente y libre en su conducta, con mucha comprensión para las debilidades del ser humano, con una hija muy parecida a él, pero separado de la esposa casi tan insoportable como la cónyuge de Eurípides, y con un yerno digno de la suegra. Con este conjunto el autor maneja su comedia de una manera bastante torpe. Lo que no deja de extrañar en Alfonso Paso. Los encuentros, los desencuentros, los enredos y desenredos son demasiado tradicionales y faltos de gracia. Quizá la única escena en la cual reconocemos a Paso, es la última, cuando Ricarda, la esposa inaguantable, se vuelve más tierna, más dramática y confiesa sus penas, admite por lo menos le permite a ella quedarse a su lado.

Quizá las flaquezas de la representación no son del todo debidas al texto, sino a la dirección de Roberto Chávez de quien nunca he oído hablar. Durante todo el espectáculo tenemos la impresión de que los actores andan en busca de sus propios personajes. Todo el tiempo parecen improvisar y desconocer sus papeles, fuera de Nadia Haro Oliva que sabe su papel y es consciente de cada uno de sus gestos y movimientos corporales; muy humana en el último acto cuando se arrodilla ante el marido suplicándole que la admita a su lado, porque la soledad es terrible consejera y puede destrozar el orgullo de cualquiera. Es además, como de costumbre, muy elegante, pero esta vez en la máxima sencillez de un trajecito azul marino con moño blanco. Encantadora a pesar de lo desagradable del personaje.

A la puesta en escena lo que menos se le puede perdonar es el mal manejo de los actores. Ni siquiera Armando Calvo se encuentra seguro en su papel de Juan, el marido inconstante. Parece como si aún no encontrara ni la parte psicológica, ni la dramática de su personaje. Sonríe todo el tiempo, –hasta cuando no corresponde– lo que termina por aburrir. En cuanto al resto del reparto, la única que se antoja dotada para el teatro es Sonia Piña, como la prostituta; sabe manejar la voz con modulaciones apropiadas, es natural y agradable en el escenario. En cambio Estrella Fuentes, en el papel de Julia, la jovencita boba, se daría que se encuentra por primera vez en las tablas. Lo mismo se puede decir de Edna Gabriela, la hija. Y sobre todo carece tanto de presencia escénica como de temperamento dramático, Manolo Mundo en el papel del yerno de Juan, el marido de su hija.

En cuanto a la escenografía de Corzo Duarte, resulta muy modesta y poco funcional para la necesidad de los actores de pasar de un departamento a otro por medio de una terraza durante toda la representación. Mas, es forzoso recordar lo reducido del escenario del teatro Arlequín, lo que crea muchas dificultades para ciertos decorados.

La acción de la comedia se anuncia como ubicada en México. Siempre he sido enemiga de las adaptaciones, de los cambios geográficos. Pero en el presente caso la obra es de tanta mediocridad, que no importa dónde se la ubique, México, España o cualquier otro país. Los protagonistas carecen de psicología específica. Tampoco la acción presenta rasgos especiales de un determinado rincón del universo.