FICHA TÉCNICA



Título obra El Periquillo Sarniento

Notas de autoría José Joaquín Fernández de Lizardi / autor de la novela homónima; Héctor Azar / adaptación teatral

Dirección Héctor Azar

Elenco Ismael Cid

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El Periquillo Sarniento de la novela a la escena” en El Día, 22 abril 1985, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El Periquillo Sarniento de la novela a la escena

Malkah Rabell

Nada más difícil que adaptar una novela al escenario –la novela es analista; el teatro síntesis–, sobre todo cuando de una novela extensa y para colmo didáctica y carente de núcleo dramático se trata. A tan difícil y heroica tarea se enfrentó el maestro de literatura, catedrático universitario, dramaturgo, poeta, novelista y director de escena, Héctor Azar, al llevar a la escena la famosa novela de José Joaquín Fernández de Lizardi: El Periquillo Sarniento.

Hombre completo de teatro, a quien el moderno teatro mexicano debe en sus más diversos aspectos más de un triunfo, y a quien casi, casi, debe la vida, por lo menos en cuanto a un teatro de vanguardia se trata, Héctor Azar, con sentido de educador de nuevas generaciones, en más de una oportunidad buscó en nuestra literatura vernácula, obras olvidadas, autores desconocidos, o poco conocidos, de otros siglos y de otras tendencias, como los románticos Calderón y Rodríguez Galván, para darles nueva vida y renovar su diálogo con el público contemporáneo entre el cual sus discípulos eran mayoría.

Esta vez va en busca del siglo XIX, en los inicios de la Independencia, cuando aparece en México la novela, género litarario ya viejo en el mundo, pero que apenas si en México había tenido cultivadores. En la época colonial, no tuvimos propiamente novela, y como dice Carlos González Peña en su Historia de la Literatura Mexicana: "La novela había de surgir coincidiendo con el movimiento insurgente. Y es de notar que, sin antecedentes litararios en el suelo nativo, ni marcadas influencias extrañas, apareció de una pieza, y fue desde el primer momento profundamente mexicana... La creó Fernández de Lizardi".

Y a su vez, Héctor Azar en el programa de mano, apunta: "Seguramente Fernández de Lizardi, al escribir cualquiera de sus textos y panfletos, tuvo como libro de cabecera al Emilio o de la educación de J.J. Rousseau; y eso convenía y contribuía a la formación de la patria nueva, que buscaba afanosamente una razón de ser que la identificara como nación, rescatándola de la triste condición de provincia desgarrada e inerme."

Probablemente fue lo didáctico lo que más interesó rescatar de la prosa de El Pensador Mexicano a Héctor Azar. Pero trató de darle un tono divertido para que el numeroso auditorio infantil no sólo llegado de las secundarias, sino hasta de las primarias, pudiera interesarse y sobre todo reír. Y según parece, lo logró. Rara vez ha visto en un teatro, ya sea durante un espectáculo infantil o para adultos, un público de menores tan quieto y disciplinado.

Como director de escena, Hécto Azar no sólo recurrió a la picaresca que resulta el tono preponderante de la representación, sino a la Comedia del Arte. Puso a su numeroso reparto, narices de cartón, máscaras y pelucas extrambóticas, aunque nunca les dio trajes de los "arlequines" ni de los "pantalones". Supo imponer un ritmo ágil y un tono alegre a una prosa a veces somnífera. Sobre todo supo rechazar mucho de lo superfluo (aunque todavía sobraban escenas y parlamentos y el espectáculo duró más de dos horas), y recurrir a lo más atractivo y dinámico. Conocimos la vida de Pedro Sarniento desde su infancia hasta la época de adulto, pero, por fortuna, el adaptador no nos lleva hasta la época de ancianidad cuando Pedrito de pilluelo se transforma en un hombre de bien, un hombre modelo que da consejos a los demás, y desde luego al público o mejor dicho a los lectores. Desde luego nos hubiera gustado presenciar una interpretación de actores con más tablas. Quizá el único que llamaba algo más la atención fue Ismael Cid como el Periquillo niño y adolescente, de quien se burlan en la escuela los niños por su malhadado apellido Sarniento, y luego cuando tiene ya que enfrentarse con la vida y alige la carrera eclesiástica por razones que nada tienen en común con la fe. Y continuan en el escenario las aventuras de Periquillo, el huérfano hambriento, que no encuentra otro modo de sobrevivir si no es en las mentiras, el robo y el engaño. Novela sobre todo picaresca, da lugar bajo la pluma del adaptador a un espectáculo, que hace desfilar ante nuestros ojos a una larga hilera de personajes que Héctor Azar llama en el programa de mano como de: "identidad nacional". En realidad son las numerosas figuras de una época difícil, cuando en dolores de parto nacía y se formaba una nueva nación.