FICHA TÉCNICA



Título obra El ligue

Autoría Julio Mauricio

Dirección Néstor López Aldeco

Elenco Margarita Gralia, Manuel Ojeda

Espacios teatrales Teatro Roma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El ligue de Julio Mauricio” en El Día, 10 abril 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El ligue de Julio Mauricio

Malkah Rabell

Del dramaturgo argentino, Julio Mauricio, hemos conocido en México en el transcurso de la última década dos obras: La valija y La depresión. Actualmente, del mismo autor se presenta en el teatro Roma, otra pieza con un solo vocablo como título: El ligue. Palabra que no existe en el diccionario de la lengua española, pero que debe significar probablemente, según la puesta en escena de Néstor López Aldeco, un encuentro amoroso; la relación sexual de una pareja que se une por puro azar. Este espectáculo es anunciado desde algunas semanas por un cartel que ostenta a una pareja desnuda en una actitud de bastante mal gusto, pero que despierta la curiosidad de un público muy especial, un auditorio en busca de la pornografía. En cambio aleja a los espectadores acostumbrados a un teatro serio. ¡Lástima! porque se trata de una representación sin asomo de pornografía; ni siquiera de erótica. Es una obra sugestiva, interpretada por dos excelentes actores: Margarita Gralia y Manuel Ojeda. Sobre todo este último encontró el tono justo de su personaje.

El ligue es, como las dos anteriores obras de Julio Mauricio, el drama de la soledad, de la angustia que las urbes sobrepobladas despiertan en sus habitantes, la búsqueda de la compañía, de la amistad, y tal vez de un poco de amor. Pero es sobre todo la melancólica atmósfera de Buenos Aires, la ciudad "gris" bajo un cielo eternamente azul. Una obra, como otras de Julio Mauricio, de medio tono, sin "trucos", con un conflicto muy sencillo reducido a la presencia de una pareja. Ella, prostituta, en un país, en una ciudad que prohibe la prostitución y la castiga severamente. Él, un vendedor ambulante de libros, sin pasado ni porvenir, sin esperanzas. Y todo el único acto de El ligue se resume en un diálogo entre ambos personajes. Un melodrama que parece muy simple en la superficie, pero en realidad mucho más humano y profundo de lo que a primera vista parece.

¿Quién es esta prostituta que carece de nombre? o por lo menos se niega a proporcionarlo a su "cliente" a quien acaba de encontrar en la calle, después de una larga noche de "desempleo". La muchacha parece una debil mental, que repite constantemente las mismas palabras, la misma historia y las mismas exigencias que le sugiere su oficio. Por quitarse algunas prendas, es en precio especial. Por decir su nombre, también. Y cuando se da cuenta que su compañero es más bondadoso que sus habituales "parroquianos", termina, sencillamente, por pedirle prestado los $ 1500.que necesita para pagar el alquiler de su vivienda.

La puesta en escena de Néstor López Aldeco es sencilla, carece de efectos especiales, ya que la obra no se presta para mayores despliegues. Pero le ha impuesto a este acto único cierta melancolía, cierto ritmo ni demasiado dinámico, ni tampoco demasiado lento. Mas, lo que probablemente se le debe es la actuación de Margarita Gralia, actriz argentina que en México más bien actuó en el cine y en la televisión. Su papel de buscona no deja de ser atractivo para toda intérprete. Es uno de esos papeles que hacen al actor o a la actriz, ya que le aportan todos los elementos dramáticos para crear un tipo, un carácter. Seguramente hubo de luchar contra su acento argentino para poder dar vida a un personaje que podemos considerar mexicano, aunque el programa de mano sólo afirma: "La acción ocurre en un hotel de paso", sin mencionar si de una adaptación se trata. El director más bien trató de imponer un ambiente latinoamericano, sin hacer hincapié especial en lo mexicano.

En cuanto a Manuel Ojeda, todo el mundo sabe que es un estupendo actor. Su papel es más difícil, porque es más interior, y porque tiene mucho menos elementos dramáticos de los cuales disponer. Y no obstante, en el personaje de Diego Federico Acosta, creó a un ser doloroso y humano, sin nunca caer en exageraciones.