FICHA TÉCNICA



Título obra Terror y miseria del Tercer Reich

Autoría Bertolt Brecht

Notas de autoría Werner Ruzicka / adaptación

Dirección Werner Ruzicka

Elenco Beatriz Manriquez, Carmen Montaño, Rubén Navarro Vargas, Mario Rosillo, Mario Uribe

Grupos y compañías Teatro Goethe de Guadalajara

Espacios teatrales Sala del Instituto Alemán Goethe

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Terror y miseria del Tercer Reich” en El Día, 6 marzo 1985, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Terror y miseria del Tercer Reich

Malkah Rabell

Nos visita un grupo teatral de Guadalajara, el Teatro Goethe que se firmó en 1971, es decir hace 15 años, con la escenificación de Balada del pobre Bertold Brecht. No sé de quien será esa "Balada", pero desde entonces el mismo grupo montó más de una docena de obras, tanto de tipo político como de carácter clásico o latinoamericano. En su actual visita el grupo presenta la obra brechtiana: Terror y Miseria del Tercer Reich, que ya habíamos visto en México hace dos décadas, puesta en escena por Héctor Mendoza, quien también había usado algunas de las 24 escenas que el famoso innovador alemán, el creador del teatro épico, había escrito aún antes de la guerra, entre 1935 y 1938, y ni siquiera en Alemania, sino en su exilio en Dinamarca. De esas 24 escenas, el Teatro Goethe eligió diez, y bajo la dirección y la adaptación de su propio director, el alemán Werner Ruzicka las presentó en el D.F. en la sala del Instituto Alemán Goethe, durante tres noches seguidas, del 1o. al 3 de marzo.

Desde hace mucho tiempo ninguna obra me ha trastornado, angustiado tanto como ese drama político que Brecht escribió no como testigo sino basándose en documentos y testimonios que recogió ya de viva voz, ya publicados en periódicos y libros. Quizá esa sensación de "terror y miseria" que transmiten esas diez escenas se deben al sentimiento de actualidad. Un sentimiento de miedo por lo que sucede hoy y no hace medio siglo. Brecht, que ha basado la mayoría de sus obras en materiales ya existentes, tampoco necesitó en el presente caso ser testigo presencial, ni recrear sus propias vivencias, para dar esa terrible imagen de verdad. Por más que Brecht, como sus seguidores, han sustituido el psicoanálisis, tan de moda en su tiempo, por una corriente "psicosintética", y por más que el poeta alemán trata de imponer el "alejamiento" y el objetivismo en esas diez escenas, lo que más nos emociona y crea ese extraño sentimiento de miedo, es porque convivimos con sus personajes, con su mundo. Tenemos ¡miedo! ¡Un miedo profundo! Miedo de ese policía nazi, de ese S.S. que se enorgullece de los "trucos" que sus compañeros han puesto al servicio del Poder para aplastar a cualquier sospechoso. Miedo pie esa crucecita apenas visible dibujada con un gis en la espalda del perseguido. Señal de muerte, como lo fueron las dos letras "N.N." en la espalda de los presos políticos de los Campos de Concentración, NN, Noche y Niebla, que señalaba a quienes las llevaban como inevitablemente condenados a desaparecer en la Noche y la Niebla. Igual angustia nos despertaba la breve escena de los padres que de repente se dan cuenta de lo peligroso que puede ser su propio hijo de doce años, miembro de la Juventud Hitlerista donde aprendió a denunciar hasta a sus propios padres. También nos llenó de angustia esa imagen de la mujer, de la esposa judía, que ha de abandonar a su marido ario, si no quiere ser causa de su ruina y de su muerte.

El grupo de Guadalajara, el Teatro Goethe, cuenta tan sólo con cinco actores, que interpretan numerosos caracteres con una gran naturalidad y mucho profesionalismo. Alguien del público dijo –durante un debate después de la representación–, que no había suficiente cambios interpretativos entre un personaje y otro de las diversas escenas. Es muy difícil y casi imposible crear tipos muy diferenciados cuando para diez o más personajes sólo se cuenta con una media decena de intérpretes, y de algunos minutos, o tal vez ni esto, para abandonar la un personaje para penetrar en la de otro distinto, sin posibilidad de usar máscaras, maquillaje o distinta vestimenta. Únicamente los muy grandes actores de carácter pueden llegar a tales milagros por el sólo juego de sus rostrós y cuerpos. Sin milagros de distintas identificaciones que sólo muy pocos pueden lograr.En cambio, lo que esos jóvenes actores nos han dado eran esos seres vivos, seres con sus distintos sufrimientos y sus distintas reacciones. Fue un espectáculo que nos mantuvo interesados, emocionados y hasta trastornados desde el principio hasta el final. Y esos cinco intérpretes: Beatriz Manriquez, Carmen Montaño, Rubén Navarro Vargas, Mario Rosillo y Mario Uribe, han sabido crear esa realidad brechtiana, tan difícil y tan exigente, que esta vez dejaba de ser "alejada".