FICHA TÉCNICA



Título obra Ante varias esfinges

Autoría Jorge Ibargüengoitia

Dirección Dolores Bravo de Serret (Lola Bravo)

Elenco Xavier Marc, Andrés Torres, Gisela Fricke, Regina Pardo, Oscar Cantú Arreola, Nieves Marcos Debán, Pablo Aguirre, Clementina Manrique, María Elena Pardavé, Selma Marininni

Escenografía Serafín Gordon

Grupos y compañías Centro de Experimentación Teatral

Espacios teatrales Teatro Comonfort

Notas Xavier Marc puede ser Javier Marc

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Ante varias esfinges”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 19 junio 1966, p. 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Ante varias esfinges

Mara Reyes

Teatro Comonfort. Autor, Jorge Ibargüengoitia. Dirección, Lola Bravo. Escenografía, Serafín Gordon. Grupo: Centro de Experimentación Teatral: Xavier Marc, Andrés Torres, Gisela Fricke, Regina Pardo, Óscar Cantú Arreola, Nieves Marcos Debán, Pablo Aguirre, Clementina Manrique, María Elena Pardavé, Selma Marininni.

El Centro de Experimentación Teatral presenta ahora en el Teatro Comonfort –que sigue tan incómodo, con tan mala visibilidad y acústica como siempre– la pieza Ante varias esfinges de Jorge Ibargüengoitia. Obra en la que el autor dibuja la vida de una familia que vuelve a reunirse bajo un techo común, ante la perspectiva de herencia, por la próxima muerte del abuelo. Se trata de una obra desconcertante por cuanto a su tratamiento, pues si bien predomina el realismo, hay en ella detalles que apuntan un humor macabro nada realista y dibujos simbólicos de personajes y de situaciones. La acción se desenvuelve en tono de farsa en ocasiones. Hay algo enigmático en los diálogos y algo de irritante monotonía intencionada, con ritornellos que vuelven siempre hacia el leitmotiv que es la comida. No hay situación que no conduzca hacia ese tema, como si la vida fuera un eterno comer, interrumpido sólo por momentáneas preocupaciones de orden emocional. El grotesco deambular de los personajes, se realiza siempre en un ambiente de ruina, como si todos los problemas humanos olieran a polvo, a podrido. Todo ahí huele a viejo, desde el fracaso económico y afectivo de Alejandro, hasta la incestuosa relación entre Tere e Isidro. Los ramilletes de flores aparecen como una reliquia del pasado, en maletín lleno de polvo. Todo en esa casa está empolvado: el amor, la ilusión; todo está herrumbrado, por eso, Carlos, quien posee el único anhelo fresco, que es el deseo de aire, de sol, de vida, tiene que huir, abandonando en aquella casa a su mujer, Tere, que quedó presa en la telaraña tejida por Isidro, quien queda como heredero del reloj del abuelo, es decir, del tiempo, de la vejez, de la telaraña. Desde el momento en que muere el abuelo, Isidro ocupa el trono en esa corte de momias.

Esta vez la dirección de Lola Bravo no me convenció, quizá porque bordó la acción de los personajes con una serie de detalles puramente decorativos, como por ejemplo: el de que –durante una escena entre madre e hijo– Carlos le dé a su madre, como por descuido, una bata, ella se la ponga y se la vuelva a quitar. Tales detalles han sido usados por Lola Bravo en otras obras, rindiendo un fruto sumamente eficaz; empero, en esta ocasión, quizá por tratarse de una obra cuyo realismo es sólo aparente, resultan un tanto superficiales y sólo contribuyen a “entretener” al espectador, cuando no a desviar su atención de lo primordial. Lo más importante en esta obra son las atmósferas que crean los personajes y de ellas, la mejor lograda por Lola Bravo, es la de la habitación de Isidro; no así la del comedor; las escenas familiares recuerdan demasiado las comedias de costumbres, que poco tienen que ver con esta pieza de Ibargüengoitia. Quizá esa mezcla de géneros empleada por el autor dio pauta a que Lola Bravo se detuviera demasiado en el realismo de ciertas escenas, el hecho es que la representación resulta un tanto híbrida.

En cuanto a la escenografía, puede decirse que Serafín Gordon supo captar el ambiente de ruina que la obra requería.

Las escenas de Isidro –interpretado por Andrés Torres– son las mejor logradas. También las de Carlos –Xavier Marc– y Tere –Gisela Fricke– y las de Aurelia –Nieves Marcos Debán– con Elena –Regina Pardo–, consiguen crear una atmósfera adecuada. Dentro de la línea de actuación marcada por la directora, todos los actores realizan su parte con esmero.