FICHA TÉCNICA



Título obra Anatomía de un matrimonio

Autoría Santiago Moncoda

Dirección Hugo Macías

Elenco Miguel Palmer, Gina Romand, Álvaro Carcaño, Gloria Mayo

Espacios teatrales Teatro Venustiano Carranza

Productores Gabriel Varela

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Anatomía de un matrimonio” en El Día, 27 febrero 1985, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Anatomía de un matrimonio

Malkah Rabell

Muchos autores, ya de comedias ya de dramas, han tratado de penetrar en ese mundo cerrado, y sin embargo, excesivamente conocido, que es el matrimonio. Del mismo problema se ocupa Santiago Moncoda a quien perteneció también, si no me equivoco, la comedia La muchacha sin retorno que tanto éxito y prolongada temporada tuvo hace ya no pocos años. Presentada en el teatro Venustiano Carranza, que según parece trata de mejorar la calidad de su repertorio, después del aburrimiento que ofreció su espectáculo anterior: Los infieles del comediógrafo francés Georges Feydeau, la actual Anatomía de un matrimonio, no es mucho más divertida. Dividida en dos actos, el primero de una absoluta monotomía, en tanto el segundo se basa en una excelente y muy singular idea, pero más apropiada para una pieza que para una comedia.

Historia de un matrimonio malavenido –lo que es un caso muy poco original. El 90% de los matrimonio son malavenidos–, una pareja deja de tener relaciones matrimoniales, aunque sigue viviendo bajo el mismo techo. Manuel, el marido, ya tiene desde largo rato su corazón ocupado por el amor de una periodista, Julia; en tanto la vida erótica de Laura, la esposa oficial, permanece secreta. La acción teatral empieza cuando Manuel se entera por el médico de su esposa, de que ésta se encuentra al borde de la muerte. Tal hecho trastorna toda la actitud y todos los sentimientos del cónyuge, quien empieza a perseguir con sus atenciones amorosas a Laura, que realmente nada entiende de semejante cambio. Sin embargo el mal carácter de Laura no varía, y para vengarse de las ofensas recibidas en su amor propio sexual, para pagar con la misma moneda al marido infiel, Laura inventa un amor inexistente, unas relaciones sexuales con un perfecto imbécil, Carlos, amigo del marido, pero que carece de cualquier don para enamorar, sobre todo para despertar pasión erótica en una mujer del temple de Laura... El final del segundo acto, y a la vez de la obra, es completamente sorpresivo, y de una verdadera originalidad, que más vale guardar secreto por si acaso alguno de los lectores de esta sección tiene curiosidad por asistir a la representación Anatomía de un matrimonio.

Ni la dirección de Hugo Macías, ni las interpretaciones salvan la comedia de Santiago Moncada de su falta de interés. Tampoco la salva la última sorpresa. Una sola golondrina no hace la primavera. En el papel de Manuel, el esposo, Miguel Palmer que por lo general es un excelente intérprete tanto en el género cómico, como dramático, en el presente caso parece decaído desde el principio hasta el final. Casi no se le oye, y sin embargo tiene una dicción clara. En cuanto a Gina Romand –la antigua "Rubia Superior" que hizo la gloría de una cerveza nacional, ya no recuerdo cual– ni es una mala esposa, es una mala actriz. Exagera, sin llegar a la sobreactuación, (para lo cual se necesita un temperamento muy especial), sus desagradables parlamentos dirigidos al esposo, que se vuelven aún más desagradables. Y ahora que ya no es tan bella ni elegante, hasta se puede decir que se viste mal, resulta muy comprensible que el marido la rechace. Y en lugar de tenerle respeto por su actitud hacia la mujer moribunda, el espectador más bien queda sorprendido. El único que despierta la risa es Álvaro Carcaño en el papel de Carlos el amigo del matrimonio y el supuesto amante de la esposa. Pero a Carcaño le falta "ángel", carece de auténtica simpatía. En cuanto a la amiga del corazón de Manuel, la periodista Julia, interpretada por Gloria Mayo actriz joven, aún muy verde para imponerse en las tablas, el suyo es de por sí un papel inconsistente y casi se olvida antes de terminar el espectáculo.

La dirección de Hugo Macías, que nunca he conocido como director de escena, es completamente plana y monótona. Lo único que despierta interés es la última escena, el último grito... que guardamos secreto.

La empresa del teatro Venustiano Carranza, bajo la responsabilidad del productor ejecutivo Gabriel Varela, ya veremos que tiene su público acostumbrado, formado en su mayoría por la clase media. Y surge la interrogante, si con la actual crisis, con boletos a $800, que no tardarán a llegar a los 1000, ¿podrá este auditorio continuar su frecuentación del mismo teatro durante mucho tiempo aún? La gente va para reírse, para olvidar sus penas y preocupaciones, y es necesario darles su ración dominical de risa y alegría, su ración de distracción semanal, para que permanezcan fieles a la empresa, ¿será posible "refinar" los espectáculos, o sera obligatorio abultar las farsas y aumentar una comicidad poco recomendable?