FICHA TÉCNICA



Título obra Flor de cactus

Autoría Pierre Barrilet y Jean-Pierre Gredy

Notas de autoría Antonio Haro Oliva / adaptación

Dirección Manolo García

Elenco Saby Kamalich, Mauricio Ferrari, Julieta Rossen, José Elías Moreno, Sergio Ramos

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Productores Julio Alemán, Saby Kamalich

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Vuelve: Flor de cactus” en El Día, 20 febrero 1985, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Flor de cactus en el Arlequín

Malkah Rabell

No se trata de una comedia profunda o innovadora. Ni mucho menos. Pero es simpática, hábilmente construida y divertida, y sobre todo no tiene expresión alguna de humor gruesa, de lenguaje soez o de actitudes pornográficas. En realidad es una comedia blanca. Es la historia ingenua de un mitómano, odontólogo de profesión, que a fuerza de mentir descubre su propia verdad: su amor por su enfermera, que siempre le pareció una figura insignificante, puesta en su camino por el azar para alejar de su vida las dificultades desagradables. A su vez, la muchachita de quien se creía enamorado, y la que creía amarlo, se da cuenta que este hombre maduro, que podría ser su padre, significa muy poco para ella y su corazón ya se entregó a su joven compañero, su vecino de piso. Hay algunos enredos y equívocos, como en cualquier comedia con raíces vaudevilescas pero ni son muy notorios, ni muy frecuentes.

Comedia de los norteamericanos Barrilet y Grédy, ni los productores, Julio Alemán y Saby Kamalich; ni el director de escena, Manolo García; ni el mismo adaptador Antonio Haro Oliva, se han empeñado en cambiarle de nacionalidad y adaptarla a nuestro ambiente, lo que se trece muy a menudo y falsifica cualquier obra, aunque fuera latinoamericana. Hay dos o tres comentarios, que alguno de los intérpretes trató de acomodar a nuestros propios sucesos políticos, pero no logró despertar la risa esperada. En el original, la acción sucede en Nueva York, y así permanece en el montaje de El Arlequín. Los autores en cambio lograron imponer mucha simpatía hacia los jóvenes que no tienen intereses creados en el campo económico, ni el lujo les fascina. El abrigo de mink que el ya maduro odontólogo envía a su novia, Toni, es recibido con desencanto. Ella hubiese preferido unos pantalones vaqueros.

La acción escénica presenta la dificultad de cambiar constantemente de área. Lo que en el reducido escenario del teatro de los Haro Oliva resulta sumamente complicado. Para vencer tal obstáculo, se ha instalado una plataforma giratoria, que reduce las complicaciones para dos cuadros, pero queda el tercero al cual se trata de separar de los dos anteriores por una cortina. Lamentablemente esta cortina queda casi siempre olvidada, lo que provoca cierto caos. En general se puede decir que la dirección de Manolo García es bastante plana. Más, por suerte, los actores son gentes del oficio, con muchas tablas, y la representación no sufre graves lagunas. La habilidad histórica de casi todo el reparto transmite su alearía al público.

Tanto Saby Kamalich, como la enfermera –la flor que nace en una planta desértica provista de espinas como lo es un nopal–, así como la joven Julieta Rossen y el no menos joven José Elías Moreno, en los papeles de Toni e Igor, son intérpretes que prometen mucho y son muy bien elegidos para sus personajes. En cuanto a Mauricio Ferrari, como el Coronel, le queda muy bien el uniforme, aunque no tanto el papel. Lamentablemente, uno de los actores ha hecho mucho daño a la representación. Es el caso de Sergio Ramos. El personaje del odontólogo está completamente fuera de sus posibilidades tanto físicas como histriónicas. Tenemos de él demasiado la imagen del "Comanche" para tomarlo en serio como a un donjuanesco profesional, por quien sienten pasión dos mujeres, y una, la jovencita y bonita Tony, hasta trata de suicidarse. Según asegura el propio Sergio Ramos ya se ha cansado de la farsa, del vaudeville y de la comedia gruesa. De lo que sólo podemos felicitarlo. Pero, si quiere cambiar de imagen ante los espectadores, no es en los papeles de médicos Casanovas. El público lo ha visto durante demasiados años como un cómico, y no como actor de comedia. Para cambiar de género tendría que buscar personajes de carácter, que son mucho más difíciles de representar. Aunque también es necesario admitir, que Sergio Ramos siendo un actor muy hábil, en el papel del odontólogo de Flor de cactus, aunque no crea un personaje muy "creíble", tampoco lo echa del todo a perder.

Lo que no logramos entender, es, ¿por qué Julio Alemán, siendo el productor, no se quedó con un papel tan apropiado para su físico como para su capacidad artística? Un papel estupendo en el cual hubiera asegurado el éxito prolongado del espectáculo.