FICHA TÉCNICA



Título obra La muerte accidental de un anarquista

Autoría Darío Fo

Dirección José Luis Cruz

Elenco Héctor Ortega, Joaquín Garrido, Miguel Flores

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Vuelve: La muerte accidental de un anarquista” en El Día, 18 febrero 1985, p. 20




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Vuelve: La muerte accidental de un anarquista

Malkah Rabell

Después de una larguísima y exitosa temporada en dos teatros universitarios, primero en el Santa Catarina y después en el Juan Ruiz de Alarcón, la farsa política de Dario Fo: La muerte accidental de un anarquista, se traslada a un teatro mucho más céntrico, el Reforma, donde se presenta actualmente. La anécdota de la obra gira en torno de un loco escapado de un hospital de enfermos mentales, que enloquece a la policía de Milano, obligándola a confesar que asesinó al anarquista Pineili, arrojándolo por la ventana de un cuarto piso de la Jefatura de Policía. Este tema trágico –y creo que fue tomado de un hecho verídico–, está representado en forma de una farsa desatada, que despierta constantes carcajadas entre el público, aunque en la sala de Reforma el auditorio me parecía muy distinto de aquel que llenaba los teatros universitarios.

En el primer acto, que dura 90 minutos, Darío Fo ataca sobre todo a la policía que no usa uniforme y permanece detrás de los escritorios, la policía burocrática, que no sólo demuestra crueldad, sino estupidez, dejándose engañar por ingenuas estratagemas: le basta al loco cambiar de vestimenta y demostrar audacia, para ser tomado por lo que no es: un juez, un importante personaje ante quien se inclina la burocracia.

En el segundo acto, que dura otros 90 minutos, el sentido irónico del comediógrafo italiano, se dirige contra algunos partidos políticos, especialmente el Partido Comunista Italiano, que trata de cambiar los problemas políticos por métodos parlamentarios. Según Darío Fo, el PCI usa y abusa de una política que trata de llegar al Poder por medios legales. Darío Fo que cree en la violencia, y aunque respeta al PCI por su honradez y humanismo, lo considera demasiado blando. Darío Fo piensa que la única manera de combatir y enfrentarse a la sociedad capitalista es por el terrorismo: las bombas, los secuestros, los engaños, y toda clase de métodos violentos. No todos podemos estar de acuerdo con semejante enfoque, con semejante actitud. Pero el comediógrafo italiano, con toda su escalofriante alegría, hace reflexionar a los espectadores; despierta discusiones y debates en la sala y fuera de la sala. Desde que la obra fue escrita en 1970, nunca un espectáculo tuvo tanta, aceptación, y no sólo en Italia o en México, sino en casi todas las grandes ciudades del occidente de Europa, como Berlín, París, Londres, Estocolmo y Bruselas.

Bajo la dirección de José Luis Cruz, la presente versión en el Reforma, me parece hacer gala de mayor disciplina tanto en los movimientos escénicos corno en la interpretación de todo el conjunto.Aunque el personaje del loco, interpretado por Héctor Ortega, resulte excesivamente sobreactuado, no se debe olvidar que sólo los buenos actores pueden sobreactuar. Muchas veces la sobreactuación es un resultado de un excesivo temperamento artístico. Eso no impide que algunas actitudes del protagonista podrían corregirse. Está bien que el público se ría, pero el protagonista no tiene por qué saltar constantes risitas, como su "ji.... ji.... ji..." y sus "ja... ja.... ja...", que terminan por cansar y molestar. Tampoco tiene por qué hablar todo el tiempo y acaparar el escenario. La obra dura casi tres horas, y pienso que quitándole la cuarta parte de los parlamentos al "Loco" que me es tal, y reduciendo el espectáculo a dos horas, o cuanto mucho a dos y media, la obra no perderá nada ni de su sentido ni de su interés.

Tanto Joaquín Garrido como Miguel Flores, estaban muy correctos y exactos, dándole a sus personajes –si del Comandante de la Policía el primero, y el de Comisario Pissani, el segundo– las expresiones necesarias. El único papel femenino, es el de la periodista, interpretado por María González, a la cual el autor no tomó como un caso individual, sino como el reflejo de una situación: el que espera la justicia y la rectitud de sus enemigos, es el primero en caer víctima de la injusticia. Como le sucede a la periodista, personaje que busca la decencia en la política, y terminar por caer víctima de la guerra sucia.

Y uno no puede dejar de preguntarse: ¿el éxito tanto entre nosotros como en otros países, se debe a las constantes carcajadas que provoca o a la seriedad de sus tesis políticas?

Y en realidad no encuentro respuesta.