FICHA TÉCNICA



Grupos y compañías Serendipity

Notas No hay en la nota título propio de la obra sino ésta referencia: comedia musical de los 20 en París

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Serendipity y sus búsquedas” en El Día, 13 febrero 1985, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Serendipity y sus búsquedas

Malkah Rabell

Nada fascina tanto a los niños, sobre todo a los muy pequeños, como los títeres. Es como si sus propios muñecos se pusieran a hablar y a moverse; como si su muñeca Lulú y su osito Marcelo hubieran adquirido vida. Eso sucede en el espectáculo de títeres de la compañía Serendipity. Pero, en este caso, los pequeños actores tienen una grave competencia: la de los actores de carne y hueso. O como dijo el director general del grupo, Jorge Ramos Cepeda: "Lo que ocurrió en este espectáculo, es que en un principio fue 100% de títeres. Mas, con el tiempo, durante los ensayos y el estudio, me di cuenta que también los titiriteros, es decir quienes dan vida a los muñequitos, tenían deseos de ser parte visible de la representación. Y poco a poco los actores "vivos" empezaron a competir con los muñecos. A veces ganaban los muñecos, y otras veces el ser pensante".

Por cierto, ese breve conjunto de actores Vivos, de "seres pensantes": Rosa María Ruiz Otero, Carlos M. Estrada, Jorge Ramos Cepeda, Rosa Margarita Bramble y Juana Patricia Aralice, tienen mucha frescura, mucho temperamento y gracia, y son casi tan simpáticos como sus minúsculos competidores. Entre esas dos categorías de intérpretes, Unos de trapo y otros de carne y hueso, se desarrolla esta "comedia musical de los 20 en París", cuyo único lazo de unión es la hermosa música. Y también a propósito de la música quitemos las palabras del director, Jorge Ramos: "La música que usamos es una selección de números musicales, es nuestro libreto. Para el Serendipity, lo principal es la música. La anécdota es muy simple. En realidad es un pretexto. La música viene a hacer de diálogo, que los muñecos han dejado de decir. Esta música la hemos logrado reunir a base de discos extranjeros".

Música compuesta por toda clase de números musicales que desde los principios del siglo, en la Belle Epoque, hasta mucho más allá de los 20, se tocaba y cantaba por todo París, que se oía en el piano de los cines mudos, hasta la aparición del "Sonoro", allá por los años 1929, música en la cual figuraban canciones de moda y canciones de soldados que se volvieron clásicos en sus respectivos géneros, y que aún se cantan. Al son de esta música aparece en el minúsculo escenario, el París antiguo, que simbólicamente sólo está representado por un molino que desde luego no puede ser otro, sino el Moulin Rouge. E igualmente simbólico en ese ejército francés compuesto por dos soldaditos franceses, a quienen acompañan sus novias al tren que marcha hacia el frente de guerra. En tanto, en el fondo del minúsculo siguen moviéndose las alas del Moulin Rouge donde seguramente siguen bailando los que nunca fueron al frente de batalla.

Sin duda la gente adulta se sonríe ante tantas ambiciones que sólo un teatro de muñecos muy importante y muy rico puede llevar a cabo. Pero tanto los niños como los actores tienen el derecho de soñar, y no hagamos comparaciones imposible. Pues, sigamos soñando. Hay algunos números muy bellos tanto con los títeres como con los actores "pensantes", como ese "Ron Dando y su órgano musical". Todo ello hecho con mucha modestia, pero también con mucha imaginación. Sobre todo me gusta el número de "Fifi la Blonde", en el cual los actores "vivos" buscaban la innovación en los marionetas de diversas clases. En este número Fifi llevaba la mitad del cuerpo cubierto por una especie de coraza con una cabeza de muñeca que le cubría el rostro, que nos recuerda un teatro de muñecos suecos, que nos visitó hace unos quince años. A su vez, el acompañante de Fifi usaba una marioneta entera como pegada al cuerpo. Tampoco dejaba de ser simpática la muñeca que cantaba flamencos, y que era bastante más grande que sus colegas.

Lo que más interesa al adulto en esta compañía Serendipity (creo que la palabra significa alegría, feliz encuentro, y es de origen indio) es su pasión por su trabajo, por indagar, por buscar nuevas expresiones encontradas a veces por azar, como lo indica su nombre Serendipity, aunque toda su labor sea en un plano de mucha modestia. Y cuando le pregunté a Jorge Ramos por qué no recurrió mejor a elementos nacionales, me contestó textualmente.

No hemos buscado música ni danza folclóricas mexicanas, porque esto ya se hace mucho en nuestro país. Lo único que podríamos hacer con la música mexicana, serían "las tandas". Y esto lo hacen espléndidamente mejor unos artistas como Enrique Alonso.

Contentémonos, por lo mismo, con las búsquedas que ofrece Serendipity con sus modestas posibilidades económicas, que tanto a los niños como a sus papás parecen encantar.