FICHA TÉCNICA



Título obra La carrera de un libertino

Notas de Título The rake´s progress / título en el idioma original

Autoría William Hogart Auden y Chester Kallman

Dirección Lukwik Margules

Elenco Evan Bortnick, Marta Pruneda

Escenografía Alejandro Luna

Música Igor Stravinsky

Notas de Música Francisco Savin / director concertador

Espacios teatrales Palacio de Bellas Artes

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La carrera de un libertino, ópera de Stravinski” en El Día, 6 febrero 1985, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La carrera de un libertino, ópera de Stravinsky

Malkah Rabell

Quien busque en The Rake's Progress, la ópera de Igor Stravinsky escrita en 1951 –cuando el genial compositor ruso ya vivía desde mucho en los Estados Unidos, cuya ciudadanía adoptó– la fascinación que producía La consagración de la primavera o de Petruschka, creada en 1911 la primera y en 1913 la segunda, seguramente no la encontrará. Ese genio que ya a los 30 años, renovó toda la música occidental y trastornó, influenciándolos a los máximos músicos de su tiempo, al llegar a los 70, cuando produjo Carrera de un libertino (The Rake's Progress), ya no era el inovador audaz y despreocupado por las opiniones de la humanidad en su derredor. A los 70 años se puede aún conservar el virtuosismo de un arte, pero seguramente se pierde la capacidad ee la renovación. Además, Igor Stravinsky, ante la sorpresa de sus admiradores y de los estudiosos de su obra, había abandonado desde mucho, casi después de 1920, su personalidad rebelde, para buscar y someterse a toda clase de influencias tradicionales. Ya en Francia, donde vivió después de la Primera Guerra, se transformó en epígono.

Esta ópera, que se estrenó en el Palacio de Bellas Artes el domingo 3 de febrero: La carrera de un libertino, bajo la batuta del director concertador, Francisco Savin, y en las voces de Evan Bortnick, de Margarita Pruneda y de Roberto Bañuelos, no dejaba de ser una interesante creación lírica, pero la emoción, la fascinación y el desgarramiento de un Pájaro de fuego estaban ausentes.

No soy crítica de música, no soy la persona idónea capaz de juzgar tan extraordinaria personalidad de la música moderna, y humildemente confieso que la música me dejó bastante indiferente. En cambio la ópera no dejaba de tener su lado espectáculo, su lado representación teatral, debidos a la dirección de Ludwik Margules. Dirección que fue de una gran disciplina, de un múltiple esfuerzo, preocupada por cada detalle y por cada escena. Esta lírica, en inglés, no llegaba a impresionar mucho. Pero a través de la sinopsis del programa de mano, comprendí que se trataba de una historia de amor, entre una pareja de jóvenes, Tom y Anne, cuyo cariño se esfuerza en destrozar Nick Shadow, desde luego el diablo. El personaje satánico,que se desvive por conquistar un alma joven, está ya bastante manipulada en las obras operísticas. Si mal no recuerdo, en otra ópera de Stravinsky, La Historia de un Soldado, también interviene este indeseable personaje. Otro tanto sucede en El buque fantasma de Ricardo Wagner. Pero Nick Shadow triunfa en toda la línea. Su "protegido" ha heredado una gran fortuna, que pierde al llevar una vida disipada y excesivamente dedicada a frecuentar el burdel de Mamá Ganso. Resultado. Tom pierde su fortuna, su amor y su alma. Lo único que le queda es una esposa, la mujer de la barba del circo, que demuestra ser una mujer con toda la barba. El demonio que indujo a Tom a semejante boda descabellada, no deja de tener un sarcástico sentido del humor. No obstante, Tom le gana a Nick Shadow una partida de baraja, por la cual Satanás, indignado, lo vuelve loco como castigo. Y Tom muere en un hospital de enfermos mentales, que tiene cierta semejanza con el Infierno de Dante.

El director se ha preocupado muy especialmente de subrayar el color barroco de las escenas colectivas, y le ha impuesto una gran plasticidad a las escenas circenses. Hasta impuso durante los estrictos y antes de iniciarse el espectáculo, semejantes escenas en los corredores, escaleras y a la entrada del teatro. No sé si ello se debe al original o a la imaginación del director.

Otro de los rasgos impresionantes de la puesta en escena, es la escenografía de Alejandro Luna, con sus múltiples cambios de decorados. La escena cuando Tom duerme después de una trifulca con su "dulce" y barbuda esposa, y los sueños inquietos y angustientes desfilan por su mente reflejados sobre una pantalla de fondo, bajo la batuta mágica del demonio, atraen por su sentido erótico, cuadros que se deben a las más diversas corrientes de las artes plásticas modernas. Desde luego, no podemos olvidar que Tom y Anne Trulove viven en el siglo XVII, cuando la Escuela de París aún no existía, Pero en un sueño impuesto por el diablo, todo se vale y puede hacerse realidad. Hasta el can-can parece transportado a la época de sus diabólicas lujurias.

Con su magnífico manejo de las luces, con sus telones de fondo que constantemente sugieren nuevos aspectos del texto y de la música, Alejandro Luna impone su sello imborrable. A su vez la hermosa voz de tenor, con la cual Evan Bottnick en el papel de Tom, hace lo que quiere, hasta en algunos momentos dados le impone tal finura que parece la de una soprano en tanto la joven y agraciada Margarita Pruneda, hace gala no sólo de linda voz sino ya de cierta madurez como actriz, tanto ellos como el resto del reparto se han hecho aplaudir, pero me parecía que no con excesivo entusiasmo. Pero lo más impresionante de la parte lírica de esos tres actos, fueron algunos momentos de los coros, constituidos por elementos de Bellas Artes.

En resumen, si hacemos un balance entre lo positivo y lo negativo, el primer rasgo gana totalmente.