FICHA TÉCNICA



Título obra El pensamiento

Autoría Leonid Andreyev

Notas de autoría Leonidas Andreyev/ autor del relato homónimol; Carlos Ancira / adaptación teatral

Elenco Carlos Ancira

Espacios teatrales Teatro Roma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Se inició la temporada 1985 con El pensamiento” en El Día, 14 enero 1985, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Se inició la temporada 1985 con El pensamiento

Malkah Rabell

¿Quién es loco? ¿Quién es cuerdo? ¿Es posible fingir la demencia y no caer en ella? Todo ser humano está en peligro de ver crecer hasta el infinito ese pequeño grano de locura que anida en todo cerebro de un ser pensante. Y todo ser pensante tiene un sordo, subconsciente temor de perder sus facultades de lucidez mental. Basta asistir a cualquier Casa de Ancianos para obtener la visión de un ser que ayer fue lúcido y que la ancianidad ha transformado eh un vegetal o en un trastornado mental. Y basta semejante visión para sentir el pavor máximo de llegar a ese estado.Tal es el problema, tal es la interrogante que el drama de Leonidas Andreyev, El pensamiento, enfrenta el dramaturgo ruso, y que Carlos Ancira ha transformado en monólogo. Género teatral que le permite al actor no sólo presentarse ante el público en las más difíciles situaciones interpretativas, sino, también interpretar diversos personajes de la misma obra. Lo que ofrece a todo intérprete inquieto la posibilidad de enriquecer su actuación.

Basado el propio drama en una novela corta o en un cuento largo, El pensamiento ha sido considerado por la critica especializada y por los estudiosos del teatro, como la mejor obra escénica de Andreyev, que Stanislavsky en 1914, estrenó en su Teatro de Arte en Moscú, con un gran éxito. Obra que no sólo atrae el interés del público, sino que interesaba a todo gran actor por las posibilidades de actuación que ofrece el protagonista, el Dr. Kerzhentsev. Carlos Ancira, que durante dos décadas ha entusiasmado con otra obra de un perturbado mental, el protagonista de El diario de un loco, de Gógol, ha vuelto a encontrar igual campo creativo en el drama de Leonidas Andreiev, que estrenó hace unos meses en el teatro Julio Prieto durante una corta temporada, y ahora vuelve a llevar al escenario en la reducida sala Roma, con no menos bríos y temperamento dramático. Carlos Ancira es el Dr. Kerzhentsev, con su risa, con su violencia y sus escenas de desesperación.

Este monodrama, este drama es una sola voz, El pensamiento, representa un puente entre las tentativas de abstracción filosófica del dramaturgo ruso y sus cuadros de viva contemporánea. Lo que es sobre todo visible, tanto en la presente obra, como en muchas otras de sus creaciones ya dramáticas, ya novelísticas, es la famosa "alma rusa", el hombre ruso con sus rasgos tan increíblemente personales. Aunque sus actitudes y problemas sean universales, el protagonista que las vive es distinto. Y creo que el único intérprete mexicano que busca esta clase de obras y sabe compenetrarse con ellas es Carlos Ancira.

Como Jean Paul Sartre, también Andreyev, por boca de su protagonista, se pregunta cuándo el ser humano, el ser pensante es sincero y cuando finge su sinceridad; cuando lo que deja traslucir de su mundo anímico es "acto o gesto". El Dr. Kerzhentsev cree en el poder del pensamiento y en su propia superioridad sobre los seres comunes. Decide matar a un amigo, un novelista a quien desprecia por sus rasgos comunes, pretenciosos y cursis. que se casó con la mujer que el propio Kerzhentsev pretendió y fue rechazado. Lo que no perdona aunque se finge amigo de la pareja. Para escapar al castigo simula la locura ya antes de cometer el crimen. El asesinato lo lleva al manicomio, donde se da cuenta por sí mismo que su demencia ya no es un juego preconcebido, sino auténtica locura. Se ha vuelto loco, o tal vez siembre lo fue.

Después de la representación –que fue recibida con entusiasmo y una opción por el numeroso público que llenaba la sala del teatro Roma– el intérprete inició un diálogo con el auditorio en torno de la pregunta: ¿Es Kerzhentsev auténticamente un enfermo mental, o sólo posee una gran habilidad de simulación?. Desde luego que podemos partir del punto de vista que todo asesino es un demente en potencia, y no pocos psicólogos y psiquiatras afirman que nuestra sociedad considera loco a todo ser humano que no esté conforme con la actual manera de vivir y de ser gobernados, sobre todo políticamente. ¡Es loco para muchos psiquiatras todo ser humano que no se adapta a nuestro mundo y a nuestra vida! Desde luego, la locura existe fuera de ciertas reglas y manías.

Pero hasta el mejor de los psiquiatras y psicólogos o psicoanalistas, se equivocan, toman por loco a seres lúcidos –a menudo excesivamente lúcidos– o bien consideran lúcidos a trastornados mentales. En una sociedad como la nuestra, donde ni los máximos especialistas están seguros de quién es trastornado mental y quién cuerdo, es imposible que un espectador no idóneo en esta, especialidad pueda responder a semejante pregunta.