FICHA TÉCNICA



Título obra El amante

Autoría Harold Pinter

Dirección Carlos Barreto

Elenco Sergio Verduzco, Teresa Selma, Carlos Barreto

Escenografía Marcelo Morandin

Espacios teatrales Teatro Coyoacán

Productores Jorge Godoy

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. El amante”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 12 junio 1966, p. 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

El amante

Mara Reyes

Teatro Coyoacán. Autor, Harold Pinter. Dirección, Carlos Barreto. Escenografía, Marcelo Morandin. Producción, Jorge Godoy. Reparto: Sergio Verduzco, Teresa Selma y Carlos Barreto.

El Centro Cultural Coyoacán, acaba de estrenar por primera vez en México, El amante de Harold Pinter, uno de los autores más representativos del teatro del absurdo en Inglaterra. Desde sus primeras obras, escritas en 1957, su camino ha quedado señalado decididamente dentro de esta escuela teatral, pero con diferencias notorias con los primeros creadores de esta corriente. En El guardián –que fue escenificada por Xavier Rojas en 1963–, encontramos todavía ciertos titubeos, el autor aún no se lanzaba a fondo, pero ya dejaba adivinar al Pinter que escribió el espléndido guión cinematográfico para el filme de Joseph Losey : El sirviente.

Su teatro no es de símbolos, es teatro de enigmas; enigmas que nunca se resuelven, enigmas que ni siquiera se plantean, sino que simplemente existen. Están frente a nosotros, no como algo insólito, sino como algo cotidiano. No es necesario buscar lo irracional –parece decir Pinter– con sólo abrir los ojos a la realidad, nos topamos con ello.

Al ver El amante no podemos dejar de relacionar la obra con El sirviente por el mecanismo, por la atmósfera, por el juego de valencias e identidades. Hay una idea generadora de todas las situaciones planteadas por el autor, que originan una serie de constantes en sus obras, sea en la delineación del Guardián-Preso, sea en la del Marido-Amante, sea en la del Sirviente-Amo. Esta idea podría traducirse, como un ansia de liberarse del claustro de la identidad, dada por la obligación social, o por la obligación amorosa o emocional. Pinter nos dice sin mucha oscuridad, que en todo sirviente está implícito un amo; en todo marido, un amante; en todo asesinado un criminal (como en su obra El camarero mudo); en todo preso, un guardián, y siguiendo por este camino, llegaríamos incluso a encontrar, que en toda mujer hay implícito un hombre; y en todo hombre, una mujer.

En El amante, la mujer, engaña al marido con un amante que es el propio marido, y él, engaña a su vez a la esposa, con una amante, que es la propia esposa. De pronto los horarios que daban identidad diferente a la pareja, se rompen y, así como el Dr. Jekyll se convierte en monstruo ya sin ninguna droga, así, ellos, pierden el control de su conducta normativa y, cuando debían ser esposos, se convierten en amantes, ya sin rituales, sin previo acuerdo.

La pareja que huía de la realidad, para crear otra a su arbitrio, se ve arrastrada por la irrealidad, se sumerge en ella, y acaba por quedar cada uno atrapado en su propia fantasía. La función –prevista– de las tijeras, manejadas por el lechero, se cumple, obligando a cada uno a permanecer en mundos distintos y distantes. El marido, ve en la sábana que los cubría su idealizada realidad. Queda con su carga emocional dirigida hacia sí mismo, en una actitud de franca soledad erótica.

¿Pero qué quiso decir el autor? ¿Quiso plantear la relación conyugal como una asociación crítica? ¿Cómo una liga que conduce a la depravación? ¿Cómo una realidad imposible de sostener? O bien, ¿quiso presentar la convivencia humana como un sueño irrealizable y el amor como un desdoblamiento de la propia identidad, como una transferencia del propio “yo” en uno ajeno, que acaba por devolver a cada uno a sí mismo? Adivinamos, más por la sensación que por el conocimiento, que el autor denuncia, entre otras cosas, las imposibilidades humanas de relación, pero, ¿a cuáles de éstasse refiere en especial? Todo es posible, puede referirse a todas a la vez. Es el espectador quien tiene la última palabra; el espectador –cada uno– creará con su propia sensibilidad la consumación de la idea del autor.

La dirección de escena estuvo a cargo de Carlos Barreto, quien supo proyectar con limpieza e inteligencia el texto, nada fácil, de Harold Pinter. La pantomima de manos –que inaugurará Alexandro Jodorowsky– se aclimata con esta obra, dentro del teatro. Su manejo de luces y de los objetos escénicos –como la mesa, bajo de la cual se realiza una de las escenas– es de un valor sugestivo inestimable. Puede calificarse de magnífica la concepción del montaje, tanto por lo que toca a la dirección, como a la escenografía de ingeniosas soluciones, realizada por Marcelo Morandin.

Carlos Barreto contó además con un actor de primera línea: Sergio Verduzco, cuya inventiva en la interpretación vale una fortuna; no sólo se ajusta estrictamente a la atmósfera de cada situación, sino que crea esa atmósfera y la va moldeando a su arbitrio. Es el actor-creador, que va configurando el ambiente que lo rodea; que al transfigurarse, lo hace como una consecuencia de la mutación interior y que con ella transforma a su vez la atmósfera que priva a su alrededor.

Teresa Selma, ajustada a su papel, apoya a Verduzco en todo momento, pero tiene en su contra un sonsonete en el matiz de su voz. Sería muy conveniente que ella solucionara esta deficiencia que mengua la calidad de su interpretación; interpretación que, por otra parte, tiene numerosos aciertos.