FICHA TÉCNICA



Título obra Las aves

Autoría Aristófanes

Notas de autoría Ilse Heckel Novoa / traducción

Dirección Peter Kleinschmidt

Elenco Héctor Bonilla, Claudio Obregón, Héctor Ortega, Ángel Pineda, Sergio Jiménez, Rolando de Castro

Música Mariano Ballesté y Guillermo Villegas

Notas de Música Cuarteto de jazz de Nicolás Ghnis A. / arreglos musicales

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Productores Antonio López Mancera

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Las aves”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 15 mayo 1966, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Las aves

Mara Reyes

Teatro Jiménez Rueda. Autor, Aristófanes. Traducción, Ilse Heckel Novoa. Dirección, Peter Kleinschmidt. Producción Antonio López Mancera. Música, Mariano Ballesté y Guillermo Villegas. Arreglos musicales, Nicolás Ghnis A. y su cuarteto de jazz. Reparto: Héctor Bonilla, Claudio Obregón, Héctor Ortega, Ángel Pineda, Sergio Jiménez, Rolando de Castro, etc.

El Teatro Jiménez Rueda sirve de escenario en esta ocasión para Las aves, de Aristófanes, dirigida por Peter Kleinschmidt. Este director, traído especialmente por el INBA para la puesta en escena de esta obra, es de los jóvenes valores de Alemania. Nació en 1940 y ya tiene curriculum que avala su talento. A los veinte años presentó su examen profesional de teatro, obteniendo una mención, y desde hace dos años es dramaturgo en jefe en Biihnen der Lendeshauspststadt de Kiel, además de haberse doctorado. Toda esto era para concebir las mayores esperanzas acerca de la dirección de Las aves, esperanzas que en mí se vieron defraudadas. La concepción de Kleinschmidt, en mi opinión adolece de innumerables deficiencias. Por una parte, tratándose de una sátira política, había dos caminos fundamentales para abordar la obra: bien el de respetar, a la letra, la crítica, que el autor hizo de su época; bien el de cambiar el prisma y hacer válidas sus palabras, con la misma fábula, para el mundo de hoy. Si el director quería denunciar –como se deja entrever, por la inclusión que hizo de ritmos musicales modernos– la vanalidad de los jueces –actuales, más que los antiguos– y las charlatanerías políticas contemporáneas, debió entonces lanzarse a la realización de ese propósito con mayor audacia, en vez de presentarnos un espectáculo, mezcla de fiesta infantil y comedia ingenua.

Los personajes, tal como los presenta Kleinschmidt, tienen una sola dimensión; los delatores, los ignorantes, los mediocres, los oportunistas, aparecen tan simples en sus rasgos, que apenas podrían impresionar a un niño. Y una sátira política no puede ser ingenua. La intención de Aristófanes está desvirtuada, en cuanto que de acribillamiento quedó sólo en diversión, en teatro infantil con pretensiones.

Por otra parte, técnicamente, la puesta en escena de Kleinschmidt carece de ritmo, la mímica y las pausas dan lentitud a la comedia; la iluminación, salvo dos o tres momentos es pobre; los cantos son superfluos, banales, en lugar de enriquecer la acción, la hacen densa. En cuanto al vestuario, se pregunta uno por qué recurrió el director a trajes semirrealistas, copiando plumajes y colores, siendo que se trata de una obra que nada tiene que ver con el realismo; están bien las máscaras, pero también en esto faltó audacia. Y si reclamo mayor audacia de parte del director, es porque él apunta hacia la actualización del tema, sin atreverse a llegar a las máximas consecuencias de esa actualización. El detenerse en mitad del camino, hace invocar la meta, invocación que yo no haría si el director no hubiera ensayado tal rumbo.

No basta para enderezarla comedia con bailes de twist o a gogo mediatizados; para que estos ritmos jugaran un papel habría que haberles dado una significación y una correspondencia con otros recursos que apoyaran la actualización de la sátira.

Es lamentable que esta realización no se cumpla, especialmente, porque tanto el director como los actores pusieron lo mejor de sí mismos en este trabajo conjunto. Héctor Bonilla, Claudio Obregón, Héctor Ortega y Ángel Pineda desempeñan con toda eficacia sus respectivos papeles. Hay riqueza en el matiz, en la pantomima y lo mismo puede decirse de otros actores como Sergio Jiménez y Rolando de Castro. Lo cierto es que todos los actores trabajan con esmero dentro de la línea que el director les marcó y dela cual no son responsables.