FICHA TÉCNICA



Título obra Yo también hablo de la rosa

Autoría Emilio Carballido

Dirección Dagoberto Guillaumin

Elenco Angelina Peláez, José Alonso, Felio Eliel Socorro Avelar, Mario Casillas, Sergio Jiménez, Elizabeth Willert (Liza), Luz María Hidalgo, Héctor Martínez, Socorro Merlín

Escenografía Guillermo Barclay

Coreografía Guillermina Bravo

Música Rafael Elizondo

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Yo también hablo de la rosa”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 30 abril 1966, pp. 4 y 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Yo también hablo de la rosa

Mara Reyes

Teatro Jiménez Rueda. Autor, Emilio Carballido. Dirección, Dagoberto Guillaumin. Escenografía, Guillermo Barclay. Música, Rafael Elizondo. Coreografía, Guillermina Bravo. Reparto: Angelina Peláez, José Alonso, Felio Eliel, Socorro Avelar, Mario Casillas, Sergio Jiménez, Liza Willert, Luz María Hidalgo, Héctor Martínez, Socorro Merlín, etc..

Con Yo también hablo de la rosa, de Carballido –uno de nuestros autores nacionales más prolíficos–, suman ya seis las obras que se han puesto durante este año en el Teatro Jiménez Rueda. Estas han sido: Mudarse por mejorarse, Un fénix demasiado frecuente, Un joven drama, La señora en su balcón y Las sillas. De estas seis obras, cuatro son de autores mexicanos. Este hecho habla muy en favor de la labor que está efectuando el dinámico Héctor Azar, quien se ha convertido en uno de los máximos promotores de nuestro movimiento teatral.

Yo también hablo de la rosa es una obra reciente de Carballido, en ella, el autor hace una especie de recopilación de los géneros y estilos ensayados por él. El costumbrismo realista, el drama poético, la comedia social e incluso el relato novelado, han quedado sintetizados en Yo también hablo de la rosa, que resulta una obra dotada de gran libertad formal.

La primera premisa en esta obra es la afirmación de que cada hombre –cada disciplina de pensamiento–, desvirtúa la realidad, según su propia mentalidad. Los hechos son deformados cuando quieren explicarse. Así el descarrilamiento del tren efectuado por los niños, es visto por cada quien de distinta manera. El sicólogo ve en el acto el símbolo edípico de la destrucción de los padres; el sociólogo, la rebeldía de una clase social sojuzgada; la maestra, el acto vandálico que se comete por la ignorancia, etc... Carballido satiriza tales deformaciones, haciendo la reconstrucción del hecho desde el punto de vista de cada personaje, pero cae en su propia trampa, al presentar su visión del hecho, sin satirizarla, como si fuera la verdadera explicación, la única.

La segunda premisa es la de que la realidad se va conformando por casualidades, por cruces de caminos que convergen a cada segundo; por instantes que contienen infinitos trayectos misteriosos, de tal suerte que, siendo imposible escrutar la desembocadura, toda elección de un camino viene a ser un juego de azar. Y concluye que el Todo no puede inferirse por sus partes y que así como el pétalo no es la rosa, la conducta tenida en un instante no es la Vida.

Dagoberto Guillaumin supo mezclar con agudeza las escenas de danza, relato y diálogo (compendio de ballet, novela y teatro) y los recursos del teatro realista y del simbólico. Los caracteres de los personajes son transformados por el director, según el juez en turno que los disecciona. Su trabajo en esta obra es, si no el mejor de sucarrera, si uno de los mejores. No eran pocas las dificultades a las que tenía que enfrentarse como director de escena y supo resolverlas ejemplarmente. Ciñéndose al espíritu del texto, le dio alas a lo alado, agilidad a lo ligero, [p. 5] lastre a lo pesado y “divertimento” a lo satírico.

Muchos son los actores que constituyen el elenco y la mayoría de ellos desempeñan dos y hasta tres papeles cada uno. Destacan especialmente: Angelina Peláez, José Alonso y Felio Eliel, quienes interpretan los papeles principales. También Socorro Avelar, Mario Casillas, Sergio Jiménez y Liza Willert trabajan con esmero sus personajes respectivos. Todos los demás cumplen con acierto.

La música de Rafael Elizondo, la coreografía de Guillermina Bravo y la escenografía de Guillermo Barclay –sea dicho en son de elogio– quedaron integradas al espectáculo.