FICHA TÉCNICA



Título obra Álbum de familia

Autoría Peter Ustinov

Notas de autoría José Luis Ibáñez / traducción

Dirección Maruxa Vilalta

Elenco José Baviera, Carlos Monden, Angelines Fernández, Susana Alexander, Fernando Mendoza, Héctor Bonilla, Eva Calvo, Diana Gari, Manuel Zozaya

Escenografía Julio Prieto

Vestuario Berta Mendoza López

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Álbum de familia”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 24 abril 1966, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Álbum de familia

Mara Reyes

Teatro del Granero. Autor, Peter Ustinov. Traducción de José Luis Ibáñez. Dirección, Maruxa Vilalta. Escenografía, Julio Prieto. Vestuario, Berta Mendoza López. Reparto: José Baviera, Carlos Monden, Angelines Fernández, Susana Alexander, Fernando Mendoza, Héctor Bonilla, Eva Calvo, Diana Garí y Manuel Zozaya.

Uno de los máximos aciertos de Maruxa Vilalta ha sido la elección de esta obra de Peter Ustinov, que es en mi concepto –de las presentadas antes en México –El amor de los cuatro coroneles y Romanof y Julieta–, la mejor de este autor.

Álbum de familia (Photofinish en inglés) es una obra subjetiva, pero tratada en forma realista. El autor maneja conceptos que a mí, en lo personal, me interesan profundamente, como son: la relativa identificación del ser consigo mismo, en sus diversas etapas de la vida, y la diferencia que existe entre la imagen que se tiene de alguien y la que ese alguien tiene de sí mismo.

Ustinov enfrenta en forma eficacísima a un hombre, con él mismo, en sus veinte, cuarenta, sesenta y ochenta años. Cuatro personajes, integrando a un solo ser. Y destaca el asombro que en cada uno de ellos produce la conducta de los demás. El joven no comprende cómo actúa el hombre que él será. Lo juzga cruel o banal. El hombre ya adulto no concibe que llegará a proceder un día traicionando sus conceptos actuales, le repugnan las transacciones que él mismo llegará a efectuar bajo condiciones que todavía desconoce. El viejo trata de comprender al joven que fue, o más bien, a los Sames que ha sido, dado que se ve cuadruplicado, centuplicado; busca al culpable del derrotero de su vida y lo encuentra en todos, especialmente en el inexperto Sam de los 20 años.

La obra parte de la premisa de que antes de la muerte, la vida pasa por la memoria y el hombre, ya en su hora postrera, aprende a estar solo, sin el sostén de la ilusión irrealizada –que simboliza Miriam– y sin la figura del padre, al cual renuncia finalmente a juzgar, para tratar de comprenderlo. El hombre está solo frente a sí mismo –todos los sí mismo que ha sido– descubriéndose no sólo mártir (de la esposa, por ejemplo) sino verdugo, también y hasta entonces se encara sinceramente con él mismo.

Salvo minucias –especialmente en el tercer acto, que se advierte menos trabajado por el autor–, como el que la edad del hijo no corresponda, y una que otra breve escena un tanto melodramática, la obra, con su juego de tiempos barajados con gran precisión, está plenamente lograda.

Maruxa Vilalta hizo muy bien en dirigirla en forma realista, dado que así es el tratamiento que el autor da a la obra, y sólo en apoyo de ciertos momentos, utiliza la iluminación como factor dislocante de la realidad. Supo dar a Sam y a Estela sus caracteres distintivos, determinados por las diversas eventualidades que viven en cada una de las etapas de sus vidas. Mayor es el mérito de la dirección, por cuanto que casi no tuvo apoyo en la escenografía y en el vestuario. Éstos no alcanzaron a crear la atmósfera londinense, pero Maruxa logró salvar el obstáculo enfocando su juego escénico hacia el problema humano, que es en la obra el elemento primario y no hacia el localista que es totalmente secundario.

Así pues, la atmósfera dela obra estuvo en manos delos propios actores. José Baviera interpreta al escritor Sam, cuando éste se halla casi al cabo de la vida; y con una actuación llena de verdad, proyecta todo el mundo interior de Sam. Las palabras le sirven como complemento para expresarse como personaje, lo que revela la plena identificación: actor-personaje.

Carlos Monden crea la imagen del escritor en mitad de la vida. Su idónea interpretación nos pone al tanto de las últimas preocupaciones del escritor, y lo descubre todavía sujeto a muchas oscilaciones, a los vaivenes de sentimientos hondos, entre dudas profundas y certidumbres que cree inderrumbables.

Fernando Mendoza representa en cambio sólo la faceta superficial del personaje, la del hombre de pasiones vulgares, a quien no se puede imaginar en sus horas de trabajo literario, y Héctor Bonilla expresa cabalmente el espíritu juvenil del personaje, la rebelión frente a un mundo que todavía no comprende. También fue acertada su interpretación de Tommy.

Magníficas las actuaciones de Angelines Fernández y Susana Alexander. Ambas dan intención a sus parlamentos y hacen palpable la doble dimensión del personaje de Estela: de ilusionada –antes del matrimonio– y de frustración y resentimiento –después de casada. Con gran naturalidad y sin llegar jamás a la caricatura, desempeña Susana Alexander el papel de Alicia.

Cumplen bien con su cometido Eva Calvo y Diana Garí en personajes episódicos. El único que se despega del conjunto es Manuel Zozaya, cuya actuación adolece de insinceridad, su personaje parece un traje prendido con alfileres.

Se trata pues de una obra de gran interés y de un éxito más de la activísima Maruxa Vilalta.