FICHA TÉCNICA



Título obra La señora en su balcón

Autoría Elena Garro

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco María Teresa Rivas, Patricia Morán, Héctor Ortega, Luis Bayardo, Carlos Ancira, Alejandro Jodorowsky

Escenografía Lilia Carrillo

Vestuario Lilia Carrillo

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Eventos Ciclo de Búsqueda, organizado por Héctor Azar

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Las sillas y La señora...”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 3 abril 1966, pp. 4 y 6.




Título obra Las sillas

Autoría Eugène Ionesco

Notas de autoría Magda Donato / traducción

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Carlos Ancira, Magda Donato, Héctor Ortega

Escenografía Jorge Manuell

Música Alejandro Jodorowsky / montaje sonoro

Vestuario Jorge Manuell

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Eventos Ciclo de Búsqueda, organizado por Héctor Azar

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Las sillas y La señora...”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 3 abril 1966, pp. 4 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

imagen facsimilar

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Las sillas y La señora...

Mara Reyes

Teatro Jiménez Rueda. La señora en su balcón. Autora, Elena Garro. Dirección, Alexandro Jodorowsky. Escenografía y trajes, Lilia Carrillo. Reparto: (por orden de aparición): María Teresa Rivas, Patricia Morán, Héctor Ortega, Luis Bayardo, Carlos Ancira y Alexandro.

Las sillas. Autor, Eugène Ionesco. Traducción, Magda Donato. Dirección y montaje sonoro, Alexandro Jodorowsky. Escenografía y trajes, Jorge Manuell. Reparto: Carlos Ancira, Magda Donato y Héctor Ortega.

Seis años hace que Alexandro Jodorowsky llegó a México. Seis años, en los cuales su producción ha obligado a evolucionar a nuestro movimiento teatral que con su arribo se conmovió hasta su cimiento. Para el teatro de México, A1exandro ha sido un revolucionador por antonomasia, un revolucionador de las formas que no se conforma con la actitud esteticista de la forma por la forma, sino que se compromete con su tiempo, pero sin aferrarse a ningún dogma; es capaz de afirmar un día una idea y de contradecirla al siguiente, porque Alexandro va expresando lo que siente en el momento lo que siente.

Las dos obras que presenta en el Teatro Jiménez Rueda, dentro del Ciclo de Búsqueda organizado por Héctor Azar, habían sido ya estrenadas por Alexandro con anterioridad: La señora en su balcón, de Elena Garro, en abril de 1963, en el teatro 5 de Diciembre; y Las sillas, de Ionesco, en octubre de 1960 en el teatro Arcos Caracol. El reparto de Las sillas no ha sufrido alteraciones: Carlos Ancira, Magda Donato y Héctor Ortega, conservan sus papeles, en cambio en La señora en su balcón, sólo Carlos Ancira y el propio Alexandro encarnan sus mismos personajes; María Teresa Rivas, Patricia Morán, Héctor Ortega y Luis Bayardo, sustituyen a Elda Peralta, Lourdes Canale, Carlos Bribiesca y Humberto Huerta, respectivamente.

Si en la fecha de aquellos estrenos, mi comentario –obligadamente breve–, se extendió más sobre los autores, ahora quiero enfocarlo hacia la puesta en escena, que ya desde aquel entonces dije que “una función como esta es de las que borran del recuerdo todos los malos ratos pasados” en el teatro.

Ya Piscator –como otros muchos hombres de teatro– han considerado al teatro como una “concepción del mundo” o una “cosmovisión”, no es extraño pues, que Alexandro también lo considere así. Su arte sigue determinados procesos para construir alrededor del mundo del autor, un universo que lo trascienda, poniendo en marcha una fuerza centrípeta que hace prolongarse ese mundo del escritor hacia el alexandrino. Esta perspectiva nos descubre en este director un sistema estético, orgánico y dinámico. Cada palabra se resuelve en una imagen; cada gesto [p. 6] en un ruido; cada reacción, en una reacción; formando así una estructura imaginística, un espectro, con su acepción física de: resultado de la dispersión de un conjunto de radiaciones; de descomposición de luz a través de cuerpos refrigentes.

Este espectro es formado con significativas imágenes de: explosión, derrumbamiento, refracción, rompimiento, ilación, reverberación, en un sucesivo destruirse y reconstsruirse, que conduce al espectador al vislumbramiento, en su sentido profético, de mundos y universos íntimos y cósmicos. El símbolo Nínive, meta íntima –en la obra de Elena Garro– deviene meta cósmica, por esa representación en la que cada individuo, cada objeto, viene a ser efectivamente la “representación” de una dinámica que hace estallar, como cartucho explosivo, la energía comprimida. Esa liberación de energía es el poema escénico. Poema, en el que este director usa la metáfora plástica, metáfora que es condensación simbólica, y con la cual va conformando un nuevo código de signos, un lenguaje más que ideográfico, sensográfico, puesto que es recibido por el espectador más como estremecimiento sensorial, sinestésico y menos como ideal reductible a la razón.

Alexandro se sirve de la pantomima, precisamente, como recurso para llegar a la sinestesia. Cuando Ancira camina arrastrando una pantalla de televisión, Alexandro hace una metáfora, trasplantada de la región intelectiva, hacia la plástica. La actitud de un personaje que no vive, que contempla la vida de los otros, es percibida por el espectador como estímulo visual: las palabras del personaje toman cuerpo en la imagen física; como también vemos con la metáfora de la leche que se derrama al final de la obra. Cosa similar ocurre cuando en Las sillas, la Vieja dice al Viejo que “rompió su vocación”, en ese momento “vemos” la vocación rompiéndose dentro del personaje, como una acción que se expande por el tiempo hasta el infinito; todo lo que sucedió, sigue sucediendo y seguirá sucediéndose en el futuro.

Uno de los pilares del arte de Alexandro, es evadir las barreras de tiempo y espacio, porque Alexandro es un poeta de la escena, que utiliza como materia el misterio y de ella son subsidiarios los cuerpos, las ideas, las palabras, los gestos, los sonidos, elementos que no son nunca estáticos, que son como ondas radiales que brotan del misterio y se extienden concéntricamente por la atmósfera.

Carlos Ancira, Magda Donato, Héctor Ortega y María Teresa Rivas, son también creadores mágicos de ese universo, los estimuladores de todos los sentidos, su arte queda inscrito en el epicentro de la poesía, han traspasado las lindes de la "actuación", pues de Actores, han pasado a ser Símbolos de visualización multidimensional: ojos, voz y cuerpo del poema escénico.

Patricia Morán y Luis Bayardo denotan su rápido asimilamiento a una nueva técnica, expresándose en magníficas actuaciones, dentro de esta forma estética.

Este todo, del que el montaje sonoro de Alexandro y las escenografías y trajes de Lilia Carrillo y Jorge Manuel son otros tantos pilares que sostienen el milagro teatral, revela una vez más, el genio de su creador.