FICHA TÉCNICA



Título obra Millonen / Las cenizas de Brecht

Dirección Eugenio Barba

Grupos y compañías Odin Teatret

Notas de grupos y compañías Eugenio Barba / Director

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Notas

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Odin Teatret, de la risa al llanto” en El Día, 19 noviembre 1984, p. 20




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Odin Teatret, de la risa al llanto

Malkah Rabell

¿Por dónde empezar? ;Cuál es la delgada extremidad del ovillo para desenvolver la madeja del grupo teatral que se llama Odin, como el primero y más grande de los dioses de la mitología escandinava y de todos los países del Norte. Dios que representa el espíritu de mando que lo invade y engendra todo. Como se ve, este teatro de Dinamarca, dirigido por el italiano Eugenio Barba, no tiene pocas ambiciones. También pertenece este grupo de jóvenes actores a una corriente escénica internacional que se denomina: "Tercer Teatro", cuyo primer encuentro fue en Belgrado en 1976. Para aquel encuentro Barba escribió un manifiesto que ha sido publicado en casi todas las revistas especializadas del mundo. y en el cual Eugenio Barba afirma que su movimiento se encuentra: "al margen del teatro de vanguardia... El tercer Teatro vive con frecuencia fuera o en la periferia de los centros y de las capitales de la cultura. Es un teatro hecho por gente que se definen actores, directores, aunque solamente en algunos casos hayan recibido una formación teatral tradicional, lo que les vale no ser reconocidos como profesionales. Sin embargo no son aficionados Cada jornada está consagrada por ellos a la experiencia teatral, algunas veces a lo que llaman el entrenamiento, o a los espectáculos por los que deben luchar a fin de encontrarles un público".

Tal vez precisamente como no se considera a sí mismo como teatro de vanguardia resulta imposible enfrentarlo con objetividad y realismo, y a menudo parece caótico. Tanto su espectáculo: Millonen, comedia musical autobiográfica, según el subtítulo, como su Cenizas de Brecht para el cual no encuentro nombre de género, nada ponen en claro, no dan explicaciones, pese a que en la segunda de estas obras. varios actores hablan en diversos idiomas –como el alemán y el francés– para interpretar los textos, y de inmediato otro actor traduce el mismo parlamento al español. Lo que en lugar de ofrecer mayor claridad, mayor transparencia a los acontecimientos escénicos. les da más bien mayor pesadez.

Mi primer contacto con el Odin Teatret fue cuando tuve la oportunidad (creo que hace dos años), de asistir a una conferencia en español que ofreció Eugenio Barba durante un viaje relámpago,cuando pasó unas horas en México. Fue una conferencia espléndida, que mantuvo inmóvil a la asistencia durante varias horas. Hasta creo que Eugenio Barba es más conferenciante que director. Más, los detalles de esa conferencia desaparecieron de mi memoria con cierta resistencia. Así que debo considerar como mi primer encuentro con el Odin su espectáculo Millonen, dedicado a la memoria de Marco Polo, por la semejanza de los viajes del Odin Teatret con las aventuras del famoso viajante de la Edad Media, descubridor de los secretos de la vida asiática. Millonen, título que en realidad nada significa, nos dio la imagen de la increíble técnica corporal ese grupo: técnica que cada uno de sus intérpretes lleva por diferentes caminos musicales.Espectáculo que carece por completo de la palabra, pero divierte e introduce al espectador en un mundo poco conocido, con sus máscaras bali, con sus trajes asiáticos, con sus imagenes extrañas, con sus zancos y su música ejecutada por los propios actores, que saben todos –o casi todos– tocar diversos instrumentos. Esa diversión basta al público y éste deja de buscar mayores explicaciones. Personalmente llegué a considerar este espectáculo en un sólo acto, como un divertimiento, un bello y divertido número de music-Hall o de circo. Mas no de circo trashumante, sino de esos circos arraigados en algunas grandes ciudades, en algunas metrópolis.

Caso muy distinto es la representación de Cenizas de Brecht. El director dice en su libro: Las islas flotantes que conoció a Brecht en 1961, es decir cinco años después de su muerte. Y tal vez se acerca más a los recuerdos de Brecht que a su personalidad. Se acerca más al Berliner Ensemble" que a su fundador. En el mismo libro, Eugenio Barba escribe: "Si es verdad que al final de la vida aparecen nítidamente las imágenes que han señalado nuestras principales experiencias, pienso que entre estas imágenes estará también la de Helene Weigel con la bandera roja, final de La Madre." También dice Barba: "Al final del espectáculo de La Madre del Berliner Ensemble me di cuenta de que estaba llorando". Algo semejante también me sucedió a mí. Al final de Las cenizas de Brecht cuando el público sentado en el escenario de El Teatro del Bosque, casi no aplaudió– me di cuenta que tenía el rostro cubierto de lágrimas.

Pese a no considerarse teatro de vanguardia, el Odin Teatret es un teatro-laboratorio, un teatro de experimentación que se hota mucho más en su Cenizas de Brecht que en su Millonen. Su Cenizas es un collage de imágenes que resulta difícil de explicar y que a menudo tiene menos belleza plástica que deseos de expresarse anímicamente. Aunque no siempre se comprende la finalidad del director, es muy visible que lo que persiguen actores y director es de hacer de cada gesto, de cada movimiento, de cada grito ya mudo, ya audible, un experimento, una búsqueda de excresión novedosa, sin preocuparse mayormente ni de su belleza, ni de su claridad. El espectáculo carece de unidad. Su única unidad es Brecht, los recuerdos de su vida, los recuerdos de los personajes que pasaron por su existencia en aquella trágica época de la Escuela del suicidio, cuando tantos creadores alemanes pusieron fin a su vida. De las obras de Brecht es sobre todo La Madre Coraje que se destaca. Mas, aunque no todo se comprende y no todo se admite (¿para qué limpiar un pescado en el escenario, con todos los detalles técnicos?), queda la sugestión, un atormentador sentimiento de dolor, de angustia. Y uno piensa en lo dicho por los simbolistas: más vale sentir que comprender.