FICHA TÉCNICA



Título obra El Cid

Autoría Jean Racine

Dirección Roger Hoff y Paul Emile Deiber

Elenco Louis Seigner, Jacques Toja, Lise Delamare, Genevieve Casile, Jacques Destoop, Christine Fersen, Michel Aumont, Francoise Chaumette, Jean Louis Jemma, Jean Claude Arnaud, Alain Feydeau, Catherine Samie, Catherine Hubeau, Paul Emile Deiber, Michel Duchaussoy, Francoise Kanel, Bernard Demigny / elenco de la compañía

Escenografía Suzanne Lalique y André Delfau / decoradores

Grupos y compañías La Comedia Francesa

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. La Comedia Francesa”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 20 marzo 1966, pp. 4 y 5.




Título obra El burgués gentilhombre

Autoría Jean-Baptiste Poquelin Molière

Dirección Roger Hoff y Paul Emile Deiber

Elenco Louis Seigner, Jacques Toja, Lise Delamare, Genevieve Casile, Jacques Destoop, Christine Fersen, Michel Aumont, Francoise Chaumette, Jean Louis Jemma, Jean Claude Arnaud, Alain Feydeau, Catherine Samie, Catherine Hubeau, Paul Emile Deiber, Michel Duchaussoy, Francoise Kanel, Bernard Demigny / elenco de la compañía

Notas de elenco Jorge Lagunes, Guillermina Pérez Higareda / cantantes; Orquesta de la Ópera de Bellas Artes; Coro de Madrigalistas; Ballet Clásico de México

Escenografía Suzanne Lalique y André Delfau / decoradores

Música Lully

Notas de Música Olivier Bernard / dirección musical

Grupos y compañías La Comedia Francesa

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. La Comedia Francesa”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 20 marzo 1966, pp. 4 y 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

La Comedia Francesa

Mara Reyes

Palacio de las Bellas Artes. Directores, Roger Hoff y Paul Emile Deiber. Decoradores, Suzanne Lalique y André Delfau. Elenco: Louis Seigner, Jacques Toja, Lise Delamare, Genevieve Casile, Jacques Destoop, Christine Fersen, Michel Aumont, Françoise Chaumette, Jean Louis Jemma, Jean Claude Arnaud, Alain Feydeau, Catherine Samie, Catherine Hubeau, Paul Emile Deiber, Michel Duchaussoy, Françoise Kanel, etc...

La visita de la Comedia Francesa obliga a hacer historia, parece que todo lo que se relaciona con esta compañía teatral encamina más hacia sus raíces que hacia las ramas del sólido tronco que la constituye. Parafraseando lo que dijera La Harpe de que “el elogio de un escritor está en sus obras” diría que el galardón máximo de la Comedia Francesa está en su historia. No ha faltado argumento para remontar el abolengo de esta compañía hasta los siglos XV y XVI, aunque se ha convenido en tomar como punto de partida el año 1680, en el cual Luis XIV reunió en una sola las compañías del Hotel Gueguénaud y del Hotel de Bourgogne; la primera, formada con los actores del Teatro del Marais y con los de Molière (Compañía de Monsieur), quien ya para esa fecha había fallecido (después de representar una de sus propias comedias, el Enfermo imaginario, el 17 de febrero de 1673). Así, las dos compañías más importantes de Francia, de contrincantes, pasaron a ser asociadas, con el privilegio real de exclusividad para representar en París.

De entonces acá, esta compañía ha ido creciendo; hasta contar con un equipo de más de 500 colaboradores: cerca de una treintena de actores socios; una cincuentena de actores: socios honorarios y pensionistas; algunos alumnos del Conservatorio que se inician profesionalmente en las lides histriónicas y más de 400 técnicos: costureros, tapiceros, peluqueros, maquillistas, iluminadores y de otras especialidades.

En las estadísticas de la compañía, se anotan más de 2,500 obras de repertorio, de las cuales la gran mayoría se ponen en escena periódicamente. Como la línea que ha seguido esta compañía es la del teatro tradicional, los autores más representados son los clásicos franceses, con Molière, Corneille y Racine a la cabeza.

Esa actitud conservadora, se ha mantenido también en la dirección escénica y en la actuación. La Comedia Francesa hace del teatro un lugar donde se “habla bien”, se viste con propiedad, donde no pueden olvidarse ni un momento las convenciones teatrales tradicionalmente aceptadas. Si Molière y Corneille fueron en su época revolucionarios en el arte, quienes orgullosamente se declaran sus descendientes no se muestran tan innovadores. Las nuevas escuelas llegan a asentarse en la casa de estos preclaros comediantes con lustros de retraso. Son ellos los que más han contribuido a la cimentación del “estilo francés” de actuación, del academismo teatral o como se le ha llamado, de la escuela formalista. Sus representaciones de belleza clásica huelen a naftalina, algo hay en ellas de museográfico o museo visual; mucho tienen de pasado y poco o casi nada, de presente. Da la impresión de que los estruendos de las dos conflagraciones mundiales y de los cohetes espaciales, no hubieran traspasado o siquiera conmovido las paredes de su casa. Da la impresión de que dentro de esa casa de la Comedia Francesa, todos siguen vistiendo los atuendos de los siglos pretéritos.

La brevísima temporada de la comedia Francesa en México, se abrió con El burgués [p. 5] gentilhombre, de Molière, y se cerró con El Cid, de Corneille. Obras en las que vimos verdaderas filigranas, hechas en buen metal por magníficos orfebres. Un actor de gran talla, Louis Seigner, encarnó el papel de M. Jourdain en la obra de Molière, con una comicidad tan perfectamente dosificada que puede servir de ejemplo para muchos actores que se dejan llevar por su vis cómica hasta la bufonería. Jacques Destoop y Christine Fersenes tuvieron a cargo de los papeles de don Rodrigo y Jimena, respectivamente, en El Cid, de Corneille.

No viene al caso ahora, hablar detalladamente de estas obras de las cuales todo, o casi todo, se ha dicho en el curso de los tres siglos que han pasado desde que fueron representadas por primera vez. Lo que en cambio no puedo evitar en este comentario, es la participación que en la primera de estas obras tuvieron muchos elementos artísticos de nuestro país. La música, escrita especialmente por Lully para la obra de Moliére, fue tocada por la Orquesta de la Ópera de Bellas Artes y las partes corales, cantadas por el Coro de Madrigalistas, bajo la batuta de Olivier Bernard. Intervinieron también los cantantes Jorge Lagunes y Guillermina Pérez Higareda, junto al francés Bernard Demigny. Otro conjunto mexicano que tomó parte en la representación fue el Ballet Clásico de México.

¿Cuándo presenciaremos un interés similar de parte de las autoridades culturales de nuestro país, por hacer lucir con tantas colaboraciones, una obra teatral mexicana? ¿Será el malinchismo nuestra condena atávica? ¿Hasta cuándo seremos “candiles de la calle y oscuridad de nuestra casa”? ¿Es que, acaso, ninguna obra salida de pluma autóctona merece tanta atención de los impulsores de nuestra cultura?